Para no perder la paciencia desde el principio intentaré obviar de momento el tema de Jorge Javier, es difícil para mí pero creo que lo mejor es empezar directamente con mis primeras impresiones sobre los concursantes. El jueves pasado con la inauguración de GH 19, siete años después de la última edición, tuve la sensación de que se cerraba una especie de círculo en la historia del concurso, como si después de este largo periodo sin disfrutar de la vida en directo se confirmasen todos aquellos presupuestos que dábamos por sentado sobre las esencias de nuestro programa. No sé cómo evolucionará ni cómo terminará la edición pero a medida que se desenvolvía la gala de presentación fui cayendo irremediablemente en sus redes como en los viejos tiempos, a pesar de su presentador y de todas mis prevenciones de veterano adicto del formato pero escéptico y resabiado.
Una vez más, como tantas otras veces, desde
aquel lejano abril del año 2000 en que comenzó Gran Hermano en España, volvió a
embargarme esa disposición curiosa y expectante por descubrir y conocer a las
personas desconocidas que, aparentemente entregadas y con emoción contenida o
desbordada, entraban a formar parte de ese escenario familiar y mítico que
representa la casa de Guadalix. Las viejas liturgias, reconocibles y repetidas,
se presentaban una vez más atractivas y cautivadoras para los seguidores del programa. Soy consciente de que ha cambiado radicalmente el entorno, las redes sociales y evidentemente nosotros,
los antiguos hijos de Gran Hermano, así que veremos como responden las nuevas
generaciones del tik-tok, el instagram y la red social X ante el reto que se presenta.

Esta fascinación renovada y feliz de inicio no evitó que estuviese atento, con ojos avisados y expertos en
estas lides, a las costuras y a las trampas que la dirección del programa nos
tiene preparadas. En este caso, la más evidente, fue la constatación del viejo
truco que consiste en transferir e inocular desde exterior un supuesto triángulo amoroso
tóxico dentro de la casa. Un alien forzado, un conflicto cogido con alfileres para que
explote en Guadalix y condicione, en el peor de los sentidos, la dinámica de la
convivencia desde el primer minuto. Es algo que ya hemos visto en otras
ediciones y que tanto hemos criticado a lo largo de estos años. Aquí se trata de
un vulgar y manido triángulo formado por Nerea y Luis - pareja fuera de la casa
- y Violeta, la guapa rubia toledana antigua amiga de los dos y que al
parecer tuvo una relación puntual con él previamente al inicio de la relación
entre ellos. No voy a desgranar el montaje burdo de esta historieta que no me
interesa en absoluto de cara al programa, ni el intento malicioso de Jorge
Javier, mal empezamos, de malmeter a cuenta de viejas rencillas con cuernos adolescentes
carentes de interés. El modus operandi, ya muy visto, de juntar solas a las dos
protagonistas en la presentación, claramente incómodas, sobre todo por parte de
Violeta, buscando una rendición de cuentas en vivo y en directo entre ellas, me pareció un recurso fuera de lugar y completamente absurdo.
Para rematar la faena, montaron a continuación un supuesto duelo en
que el programa decidía cual de las dos entraba en el concurso mientras que la otra
debía abandonar de primeras el programa. La perdedora de este ridículo duelo fue
la rubia toledana, que reaccionó decepcionada e incrédula pensando que se
acababa allí la fiesta, cuando en realidad se fue a una segunda casa secreta,
más pequeña que la principal donde entraría posteriormente Luis, el novio de
Nerea (sin saberlo ésta). Un paripé, vamos, de poco recorrido según mi opinión y que imagino torcerán como acostumbran hasta sacarle el máximo jugo.

