1.- Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada (Edmund Burke)

2.- Hay un límite a partir del cual la tolerancia deja de ser virtud (Edmund Burke)

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viernes, 16 de diciembre de 2022

DE TRIPAS Y CORAZONES

   Últimamente, cada vez que entro en esta casa, y más ahora que empiezan las fiestas de Navidad, me sorprendo con la paz y el silencio que se respira entre estas cuatro paredes, como si todo lo que contiene estuviese suspendido en el tiempo formando parte de un sueño irreal dentro de un mundo paralelo del que tengo serias dudas que hubiese existido alguna vez. La tranquilidad del blog me recuerda al día siguiente de un fiestón montado en tu propio hogar, cuando por fin te sientas en el sofá relajado después de recoger, limpiar y ordenar todo para mirar despacio a tu alrededor con una pizca de nostalgia, y con la sensación de que detrás de cada puerta resuenan todavía los ecos de lo que se vivió en todos esos momentos de exaltación y pasión siguiendo las diferentes ediciones de Gran Hermano, con sus dosis de locura y acaloramiento, de serenidad y reflexión. El testimonio y el reflejo de todos esos días, que permanecen de alguna manera en su espíritu, comentando y debatiendo la evolución del programa entre risas, alegrías y frustraciones de acuerdo a nuestras preferencias y favoritismos, y en función de nuestro estado de ánimo. 

   También me recuerda a uno de esos juguetes “vintage” guardados primorosamente en un cajón, al que apetece regresar de vez en cuando para recuperar la sonrisa y revivir algo del entusiasmo que te aportaba en la infancia; y aunque ahora esté totalmente pasado de moda, fuera de tiempo y lugar, lo sigues viendo y valorando con mucho cariño y fidelidad.

    No sé, en cualquier caso resulta extraño pero gratificante a la vez la posibilidad perderse en sus tripas releyendo los comentarios de alguna entrada escrita hace ocho, nueve o diez años atrás; algo que me emociona y me conmueve al constatar lo apasionante que me parecía entonces acompañar el concurso como espectador privilegiado desde ésta y otras atalayas. Y lo más importante es que era algo que ocurría en comunión con un grupo de personas “virtuales”, y desconocidas al principio, que lo vivían con la misma pasión e implicación que tú, llegando a formar después de un tiempo una especie de familia paralela unida por fuertes vínculos de complicidad y afecto, muy semejantes a los que se forjan en la vida real.  Una sensación sorprendente, la verdad, teniendo en cuenta que se trata de un mundo virtual al que accedemos con la idea equivocada de que no afectará en absoluto a nuestra vida real, pensando que podremos prescindir de este universo cibernético en cualquier momento, cuando nos apetezca, y darnos de baja sin más.

   Aunque en los comienzos de la aventura bloguera padecía con cierta frecuencia remordimientos por lo que entendía como una pérdida de tiempo, debo reconocer que a día de hoy no me arrepiento de haber creado y administrado este espacio salvo por algún que otro detalle que ahora mismo y pasado el tiempo me parece secundario o poco relevante. Un pequeño rincón extraviado en el infinito e inagotable universo de internet que he intentado convertir en mi refugio, un lugar secreto al que retirarme esporádicamente sin ningún tipo de exigencias ni compromiso. Un espacio personal, sin fecha de caducidad, donde buscar el entretenimiento, la diversión y también el desahogo de la reflexión sobre algo aparentemente tan superficial como un concurso de televisión, aunque parezca contradictorio. Un territorio para reconciliarme conmigo mismo huyendo como alma que lleva el diablo de la selva agresiva e insufrible en que se han convertido las redes sociales, y que con el tiempo he intentado diversificar en cuanto a temáticas y asuntos tratados. En cualquier caso, una aventura que no tenía sentido ninguno sin compartirla. Y eso es lo mejor sin duda de esta experiencia: las personas que me acompañaron.

   A veces imagino que sufro de un proceso amnésico, o que simplemente desaparezco por ley de vida y estas Crónicas, sin embargo, seguirán suspendidas en una especie de limbo o estado de hibernación durante muchos años dentro de este universo de red de redes; y en el futuro, alguien que a lo mejor no ha nacido todavía, un nieto nuestro quizás, llegará hasta este lugar por casualidad navegando por las catacumbas de internet interesándose por lo que aquí se encuentre, como quien descubre un diario olvidado en un viejo arcón que no se había abierto en décadas, y buceando con curiosidad leerá los comentarios de las entradas publicadas preguntándose quiénes eran las personas con esos nicks, o alias, tan llamativos y curiosos que dieron vida a este lugar de forma tan vehemente con sus opiniones y debates sobre un programa tan antiguo que le sonará tan sólo vagamente por escucharlo alguna vez en boca de sus abuelos. Probablemente ahora mismo habrá miles de blogs vagando sin rumbo como planetas errantes por este mundo etéreo, olvidados o abandonados, que esconden con toda seguridad muchos tesoros para quien se atreva a buscarlos y disfrutarlos.

   Para ir terminando esta soflama nostálgica en la que me he enredado, tengo que confesar que no es más que una excusa para tener la oportunidad de desear unas felices fiestas a todos los que se acercan por el blog; y especialmente a todas las que habéis contribuido y colaborado en algún momento para que estas crónicas se convirtiesen en lo que fueron.  Un lugar en el que yo intenté poner siempre las tripas y vosotras el corazón para que tuviese alma y vida.

Gracias infinitas y un fuerte abrazo allá donde estéis.

Forastero, vuestro marulo

viernes, 10 de enero de 2020

MÁS LUCES QUE SOMBRAS

    Bueno, ya estamos en el 2020, estrenando la tercera década del siglo XXI con el mundo patas arriba y hecho unos zorros. No digamos ya en este bendito país, con el regalo de reyes que el pasado martes 7 de enero nos hemos llevado los españoles con el nuevo gobierno de coalición que se alcanzó después de una trifulca monumental en el congreso de los diputados; y lo que nos espera todavía los próximos meses a nivel político con semejante panorama y el personal asilvestrado o subido a la parra. Como dice el dicho a la tercera fue la vencida, por fin, pero no sé si la que va a quedar vencida y finiquitada es España, o sabe Dios cómo, después de este largo año que empezó con una moción de censura que apeó a Rajoy del poder y dos elecciones generales más para lograr este parto. Más o menos lo que dijo con un puntito de cachondeo el rey don Felipe a Sánchez cuando éste fue al palacio de la Zarzuela a comunicarle oficialmente la buena nueva: “Ha sido rápido, el dolor viene después”.

