Suso de Toro, un magnífico escritor paisano mío, escribió no hace mucho sobre nosotros, los gallegos, que por las buenas ya somos atravesados pero por las malas somos aún más retorcidos. Pensaba yo esto a cuenta de lo que he disfrutado con la moda esa que se ha impuesto de hacer entrevistas a ex concursantes de gran hermano, tanto a dúo como a nivel individual, en los blogs oficiales de Telecinco, en el gato encerrado y el confesionario de Kiko en concreto (y en el blog de algún que otro émulo con ínfulas choteándose de la idea por aquello de no perder la estela). Me gustaron especialmente para qué mentir, porque los que me conocen saben que no soy rencoroso, las entrevistas por parejas con cuestionario cerrado que hizo el Gato en su blog, e incluyo también la individual a Mercedes Milá. Reconozco que me parecieron divertidas y jugosas, logrando sacar lo mejor de los entrevistados al dejar al descubierto detrás de sus respuestas, más o menos obvias en unos casos e inteligentes en otras, la verdadera naturaleza de los personajes.
Decía lo de retorcido porque después de leer las entrevistas, fundamentalmente las del gato, se me encendió una lucecilla y la vena “cabrona” pensando en lo interesante que sería hacer, dentro de nuestro universo bloguero de seguidores “frikis y estrafalarios” de GH, esas entrevistas a determinados nicks insignes o de segunda fila, en plan coña por supuesto, sobre la vida como comentaristas en esa casa de Guadalix virtual y paralela en la que vivimos y que no es más que un reflejo de la real.
Teniendo en cuenta la "confesión" que acabo de hacer, por decirlo de alguna manera, me pregunto a veces cómo se lo montan los demás a la hora de ponerse a redactar una entrada nueva en sus blogs. En mi caso normalmente fluye todo a borbotones sin concierto ni medida, empujándose las palabras y las ideas unas a otras con múltiples derivaciones que a menudo me hacen cambiar de rumbo sobre la marcha, o perderme al final en digresiones como la anterior que ni siquiera imaginaba al principio cuando intentaba escribir la primera palabra; algo que me ocurre en especial cuando el concurso empieza y hablo de Gran Hermano. De tal manera es así que en esta fase me cuesta un mundo controlar todo lo que garabateo de forma impulsiva, como quien se deja llevar a lomos de un caballo desbocado que apenas obedece a las riendas. Al final, después de “escupirlo” y largarlo todo dedico un rato a recortar y podar los excesos, procurando mantener una estructura más o menos decente con la intención de hacerme entender. O eso me creo, que esa es otra.
El problema de verdad surge después cuando tengo que escoger el título. O antes, que es peor, porque éste a veces se me aparece primero de forma clarividente, como en el caso de esta entrada. Un flash que me seduce y me lleva en volandas a lo que quiero decir. Ayer, cuando nos enteramos de la fecha de inicio de GH 13 exclamé aliviado: ¡Por fin, los jueves milagro!. De inmediato me acordé de aquella entrañable película de Berlanga de 1957 – Los jueves milagro – y fui consciente de que ese era el título que estaba buscando, o que era él quien me buscaba a mí desde hace días, a la espera de confirmarse la fecha en que se abriesen las puertas de Guadalix. Además comprendí que su argumento berlanguiano y esperpéntico coincidía de alguna manera, desde mi perspectiva errática y retorcida, con lo que nos espera en el plató de Telecinco el próximo jueves.
En primer lugar debo decir que el hecho en sí de que tengamos una edición más de GH, la número 13, es casi un milagro, algo extraordinario. Sólo en España, si los datos no me fallan, llevamos tantas ediciones y además seguidas. Luego, al igual que en la película, están los fuegos de artificio que acompañarán las galas cada jueves, en especial la primera, para engatusarnos aún más con sus trucos de siempre y algunas sorpresas nuevas. El asunto es que lo veamos, nos enganchemos como espectadores y gastemos los cuartos votando. Y sobre todo que las empresas con su publicidad vuelvan a confiar en la cadena amiga después de los últimos desencuentros. Ese es el verdadero Santo Grial de este negocio, su razón de ser y su leit motiv.