En esta casa, que será un elemento
fundamental de la edición y cuya función y dinámica nos irán descubriendo poco
a poco, entró también Jorge, un militar gallego de 32 años que coincidió con
Violeta en el casting y con la que hizo muy buenas migas quedando prendado por
ella. La chica, por supuesto, se alegró un montón de verlo después del tremendo
sofocón de su entrada en el concurso, totalmente alucinada con la liada que le
prepararon condicionando su concurso a una historia personal de cuatro años
atrás que la presenta a ella ante los espectadores como una posible villana, creída y
algo lagarta. Es decir, una putada que la puede poner a los pies de los
caballos ante la audiencia y que me recuerda, salvando las distancias, a lo que
pasó con Chari en GH 12. Bueno, el asunto puede dar muchas vueltas todavía y espero
ver a esta concursante evolucionar con respecto a las dinámicas nuevas de la
casa, lo mismo que los demás, y no respecto a la mochila injusta que le ha
cargado el programa de inicio. Aunque Nerea y Luis, justo es decirlo, se llevan
también lo suyo. En el caso de Luis, así de primeras, aunque me pueda
equivocar, me parece un concursante algo insustancial e irrelevante que me
recuerda bastante a Carlos, la pareja de Gema en GH 10, la edición que ganó Iván
Madrazo. Nerea, de momento, ya contó de manera atropellada y confusa a todos
sus compañeros de la casa principal la movida con Violeta antes de entrar, aunque algunos de
ellos no acaban de entender muy bien el meollo de la cuestión. Ella, por otra
parte, intenta integrarse y participar con sus compañeros, pero desde un claro
segundo plano.
Por terminar con la casa secreta,
además de estos tres entró también Javier, otro gallego (este año mis paisanos
lo van a petar) de 41 años y pareja de Vanessa que está en la casa principal
después de que en la presentación tuviesen que elegir entre ellos quién se
quedaba de los dos. El sueño de entrar era de ella, y él, generoso, le dio
prioridad. Los dos, que son pareja musical con orquesta por las verbenas de Galicia, se despidieron con
mucha emoción y con los deseos de lo mejor y el ánimo a su mujer por parte de
Javier sin saber que él también se quedaba. Por último completan esta casa,
Lucía y Silvia, dos hermanas mellizas muy diferentes tanto en lo físico, una
rubia y otra morena, como de personalidad y carácter, y que arrastran una
relación algo complicada entre ellas. Además deberán cumplir con otro clásico
del concurso, obligadas a disimular que no se conocen de nada de manera que su
continuidad dependerá de que sus compañeros no las descubran. Para concluir con la casa
secreta, que de momento parece evolucionar más tranquila y sosegada que la
principal, comentar que en ella se concentran totalmente o en parte las tramas
y los conflictos personales que algunos concursantes arrastran desde el exterior.

Antes de continuar y hacer un repaso
general de la primera gala y de lo que he visto estos dos primeros días debo
decir que en general me gustan y me interesan a priori prácticamente todos los
concursantes de esta edición, unos más que otros claro, y me perece un buen
casting y variado. Desde siempre me gusta arriesgar de inicio y dar mis
primeras impresiones de cada uno de ellos, y aunque luego me retracte de lo dicho considero que es un ejercicio interesante para saber hasta que punto se han
cumplido mis expectativas y primeras impresiones cuando finalice el programa.

Por lo que veo de principio en estas primeras horas de descubrimiento con aparente buen rollo y camaradería, hay un grupo que parece tirar del resto en
cuanto a participación, diversión e interacción. Entre ellos estarían los otros
dos gallegos. Por una lado Vanessa, la mujer de Javier, que no sabe que su
marido continúa en el concurso y que se la ve con ganas de vivir la experiencia
intentando relacionarse de manera abierta y natural con todos. Aparte de ser la
mayor de la chicas, con 39 años, se notan sus tablas de cantante de orquesta por cómo sabe manejarse en todas las situaciones. Parece haberse
adueñado del karaoke convirtiéndose en mentora de Nerea que intenta hacer sus
pinitos como vocalista a su rebufo.