    No niego que haya sido ocurrente e irónico el monarca con la frase si tenemos en cuenta que el hombre ha estado en boca de todos en las intervenciones y debates del congreso durante la investidura, unos para denostarlo o censurarlo y otros para lanzar los “vivas” correspondientes y oportunistas a la monarquía, pero rápido lo que se dice rápido el proceso para llegar hasta aquí tampoco ha sido. Más bien ha sido todo una agonía y más larga que un día sin pan. Aunque nunca se sabe, claro, porque la fiesta no es cómo empieza sino cómo termina. Lo cierto es que la cosa no pinta bien lo miremos por donde lo miremos. En fin, que no quiero hablar mucho más de política porque se me revuelve el estómago y aún lo tengo fino, el pobre, después de tanto exceso navideño y lo que te rondaré morena, porque el mundo por ahí fuera se está poniendo calentito y pintan bastos, por no decir bombazos y tambores de guerra.

    Lo del título de esta entrada - más luces que sombras - va por otro lado, fundamentalmente por el tema personal, el que más me interesa, que por ahí no hay queja y que dure porque es lo importante.  Además si hablamos de luces esta Navidad, y también la anterior, aquí en Vigo vamos sobrados, como imagino que media España y también media humanidad ya sabrá si hacemos caso a nuestro magnífico y mediático alcalde que nos tuvo la ciudad hecha un primor y petada hasta los topes en estas fechas. No voy a engañarme, el tipo es un poco populista y parece que no tiene abuela el hombre, de lo sobrado que va y lo mucho que presume, pero hay que reconocer que es un crack y la verdad da gusto ver una excelente gestión de los recursos públicos generando ilusión, optimismo y resultados espectaculares y palpables en todos los campos, no sólo el del lucerío navideño, y además con deuda cero. Que sí, que nuestro prócer socialista está un poco pagado de sí mismo, un vanidoso adicto al trabajo que disfruta de la fama y las cámaras más que un niño con una piruleta a la puerta de un colegio; pero quién no tiene defectillos, porque visto el percal de lo que se cuece en general entre nuestra miserable clase política tanto a izquierda como a derecha cuando aparece un personaje preparado e inteligente como Abel Caballero, con su impostada vena populachera y todo, yo lo tengo muy claro: ¡Que Dios nos lo conserve muchos años y a ser posible con mayorías absolutas!. 


   Hablando ya de lo nuestro, de GH, el de los anónimos por supuesto, debo confesar mi satisfacción por no haber seguido ni comentado desde aquí la última edición del programa, la que terminó hace dos años en diciembre de 2017. Visto a toro pasado parece que juego con ventaja después del escándalo, que extiende sus tentáculos hasta la actualidad, de la supuesta violación de una de las concursantes del programa por parte de un compañero en una noche de fiesta y borrachera durante el concurso.  Como desconozco el tema y éste al parecer se encuentra en manos de la justicia no voy a comentar nada sobre el asunto, sólo recordar las razones que me llevaron ese año a no implicarme en el GH Revolution (GH 18 para mí). En una entrada del blog de aquel septiembre comentaba mi renuncia a seguir una edición que había calificado como “Pandemoniun GH 18” tras confesar que no me sentía con fuerzas para seguirlo ni con ganas de perder el tiempo en lo que me parecía un despropósito. También comentaba que una intuición me empujaba a desconectarme del todo ante las malas vibraciones que me produjo la gala de presentación y que atribuí en parte al poco entusiasmo que me provocaba Jorge Javier Vázquez, su presentador.  ¡Bendita intuición!.

    Respecto a los demás concursos marca de la casa como supervivientes y GH Vips ni flores, como siempre. Me consta que han tenido y tienen un éxito brutal, hasta el punto de que algunos conocidos que durante años censuraron de alguna forma que un tipo como yo siguiese Gran Hermano, están ahora tan enganchados a estos formatos con sus famosetes de medio pelo que me preguntan con cierta frecuencia mi opinión sobre algún concursante, o por situaciones del programa que se hacen virales, dando por supuesto que yo me lo trago todo al ser un fan declarado del GH original. Menuda decepción se llevan cuando les digo que nanay, que no los sigo ni sé de que me hablan; aunque respeto totalmente a aquellos que los siguen porque entiendo que son programas mucha enjundia y entretenidos. Pero no son para mí, no puedo con ellos.  

    El caso es que los mandamases de Telecinco andan preocupados de que el tinglado se les venga abajo por culpa de no haber intervenido cuando debían en el feo asunto de la violación, teniendo en cuenta el boicot de algunas empresas que se publicitaban en sus concursos aunque el número de espectadores no decaiga. Al fin y al cabo los ingresos de las empresas publicitarias pagan el fiestón y es necesario tratarlas con mimo, aunque se comporten como ciertos roedores que abandonan los primeros el barco podrido y a la deriva cuando éste se va a pique.  Recalcando que no estoy puesto en el tema de esta polémica, lo curioso es que a lo largo de la historia de GH (hablo del de anónimos) se produjeron situaciones de sobra que todos conocemos como para sacar también la tarjeta roja a Telecinco, y con amagos de boicot y protesta por parte de los espectadores. Entonces se dejaban pasar algunas cosas que hoy pondrían al personal en guardia o en pie de guerra a la mínima, y desde la prepotencia de la cadena se pasaban todas las críticas por el forro con la seguridad de que, además, las polémicas mas controvertidas suponían un aumento de espectadores. Hoy GH camina en el alambre y la cadena ya no es tan dueña de hacer y deshacer a su antojo sin el peligro de que le toquen al bolsillo, que es donde más duele.
     Lo que no deja de sorprenderme a lo largo de todos estos años es comprobar como algunos ex concursantes de GH, los más mediáticos sobre todo, cuando logran entrar en la nueva categoría de famosetes y famosillos de medio pelo después de pasar por el programa vuelven a participar sucesivamente en otros formatos como GH VIP o Supervivientes. Por poner dos ejemplos significativos entre los últimos y sin ir más lejos, tenemos a Adara Molinero (GH 17) que acaba de ganar en diciembre el último GH VIP y a Sofía Suescun (GH 16) que ganó el supervivientes de 2018.  En estos casos siempre me acuerdo de una entrada del año 2011 en el blog, titulada “Nunca me abandones”, donde ya entonces reflexionaba sobre esta cuestión argumentando como este tipo concursantes de GH acaban perdiendo de alguna manera el alma al entregarnos una y otra vez parte de sí mismos cuando encadenan participaciones en este tipo de programas, y para explicarlo hacía una comparación de esta situación con la triste historia de los protagonistas de la novela y película del mismo nombre que el título de la entrada cuya desgraciada existencia de clones consistía en donar sus órganos hasta que "cumplían" el cometido para el que habían sido creados y morían.