Los que conocéis o recordáis más o menos el argumento de la peli de Berlanga sabréis a lo que refiero: El alcalde y las fuerzas vivas de un pueblo se confabulan para revitalizar su economía, y no se les ocurre mejor idea que la de inventarse las apariciones estilo mariano de un santo y su efecto milagroso en las aguas del balneario semi abandonado de la localidad. Para conseguirlo organizan un burdo montaje mediante trucos de pirotecnia disfrazándose uno de ellos de San Dimas (el patrono de los ladrones para más coña) con la intención engañar y embaucar al tonto del lugar, y también a la más beata, para que traguen con el cuento creyendo que se trata de una verdadera aparición. El objetivo es conseguir que se extienda la noticia para que la gente venga al pueblo a gastarse el dinero con el propósito de curar cuerpo y alma gracias a los supuestos efectos milagrosos de las aguas del viejo balneario, bendecidas ahora por la presencia milagrosa del santo. El chocolate del loro, vamos. Cuando la cosa al final se complica y el asunto se les va de las manos, los propios organizadores del fraude intentan parar el fenómeno confesando que todo fue un engaño pero ya nadie les cree porque la gente siguen viniendo en masa, más devota y con fe renovada, después de producirse paradójicamente verdaderas curaciones.
De alguna manera y salvando las distancias Telecinco intenta hacer lo mismo con nosotros, devotos espectadores. La diferencia es que los fans irredentos y veteranos de GH tragamos con los trucos para neófitos a sabiendas de que en muchas ocasiones nos están vendiendo humo y una vana ilusión (que no es moco de pavo), para implicarnos todavía más en el juego por puro interés económico. Nada nuevo bajo el sol, así que a partir de la semana que viene los jueves tendremos milagro, pero después de tantos años como feligreses de este “circo” ya no vamos engañados a curarnos y a redimirnos delante del televisor mientras contemplamos como chapotean y guarrean los concursantes en el balneario-jacuzzi de Guadalix; somos simplemente los cooperantes necesarios del invento al asumir con complicidad las reglas del juego. La cuerda se tensará seguramente, siempre ocurre, y entonces a lo mejor maldeciremos con lágrimas amargas y juramentos hipócritas a la dirección del programa por vendernos semejante moto. Pero no la moto de San Dimas, como en la peli, sino la moto del cura ese motero, por ejemplo, que supuestamente entrará este año como aseguran con insistencia todos los rumores.
Para acabar, y después de estos años, intentaré ser fiel a mis opiniones y solamente me dejaré embaucar y orientar, consciente o inconscientemente, por el ejemplo de virtud que me legaron las dos concursantes, sí concursantes, que hoy son mi debilidad. Dos personajes a quién adorar y encomendarme desde ahora: la diosa Rosita hecha muñeca para sufrir con y por nosotros desde GH 11 y la sirenita Lydia de GH 12, convertida en mi dulce hada Titania desde el momento en que maravillado la descubrí mostrándonos sus encantos en esa prodigiosa portada de Interviú. Ellas me señalaron el camino en los momentos oscuros y difíciles como comentarista furibundo e impulsivo de GH. Ellas fueron mis favoritas durante mucho tiempo y me enseñaron a observarlo todo con paciencia, perseverancia y muchas dosis de resignación. Así que desde este ataque de puro frikismo que sufro ahora, prepararé en algún lugar preeminente del blog un pequeño altar con sendas hornacinas para colocarlas a las dos y convertirlas con todos los honores en mi particular guía espiritual. A ellas acudiré para inspirarme en los momentos de ofuscación y de enfado que seguro vendrán, buscando la serenidad necesaria para encontrar respuestas cuando las cosas se pongan crudas y lluevan chuzos de punta.
Vale, es un completo desvarío, pero es que soy muy marulo. Que lo sepáis.
Forastero marulo
&&&
P.D. Como conozco el percal me reservo el derecho a actuar con las medidas que estime oportunas contra cualquier comentario que falte el respeto a Lydia, la Sirenita, intentando deformar su nuevo nombre para mí, dulce hada Titania, equivocándose en una vocal para aludir de forma malévola a la generosidad legenderia de sus pechos. Lo mismo digo de quien pretenda ofender a la divina Rosita pretendiendo relacionarla, pobrecilla, con las actividades porno de Rebeca, su dueña. ¡Quién la ha visto y quién la ve!.
El que avisa no es traidor.





