Edi, o Edu, mi otro paisano, muestra
un carácter abierto y sociable. Un tipo empático y que se abre en canal, tal
vez demasiado, hablando de sus emociones y sus problemas sin cortarse un pelo
como si estuviese en una sesión permanente de terapia de grupo. No sé todavía si le puede
beneficiar o perjudicar esta actitud, pero en general, según mi primera
impresión es de los que más predicamento tiene con las chicas junto con Vulcán,
el disjey andaluz. Aunque esto sólo acaba de empezar, por lo visto hasta ahora
se está convirtiendo en objeto de deseo, y disputa, de algunas de las chicas.
Maica, la murciana inteligente, camaleónica e hipocondríaca, será con seguridad uno de los
pilares y protagonistas de esta edición. Por momentos, con sus maneras y actitud, parece el alter ego de Tamara
Falcó dentro de la casa con ramalazos de lo mejor de Adara, la polémica concursante de Gran Hermano
17 cuando sabía estar. Ha hecho amistad con Daniela, la
colombiana voluntariosa e implicada, a la que ha confesado su agobio después de
su primera interacción con Adrián, el boxeador, al que le ha notado mirada de
depredador en un intento de flirteo en el que se ha sentido incómoda. Al mismo
tiempo que alimenta la incipiente rivalidad de Maica con Laura, la hija de Mª
José Galera, por ver quien obtiene de las dos los favores de Edi, aconseja a la murciana de
manera un tanto arriesgada sobre como encarar los envites de “depredador” que
sufre por parte de Adrián el boxeador. No sé todavía a qué juega pero tengo la sensación y la certeza de que será parte protagonista de las futuras intrigas y salseos que
broten en la casa. Ella presume de seductora y entusiasta del tarot, también
está siempre interesada con cuadrar a sus compañeros en unos esquemas
prefijados teniendo en cuenta su signo del zodíaco. En cualquier caso las chicas
comienzan jugando fuerte implicándose desde ya en el concurso, lo que puede
acarrear consecuencias inmediatas para ellas en el devenir del programa estas
primeras semanas.
Mayte, la exótica y dicharachera cántabra de risa
estentórea y vozarrón inconfundible, de momento parece estar en un segundo
plano pero comentando siempre la jugada y revoloteando por la casa intentando
encontrar su lugar pero está claro que no pasará desapercibida por su naturalidad y ausencia de restricciones. Algo parecido me ocurre con Ruvens, un espíritu libre y un
tanto etéreo de trato fácil pero evanescente. Con Mayte es el más rompedor a
nivel estético y de vestuario, aunque la lectura de esta característica de su
personalidad tenga una interpretación probablemente diferente que supongo iremos
descubriendo si aguantan en el concurso.

A Juan, el bailarín madrileño que
vive en Lanzarote, y a Óscar, el chico vasco y un pijo educado venido a menos
que según el mismo contó fue elegido para entrar GH 11, pero que renunció al
decidirse por terminar su carrera, los pongo a los dos en un mismo saco. Aunque
diferentes, muestran una fuerte personalidad con madera de líderes, pero de
momento se comportan un tanto distantes e intentan que se escuche su criterio
en determinados aspectos de la casa, como temas de organización, comida,
limpieza etc. Óscar asegura que es muy organizado y mandón pero que le sale así y
no lo puede evitar, algo que confirman algunos de sus compañeros. Adrián, el boxeador, se mueve por la casa con seguridad y
cautela, con esa sonrisa condescendiente de los tipos que se saben fuertes e
infunden respeto a los demás. Observa a sus compañeros, sobre todo a las
chicas, a Maica principalmente, sopesando sus posibilidades, como esperando su
oportunidad de protagonismo. Con la murciana erró el tiro de momento, pero se
nota que está acostumbrado a tener éxito con las mujeres y como buen púgil es
resiliente a los golpes porque sabe que la resistencia y la insistencia a
menudo tiene sus frutos.

Elsa y Vulcan son dos de los que
concursantes que más me llaman la atención, sobre todo ella, a pesar del bajón
que ha tenido. Tengo realmente interés por ver como se desenvuelve en el
concurso y por dónde nos va a salir la bilbaína. Y Vulcan se muestra como el típico tipo majo al que todo
el mundo aprecia con muchas ganas de vivir la experiencia con posibilidad de
llegar muy lejos en el programa.
Dejo a Laura a propósito para el
final, la hija de Mª José Galera, que ha entrado como un ciclón en la casa
dispuesta a jugar y vivir a tope la experiencia como digna heredera de su
madre, lo que le ha valido ya varias críticas por parte de algunas compañeras.
Debo reconocer que durante la gala del jueves me emocionó ese icónico momento
en que la primera expulsada de la historia del programa deja a su hija en
nuestras manos, como una ofrenda de carácter simbólico, para que la juzguemos
lo mismo que hicimos con ella cruelmente hace veinticuatro años. De alguna
manera todos somos hijos de Gran Hermano televisivamente hablando y varios de
los nuevos concursantes ni siquiera habían nacido cuando se estrenó el
concurso, pero como digo al principio de esta entrada con Laura en Guadalix cerramos
un círculo entre el pasado, el presente y el futuro. Y ya sé que lo que voy a
decir puede estar un poco fuera de lugar pero creo de verdad que Gran Hermano saldó
este jueves una deuda que tenía pendiente con Mª José Galera. Esperemos que la alegría no se torne en
lagrimas amargas.
Forastero marulo