    Volviendo al tema de nuestro concurso, al final llego a la triste conclusión de que si ya no tenía ganas de sumarme desde aquí, como en últimos años, a la aventura de seguir y comentar una nueva edición de GH, lo que ha pasado deja herido de muerte al programa original y puede que desaparezca de la parrilla, o que lo dejen en el congelador durante un tiempo esperando a que escampe la tormenta y lleguen tiempos mejores.  A lo mejor, lo que ocurre es que el GH de los anónimos simplemente ha dejado de ser rentable para Telecinco en comparación con los formatos que incluyen famosos. Y no hay más cera que la arde. 

     Al final me quedo con mis luces (muchas o pocas, según se vea) y dejo las sombras en puntos suspensivos....

Forastero marulo

domingo, 16 de diciembre de 2018

EL VALOR DE LA DISCRECIÓN

 
    Bueno, en realidad no tengo mucho que contar, ni tampoco demasiadas ganas, o eso creo, y asomo por ésta mi casa después de un año completo de hibernación voluntaria por aquello de abrir puertas y ventanas para que al menos entre un rato el aire y el sol a estas estancias, lo mismo que hacemos en esa casa familiar, normalmente de segunda residencia, que mantenemos cerrada durante semanas o meses y acudimos a ella para ventilar y darle un poco de vida, comprobando que todo sigue en su lugar y si es necesario hacer alguna reparación de urgencia. Algo parecido también a volver sobre una foto fija suspendida en el tiempo dentro de una bonita caja que nos gusta revisitar de vez en cuando con un nudo de nostalgia en la garganta.

    Con esa añoranza y también con alegría compruebo que en las casas de al lado, especialmente en las de mis queridas vecinas - “Gran Hermano Comentado” de Ácrata y “JKL Colaboreisons” de Jota, la vida sigue bulliciosa con ellas metidas a tope en el guirigay de GH Vip de este año. Por lo poquísimo que leo, veo que continúan con su entusiasmo y agudeza a raudales, y con el humor marca de la casa que siempre destilan. Debo reconocer que estoy totalmente desconectado del dichoso reality y todo lo que me llega de él son ecos lejanos en los márgenes de la prensa o en alguna noticia suelta que me encuentro cuando deambulo por la red a cuento de escandaleras y polémicas que se producen en el programa con los pintorescos concursantes pseudofamosillos que pueblan el concurso.

    No sé, este año, como en el anterior, voy por libre y respecto a la televisión sólo me ha dado por seguir en directo alguna que otra serie como “Estoy vivo”, que ha logrado interesarme lo suficiente como para verla siempre que puedo en su horario normal de emisión los lunes en la primera cadena de Televisión Española. También estoy enganchado, a medias, con Operación Triunfo 2018, gracias en gran parte a una concursante de mi tierra, Sabela, que logró cautivarme con su naturalidad y versatilidad, y porque ha tenido el atrevimiento de cantar en gallego y meterse en el bolsillo, de paso, a una parte importante de la audiencia. En un mundo como el actual en que prima el papanatismo por el pop en inglés que una chica se cuele en la final de este programa apostando por una canción en modo fado como “Negro caravel maldito” (negro clavel maldito), por ejemplo, un tema de la cantante gallega Rosa Cedrón con letra de un conocido poema de Rosalía de Castro, nuestra poetisa gallega y española universal, es todo un soplo de aire fresco. 
   En una España como la nuestra, que en estos días aciagos por tantas cosas, sobre todo por cuestiones políticas que nos quieren llevar una y otra vez al borde del abismo, estas pequeñas cosas siempre suman y te reconcilian con tu país y con tu gente, demostrando que se puede vivir con nuestra maravillosa diversidad, y enorgullecernos de todo lo que tenemos como un patrimonio común donde debería primar el buen gusto como es el caso y no la pulsión cainita que nos separa y divide y que, desgraciadamente, supura por la herida más perniciosa aún de las redes, como una Némesis gigantesca que promete devorarnos como individuos y como sociedad. Algo que, por cierto, no es particular de España sino que ocurre también en todas partes como una hidra venenosa que lo invade y emponzoña todo.

   En fin, que acabamos otro año más celebrando el aniversario de una Constitución ya cuarentona y todavía de muy buen ver pero a la que todo bicho careto pretende hincar el diente y llevársela al huerto para lo suyo, y a pesar de que a mí siempre me gusta pensar en positivo el panorama que se presenta resulta poco halagüeño. Para qué engañarnos. Y lo que ocurre en televisión, por hablar de algo menos elevado y grandilocuente, salvo honrosas excepciones, no es más que un reflejo de nuestra sociedad actual con sus defectos y virtudes, con el claro predominio de los primeros sobre las segundas. Una pena. Con todo esto sobre la mesa reflexionaba estos días sobre los propósitos y deseos que me quería marcar para el año 2019, que está ya a la vuelta de la esquina, y con la que está cayendo me vino a la cabeza la idea de recuperar y reforzar el valor de la discreción, una pequeña virtud que bien entendida puede ayudarnos y mucho a enfrentarnos con este mundo globalizado y amenazante que nos engulle sin remedio donde todo parece confuso y alienante. Lo digo porque la discreción, entre otras cosas, puede ser un potente antídoto contra la imprudencia, la insensatez y la estupidez que nos invade. Un cortafuegos vamos, la palabreja de moda que todo el mundo usa últimamente para defenderse de los "...ismos" que se atribuyen siempre al que piensa contrario a nosotros. Pero en este caso de verdad.

    Hablando de aniversarios, hace unos días me enteré de que youtube, la plataforma de vídeos de google en internet que lo inunda todo, lleva poco más de diez años funcionando desde que lo inventaron, trece para ser exacto. ¿Quién lo diría?. Y en tan poco tiempo, iniciando apenas la adolescencia, ha entrado con tal fuerza en nuestras vidas que lo mismo que nos ocurre con todo lo que tiene que ver con las "red de redes" hace que nos preguntemos cómo es posible que antes pudiésemos vivir sin él, hasta el punto de que, sobre todo para la gente muy joven, es inimaginable pensar en un mundo sin la posibilidad de su existencia.   Pensaba también, a cuenta de ésta y otras cosas, en que Gran Hermano cumplió 18 años el 23 de abril de este año que agoniza. No es casualidad que se haya convertido en un programa millennial, ese calificativo un tanto pretencioso pero significativo que se aplica a todos los jóvenes nacidos ya en este nuevo siglo, y que vienen de serie con una forma diferente de entender el entretenimiento y con otras formas de comunicarse gracias al mundo informatizado en que han nacido. La primera generación de la historia totalmente digital para la que internet, el mundo tecnológico y vivir pegados a una pantalla inteligente es algo tan consustancial a sus vidas como para nosotros lo era jugar de niños en las calles de nuestro barrio al escondite o a policías y ladrones mientras nos comíamos un bocata de queso con chorizo y entre medias leíamos tebeos.

    Un mundo nuevo repleto de "youtubers e influencers" enloquecidos por sumar likes y visionados a sus vídeos y con la pretensión constante de convertir en viral o “trending topic” nacional, europeo o mundial por internet cualquier cuestión puntual o polémica intrascendente, alimentada en muchos casos de forma artificial y tramposa para lograr ese objetivo donde es muy complicado separar el grano de la paja. Algo que se ha convertido hoy en día también en una de las mayores obsesiones de cualquier programa y reality que se precie, tanto en una gala propiamente dicha como en un programa satélite de debate sobre el mismo. En el fondo no es más que una forma de lograr el objetivo principal, y responder a la preocupación por aumentar el consabido índice de audiencia con que se desayunarán al día siguiente, y que por cierto está hecho unos zorros afectando en general a la mayoría de los productos televisivos: informativos, series, etc. Una caída del “share” que se explica en gran parte por la ausencia de los espectadores más jóvenes, y no tan jóvenes, que huyen de los canales clásicos, y dimiten en masa del consumo de televisión desde el sofá de sus casas con el mando a distancia en ristre en las horas punta de audiencia. De ahí la enorme popularidad y éxito de las nuevas plataformas asequibles como Netflix que permiten el consumo de productos audiovisuales sin la tiranía de las cadenas tradicionales.

    En el fondo todo esta muy relacionado, y vivimos inmersos de alguna manera dentro de un Gran Hermano mundial donde casi todos, en mayor o menor medida, nos dejamos grandes cuotas de la vida personal en este mundo paralelo cediendo una parte muy importante de nuestro tiempo y privacidad para alcanzar un discutible paraíso detrás de una frontera cada vez más borrosa entre lo real y lo virtual, tanto que a veces los dos mundos se confunden y se mezclan alimentando nuestra angustia y una especie de esquizofrenia para poder estar a la altura de los dos e incapaces, a menudo, de compaginarlos con sensatez.
    Para terminar este panfleto con tufo algo apocalíptico, que espero sepáis perdonar si llegáis hasta aquí, quería comentar que por casualidad me encontré este año en una revista, de la que no recuerdo ahora mismo el nombre, con una entrevista a Mercedes Milá donde la periodista y presentadora durante tantos años de GH confesaba que había superado una fuerte depresión que padeció con toda su crudeza durante las últimas ediciones del concurso que presentó.  Por lo que decía y los síntomas que relataba comprendí al fin el comportamiento errático, caprichoso y parcial de aquellos días en las galas que tanto criticábamos aquí durante las ediciones de GH 15 y GH 16.  Lo cierto es que hay pocas cosas peores que los problemas anímicos y desde este pequeño rincón donde tanto hemos hablado de ella, y generalmente para mal, le deseo de todo corazón que esté ya completamente recuperada.

Forastero marulo

viernes, 29 de diciembre de 2017

EN CASO DE DUDA CUENTA LA VERDAD

    Después de tantos meses sin publicar nada, desconectado totalmente de GH 18 y de todo lo que rodea al programa desde que hace un año en diciembre acabó GH 17, últimamente me ha dado por releer sin orden ni concierto algunas de las cosas que había escrito en el blog sobre ediciones anteriores a lo largo de estos años, y como si de una revelación sorprendente se tratase me he dado cuenta de lo mucho que he ido dejando sobre mí tanto en cada entrada, cuando intentaba analizar el concurso, como en los comentarios y opiniones a la hora de debatir y analizar los pormenores del mismo con todas las personas que han participado amablemente en este rincón durante este tiempo aportando su grano de arena, y en muchos casos con aportaciones fundamentales para que yo siguiese aquí, con esta casa abierta, embarcado en esta especie de locura transitoria que dura ya más de ocho años.   Toda una vida que ha pasado tan rápidamente que si me hubiesen dicho allá por 2008, cuando empezó GH 10 y entré por primera vez en el universo virtual del concurso a través del Gato Encerrado, que ahora mismo estaría aquí jamás lo habría creído.

    Estas reflexiones vienen a cuento justamente ahora, después de un año “in albis” en que he decidido no implicarme en esta edición que acaba de terminar por razones que expliqué en la última y precipitada entrada que publiqué en septiembre.  Tal vez por este vacío y distanciamiento absoluto del programa durante estos meses y tras ese vistazo un tanto circunstancial hacia atrás al releer de forma aleatoria lo que decía en algunos momentos a lo largo de estos años en el blog, me he percatado de que he ido dejando por todos los rincones de esta casa multitud de retazos sobre mí, la mayoría de las veces de forma inconsciente, como un rastro inconfundible reflejado en unas huellas que delatan por supuesto mi pensamiento y opinión sobre el concurso en cada momento, pero que sobre todo porque retratan mi forma de ser, mis vicios y virtudes.  En definitiva, un daguerrotipo de lo que soy revelado a través de un puzzle, caótico y coherente a la vez, con piezas diseminadas en cada esquina y en cada rincón de estas crónicas mundanas y compartidas, que explican quién soy de verdad mucho mejor que si un día me diese la ventolera y me pusiera a contar mi vida, mis sueños y mis deseos con pelos y señales a viva voz. Dios no quiera que traspase jamás esa línea roja.  Sólo puedo decir que tantos años después todo lo escrito es fruto fundamental de mi cosecha, sincera y particular, y en muy escasas ocasiones dejé de dar mi opinión completa sobre lo que creía del concurso. Estoy acostumbrado a ir a contracorriente, y si alguna vez no dije todo lo que pensaba, o callé sin más, no fue tanto por sentirme condicionado o juzgado sino por simple y pura prudencia, o por no dañar a terceras personas. Algo de lo que no me arrepiento.

    Como de ingenuo me queda poco o nada a mis años sé que opinar sobre GH, y más creando una plataforma como ésta, siempre trae algún tipo de consecuencias, algunas positivas y bastantes negativas. Aún así no deja de sorprenderme la confirmación de que  al final, como en el cuento de Pulgarcito, he ido dejando a lo largo del camino migas de pan o piedrecitas, según la versión del cuento, para llegar hasta el espíritu que siempre quise que empapase estas crónicas. O quizás ahora acabo de descubrir que en realidad son marcas que he ido dejando simplemente para reencontrarme a mí mismo llegado el momento oportuno para no perderme de forma definitiva. Como cuando se vuelve a las páginas de un viejo diario olvidado en algún rincón del desván o se releen antiguas cartas de amistad o amor y se tiene la singular sensación de que esa persona que aparece reflejada debajo de todas esas palabras escritas con emoción y entrega se corresponden con uno mismo pero sin reconocerla del todo, como si se tratase de un extraño que anida dentro de ti y al que observas con curiosidad desde fuera. Cuando veo esta casa marula totalmente ordenada y con cada cosa en su sitio, como me dijo una vez creo que Maltissa, y siempre con la obsesión de que este espacio no se convirtiese en un escenario caótico de batallas y guerras estériles o gratuitas que tan mal me lo habían hecho pasar en otros lugares de debate sobre GH por donde había pasado antes, acabo por comprenderlo todo.

    Una de las cosas que he aprendido desde el principio comentando el concurso de GH y, aún en mayor medida, también desde este reducto personal e íntimo de libertad, con acceso libre y abierto siempre sin restricciones pero sujeto a unas reglas básicas no escritas para que no se contaminase ni desvirtuase más allá de lo mínimo imposible de controlar, es la confirmación de que del mismo modo que ocurre en la vida real digas lo que digas y escribas lo que escribas siempre habrá alguien que malinterprete tus palabras, o lo que es peor, que siempre habrá personas dispuestas a hacer una lectura interesada y sesgada de tus comentarios y opiniones. Unas veces con razón, porque dan en el clavo y a lo mejor he dejado translucir algo distinto a lo que quería decir y me ha traicionado el subconsciente sin darme cuenta, y otras muchas porque simplemente no se comparte lo que uno opina, y en vez de argumentar desde una posición contrapuesta lo único que se busca es desacreditar tu punto de vista sin más. Pero bueno, el juego es así, y es lo que tiene mojarse. Hay que asumirlo.

    Otro tema que uno aprende en este camino virtual, también como en la vida real, es la necesidad de cuidar el tono, porque la mayoría de las veces causamos daño y herimos a los demás, o por el contrario en positivo, logramos convencer y/o seducir, tanto o más por el tono del cómo decimos las cosas que por el mensaje en sí mismo de lo que queremos decir. Sé que el mundo virtual es terreno abonado para el desahogo abrupto y la palabra gruesa, y cuanta más basura y escándalo se monte mejor para según qué cosas, y alrededor de Gran Hermano y sus intereses eso es una virtud para muchos, pero lo que me cuesta de verdad admitir es que aquellos que seguimos el programa participemos también de la escalada salvaje e incontinente, sin filtros, desde nuestra posición de seguidores entusiastas. Creo firmemente que la relativa impunidad que nos otorga el anonimato que disfrutamos detrás de un nick virtual no puede convertirse en un “todo vale” con carta blanca para liberar nuestros demonios y frustraciones sin ningún tipo de autocontrol. Eso no significa que debamos conducirnos en plan hermanitas de la caridad pero sí creo que todo esto debería atenerse a unas reglas básicas aunque no estén escritas en parte alguna ni haya nadie en concreto que nos impida saltarnos las convenciones mínimas de educación que solemos respetar en nuestra vida en general.
    En cualquier caso, una vez involucrados en el lío si metemos la pata o nos pasamos de frenada, porque nadie es perfecto y seguir un reality de este calibre nos vuelve con frecuencia apasionados y vehementes hasta límites insospechados, lo mejor siempre es pedir disculpas o reconocer el error si ése es el caso. Y cuando surjan las dudas lo más inteligente es ser sincero y decir la verdad, haciendo caso a la frase aquella de Mark Twain que me sirve de título para la entrada: “En caso de duda cuenta la verdad”. Eso no quita que considere sobrevalorada la sinceridad entendida así, a lo loco, y no estoy de acuerdo en que haya que ser sincero en todo momento, como esos concursantes que presumen de que no son falsos porque dicen todo a la cara y entiendan esta virtud como la facultad de decir todo lo que les pasa por la cabeza, sin filtros. Algo que me parece una majadería.   Si todos dijésemos siempre lo que pensamos a todas horas la convivencia sería imposible en cualquier ámbito de nuestras vidas. El verdadero problema es que creemos a menudo que la verdad coincide con aquello que pensamos, confundiendo la verdad subjetiva con la objetiva.  Lo importante es reconocer cuándo es necesario ser sincero y decir la verdad, aunque sea nuestra verdad, y tan importante o más es saber el “cómo”, porque decir la verdad puede convertirse en la tarea más complicada y difícil de todas con una serie de costes que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Por eso la gente miente tanto, y la verdad con mayúsculas suele ser “rara avis” en la vida de todos. Y lo más complicado todavía, un triple salto mortal sin red, es decirnos la verdad a nosotros mismos, que acostumbramos a autoengañarnos mucho más de lo que engañamos a los demás. A veces tengo la sensación de que llevo engañándome durante los últimos ocho o nueve años con este blog, y que a lo mejor algunas de las cosas que determinadas personas me dijeron en su momento tenían su parte de verdad.

     Estar pendiente de este concurso significa comprender que Gran Hermano no es más que un castillo inmenso construido de mentiras y falsedades, o de verdades a medias, que esconde una única verdad: La convivencia de una serie de personas anónimas que discurre a la vista de todo el mundo. Y con dinero por medio. Un grupo anónimo de concursantes que desnudan sus glorias y miserias para nosotros, los espectadores, a cambio de un mísero plato de lentejas. Un reality repleto de intereses espurios y comerciales a los que servir e incapaz de subsistir sin plegarse a ellos. Lo fundamental sería encontrar el equilibrio dentro de unas reglas que conjugasen los intereses necesarios del negocio con aquello tan manido y sobado del espíritu de GH perdido que alumbró la fórmula del éxito de un producto televisivo que debe evolucionar, por supuesto, pero sin degradarse ni convertirse en una caricatura triste y corrompida de lo que fue.  Entiendo que en la vida esto suele ocurrir, que las cosas son así, que todo degenera y hay que aceptarlo pero al menos para mí, si continuase el concurso en ediciones posteriores me gustaría tener la oportunidad de seguir descubriendo y disfrutar de esas perlas de autenticidad que siempre relucen y emergen por encima de las toneladas de basura que inunda el programa. Esos momentos impagables que lograron engancharme al concurso, y que me gustaría recuperar para hacer borrón y cuenta nueva, y recuperar la ilusión perdida de seguir dejando migas en el camino.

    Muchas veces me he preguntado y reflexionado sobre si nuestra conducta es mejor o peor que la de ellos, los concursantes, que mantenemos y avivamos el programa observando, comentando y destripando sus vidas en la casa desde la comodidad ficticia que nos otorga el privilegio de contemplar desde la grada anónima este circo en el que nos abren sus vidas en canal.  Asusta pensar que desde las redes se pueda destruir en pocos minutos, con un paso en falso o con una frase desafortunada desde un blog o un twit la reputación que lleva tantos años construir. Resulta descorazonador comprobar lo fácil que es demoler algo y lo difícil que es volver a construirlo. En cualquier caso, a punto de acabar este año totalmente de vacío sobre el concurso en esta casa, me gustaría aprovechar para pedir disculpas a todas las personas que haya podido ofender o molestar alguna vez.

    No he sido muy consciente, pero tengo la impresión de que todo lo que estoy escribiendo destila desilusión por los cuatro costados.  Me hubiese gustado que en vez de esta indiferencia terrible me saliese esa rabia y ese enfado marulo que me provocaba el concurso a veces cuando veía que descarrilaba e iba camino del abismo, porque ese sentimiento lo controlo mejor, me espabila y sé que después de la tormenta y de desahogarme vendría la calma y volvería a disfrutar y a centrarme como siempre en la vida de los habitantes de Guadalix cuando vuelvan, si es que vuelven que esa es otra.  Ahora lo único que sé es que todo me suena a un epílogo preñado de desencanto, y estoy contando la verdad.



Forastero marulo

viernes, 8 de julio de 2016

SALIR DEL FUEGO Y CAER EN LAS BRASAS

   Debo confesar que desde las últimas dos o tres ediciones de GH llevo especulando, e incluso fantaseando, con la posibilidad de que Mercedes Milá dejase definitivamente el concurso, hasta el punto de que durante GH 16, visto lo visto, llegué a considerar que su marcha se había convertido en una necesidad imperiosa no sólo en beneficio del programa sino que también, por qué no decirlo, por el propio bien de la presentadora que se la veía incómoda y sin disfrutar como antes.  Su pasotismo, su desgana y su falta de implicación durante las galas me parecía tan evidente que toda su forma de actuar no vaticinaba otra cosa que no fuese una agónica y triste despedida, un adiós que cuanto más se alargase más duro sería el final. Lo digo porque el anuncio de que se va por fin, algo tardío quizás, es una decisión que debió tomarse hace tiempo y el concurso estaba pidiendo a gritos.

   Por lo que ha dicho Mercedes sobre su abandono en alguna entrevista durante estos días, no me queda muy claro si en la negociación con la cadena sobre las condiciones para continuar presentando el programa la próxima edición había por su parte verdadera intención de mantenerse o, por el contrario, igual que pasa muchas veces en la vida cuando se quiere romper definitivamente con algo o con alguien, exigió a propósito unas contrapartidas tan elevadas a la parte contratante para que éstas fuesen inadmisibles y por tanto el acuerdo imposible de aceptar.  A lo mejor simplemente la han despedido, y teniendo en cuenta los servicios prestados de la Milá después de tantos años entregada a la causa de GH le han dejado la salida elegante de cara a la galería de que es ella la que renuncia a seguir presentando el programa porque no le dan todo lo que les pide. ¡Cualquiera sabe!.

   En una de las primeras entradas de este blog, antes de comenzar GH 12, le dediqué una entrada específica a Mercedes - Lo que le sale del bolo - en la que me explayaba a gusto, para lo bueno y lo malo, sobre la eterna presentadora de nuestro concurso y hacía un repaso sobre su trayectoria desde sus comienzos en la profesión como reputada y prometedora periodista hasta que se hizo cargo del concurso más famoso e influyente de la televisión en quince ocasiones. Una relación tan estrecha que en España la asociación entre la Milá y GH llega casi a la metonimia, de manera que decir GH nos lleva indefectiblemente a pronunciar su nombre y viceversa.  A modo de conclusión en el párrafo final de aquella entrada escrita hace seis años, y que reproduzco a continuación, apostaba todavía por la continuidad de Mercedes al frente del programa, algo que por supuesto ahora mismo no suscribo:
"Para terminar diré que hay algo indiscutible, creo, y en lo que casi todo el mundo está de acuerdo: GH en España, con sus miserias y grandezas, se habría agotado como fórmula y tampoco llegaría a ser el programa más longevo de todos los países donde se ha emitido sin Mercedes Milá como presentadora.   Así que, a pesar de los pesares, lo cierto es que no me imagino GH12 sin ella al frente. Apasionada y parcial. Visceral y excesiva. Incluso sabiendo que algunos días la “odiaré”, me enfadaré y me acordaré, por momentos, de toda su noble y aristocrática familia” (9 de junio de 2010)
   El caso es que una vez confirmada su salida del programa, definitiva o temporal, que eso ya lo veremos, porque también lo dejó en GH 3 – aquella edición de tan mal recuerdo que presentó Pepe Navarro – y luego volvió para quedarse las siguientes trece ediciones, la sensación que me queda es agridulce. No tanto porque se vaya, que como dije su tiempo al frente del concurso es una etapa agotada, como por la solución de recambio que nos propone Paolo Vasile y Telecinco: Jorge Javier Vázquez.

   Desde luego pensar en JJV, el pequeño general de la cadena amiga, como nuevo presentador del concurso más longevo y emblemático de la televisión, y padre putativo de todos los demás realitys que vinieron y vendrán, es una opción que me repatea los hígados, por no mencionar aquí otras partes más nobles y sensibles del cuerpo. Una solución que me hace recordar uno de los muchos dichos y refranes siempre oportunos que mi sabia abuela utilizaba para tantas cuestiones de la vida diaria y que en está ocasión me viene “a huevo” para el tema: “Salir del fuego y caer en las brasas”.

   No voy a mentir, porque los que por aquí me leen saben de qué pie cojeo, pero esta noticia me ha sentado fatal, como un jarro de agua fría que de momento apaga las ilusiones que tenía, agarradas con pinzas eso sí, de comentar la edición número diecisiete de GH que previsiblemente empezará el próximo otoño. Hasta el punto de que esta decisión de “la cadena amiga” de elegirlo a él como presentador me hace replantearme muy en serio, a dos o tres meses vista de que vuelvan a abrirse las puertas de la casa de Guadalix, si merece la pena seguir en la brecha comentando el concurso una edición más. 

   No quiero profundizar ni desgranar las múltiples razones de este rechazo visceral, porque se trata sobre todo de una cuestión de piel. Pura química. Lo cierto es que tengo una alergia tremenda a JJV, y si va en pantalones cortos sufro unos ataques tan terribles de ansiedad que apago la tele para no caer en la tentación de romperla cuando el susodicho aparece en pantalla. Y eso no tiene cura.  Su risilla cínica, su tono de voz, su forma torticera a mi modo de ver de presentar los programas me resulta insoportable y no puedo con él. Sé que es un valor seguro para la cadena, un genio en lo suyo capaz de sacar oro mejor que nadie revolviendo sin mancharse la basura más pestilente que nos ofrecen todos esos personajes que pululan por sus programas, pero es la última persona que quisiera ver como conductora y presentadora de Gran Hermano. Resumiendo, que quería y deseaba que se fuese la Milá pero esperaba otro sustituto o sustituta. De Guatemala a guatepeor, como diría también un cursi.
   Como muy bien dice Ácrata en la última entrada de su blog - Gran hermano comentado - haciendo un paralelismo genial con la serie Juego de Tronos, sin darle tantas vueltas como yo, de una manera más sencilla, directa y con la clarividencia y la sorna mediterránea a la que nos tiene tan acostumbrados, con la llegada de “Jorgeja” a nuestro querido concurso en GH 17 el invierno ha llegado, lo que supondrá el final del programa que conocemos para convertirse, probablemente, en otra cosa distinta y poco edificante. El estoque final, tal vez, de un concurso que se ha ido desvirtuando a lo largo del tiempo y perdiendo poco a poco aquel espíritu original que nos encandiló y nos enganchó a todos hace tantos años y del que tanto hemos hablado y debatido.

   Siguiendo con el paralelismo de Juego de Tronos y la llegada del invierno, probablemente Guadalix y el plató de Telecinco acabe invadido de caminantes blancos, concursantes sin alma manejados por los hilos del pequeño gran prestidigitador de la telebasura que arrasarán con todo a su paso para mayor gloria de las arcas de la cadena y se acabará por fin con los últimos reductos de los antiguos reinos de poniente que a pesar de sus muchos defectos y de una presentadora, que estaba ya para otra cosa y fuera de lugar, todavía resistían aunque a duras penas manteniendo algunas de sus esencias primordiales.  Y nosotros con ellos.

Forastero marulo
P.D. Mucha suerte para Mercedes Milá y que le vaya bien en su próximo destino. Gracias por todos estos años

miércoles, 27 de abril de 2016

AQUEL BARCO PIRATA Y OTRO POEMA


    No tenía la intención de remover el pasado bloguero que afecta a una gran parte de los que por aquí andamos, una historia íntimamente relacionada con el blog del Gato en GH 10, cuando éste perdió su libertad y en aquella edición acabó contratado por Telecinco y "El gato encerrado" pasó a formar parte de la poderosa máquina mediática de la "cadena amiga" para comentar el concurso de Gran Hermano con el apoyo de toda su infraestructura vendiendo de alguna manera su alma al diablo. En alguna otra entrada de este blog, en párrafos salpicados por aquí y por allá, y sobre todo en muchos comentarios a lo largo de todos estos años comentando el concurso en cada edición, venga al caso o no, volvemos de forma recurrente y cansina a lo que ocurrió entre GH 10 y GH 11, con el ascenso y caída de la plataforma ivanista - la madre de todas las batallas blogueras que cimentó desde el Gato la victoria de Ivan Madrazo en aquella edición - y posteriormente con la guerra definitiva a lo largo de GH 11 en la gatera que acabó con la espantada y el exilio de la mayoría de los que por allí escribíamos para esfumarnos o recalar en los nuevos espacios que fueron naciendo, creciendo y algunos desapareciendo al poco tiempo, como hongos, para comentar el programa con más libertad y buscando una bocanada de aire fresco.

    Algunos eran y son lugares pequeños e íntimos como esta casa, otros sin embargo se convirtieron por méritos propios en nuevos foros para comentar el concurso con un éxito arrollador superando con creces, en ocasiones, a la casa original de Telecinco que nos "parió" a la mayoría. Cíclicamente se producen nuevas escisiones y pequeñas revoluciones, que reajustan al personal que se va ubicando donde se siente más cómodo y en consonancia con sus gustos, sus intereses, y en función sobre todo de la sintonía con el administrador o administradores, y con los comentaristas del lugar en cuestión elegido. Es decir como la vida misma, con sus dosis de dolor y alegría, de afectos y desengaños que cimentan aún más los lazos previos o siembran el camino de "cadáveres" virtuales.

     Decía que no era mi intención abrir el baúl de los recuerdos, pero tras leer estos últimos días los magníficos comentarios en el blog de Jota Katu rememorando estos asuntos del pasado, y al rebufo de los acontecimientos últimos en los espacios de opinión comprobando como hay situaciones que se repiten en el tiempo de forma parecida aunque con matices diferentes, se me despertó la vena nostálgica y me sumergí en la hemeroteca personal. Ese lugar donde guardo olvidados y cubiertos de polvo, como el arpa aquella del poema de Bécquer, algunas opiniones propias y comentarios de aquellos tiempos en el Gato Encerrado que conseguí rescatar por casualidad porque alguien tuvo la extraña y sorprendente ocurrencia de interesarse por algunos de ellos y enlazarlos o reproducirlos en otros foros.

    Con el pensamiento de que en la vida no es posible explicar lo que somos si no entendemos lo que fuimos, intervine en la conversación para mencionar un comentario que publiqué en el Gato entre GH 10 y GH 11 donde me explayaba desde la orilla opuesta, y una visión marula muy particular, sobre lo que significó el naufragio de aquella todopoderosa plataforma ivanista después de conseguir el triunfo de Iván Madrazo, su pirata.  Para mi sorpresa, Maltissa comentó que se acordaba de ese comentario y me pidió que lo rescatase. Prometí que lo haría y como acostumbro a cumplir mis promesas me percaté además, al releerlo, que cambiando nicks y situaciones aquel escrito del barco pirata que se hunde en una guerra fraticida no es más que una alegoría perfectamente aplicable a situaciones que se repiten con cierta frecuencia en estos mundos virtuales cuando hablamos de nuestro concurso.

    A lo que voy, pocos días después de llevarse Iván el premio y descolgarse triunfante por aquella tirolina para salir el último de la casa de Guadalix, y tras la catarsis que supuso la famosa intervención de Karla la Guerrera en el debate final de la edición, leyéndole emocionada en pleno directo durante la gala una carta de la plataforma que se creó para defenderlo y llevarlo en volandas hasta la victoria, aquel barco pirata al que se subieron la mayoría de los ivanistas empezó a resquebrajarse y se convirtió en la casa de tócame roque y un sálvese quién pueda.  Después vino GH 11, y el tema de Tatiana para dar la puntilla, pero es otra historia.

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EL GATO ENCERRADO

6454. Publicado por: marulo | 15 Febrero 2009 a las 02.59

    Te lo digo a ti compañero troll de siempre, pero en realidad es para todos, incluso para la tripulación numerosa y entusiasta de ese barco pirata enemigo que surcó la red bombardeando sin compasión nuestras pequeñas pero recias barcas no ivanistas.

    Con munición renovada y constante, pertrechados y armados hasta los dientes, unieron sus fuerzas comandados siempre por la ahora innombrable capitana guerrera (al menos así me lo pareció a mí, su liderazgo) y recibieron todo el apoyo logístico posible bajo la luz incontestable de su pirata jefe, Iván, su mascarón de proa.   Ese Jon Silver “el largo”, con parche y loro incluido y su lugarteniente Chiky como apoyo principal, cual pata de palo siempre a su lado, en pos del tesoro prometido.

    Todas las noches, sobretodo las de los martes después de la gala, sufríamos sus ataques y embestidas poderosas al tiempo que escuchábamos sus gritos enardecidos y arrogantes. Después, en la borrachera victoriosa de cada noche soportábamos estoicos su canciones entonadas con voz ronca y arrogante: - ¡Rooon, rooon, ron, la botella de rooon! -
Siempre que oigo esta canción me acuerdo del maravilloso libro y la estupenda película de la “Isla del tesoro” http://www.youtube.com/watch?v=9nEsIFLRZko

    Nosotros éramos pocos, y fuimos menos todavía a medida que la “patente de corso” adquiría las proporciones gigantescas de una marabunta mediática que nos arrollaba sin compasión en este blog y en otros foros, inundando los mares de la red con su irrefrenable plataforma.  Una contienda desproporcionada y brutal, en la que cada semana los bucaneros y filibusteros del cántabro conquistaron al abordaje, una a una, nuestras embarcaciones, hundiéndolas y derrotándonos.

    Sólo una pequeña barca con los últimos trolls valientes y orgullosos resistió hasta la batalla final en el mar del Gato.   Algunos piratas fueron caballerosos, contrincantes nobles dentro de semejante despropósito que fue y sigue siendo todo desde nuestra perspectiva “orca”, y fue posible confraternizar con ellos en tierra de nadie llegando incluso, en muchos casos, al afecto sincero.

    Hoy, amontonados en las austeras pero cómodas balsas construidas con los maderos y restos del naufragio, algunos trolls nostálgicos y derrotados navegamos como podemos rumbo al próximo programa, mientras tanto echamos la vista atrás y observamos entristecidos, al menos yo, como el barco pirata, antes poderoso y enemigo, navega a la deriva por nuevos mares procelosos y traicioneros.  Dentro, a lo lejos, se oyen gritos, el ruido escalofriante de las dagas desenvainadas y los espantosos disparos a quemarropa de los mosquetones vengativos entre juramentos imposibles de reproducir.

    Alguien dijo en alguna parte que el momento más peligroso de vivir entre piratas, es siempre justo después de la victoria. La hora del reparto del botín.  Desde los prismáticos que nos quedan contemplamos asombrados la deserción de muchos piratas, como saltan con lo puesto por la borda huyendo de la quema, y en los palos de la vela mayor se ven cadáveres colgando de algunos ajusticiados.

    La famosa luz que los guiaba se ha convertido en una pira horrenda y fraticida donde arden con estrépito y decepción los egos y las ilusiones robadas de un sueño que ganaron.  El humo se ve a lo lejos colándose entre las velas llenándolo todo, de proa a popa, de babor a estribor. Pequeñas chalupas de salvamento se echan a la mar, se alejan como pueden del barco y aparecen por doquier repletas de piratas convertidos en una nueva estirpe de trolls que ya navegan remando a nuestro lado sin fijarse en nosotros. Unos van apretando los dientes ensimismados, otros con lágrimas y los más, mascando su rabia y resentimiento.  Algunos de ellos, cómplices, nos miran y sonríen tristemente ensayando un tímido saludo.

Vamos todos con el mismo rumbo. Destino a GH 11.

Marulo
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     Para terminar aprovecho la ocasión para colar el poema también prometido. Un capricho personal. Hablo de otro poema porque es el segundo de cosecha propia que publico en el blog en todos estos años.
                                    
LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

Tus lágrimas se perderán en la lluvia

diluidas entre los ríos infinitos del mundo

y nada quedará de tus recuerdos ni tu dolor.

Cuando el sol vuelva con fuerza

y se evapore todo

la emoción de los días del pasado

será como el eco ínfimo de una gota

inmersa en medio del océano.

Y las palabras que tenían tanto sentido

arañando tu corazón hasta sangrar

serán como el roce leve de una pluma

perdida en medio de la tormenta.

Nada. Sólo un suspiro.

Un deseo sin retorno.

Una mota de polvo suspendida

en algún lugar del universo.

Un sueño dentro de un sueño

donde creías que lo tenías todo.

La calidez de una mirada.

La ternura de un beso.

Una sonrisa.


Forastero marulo