Tenía todavía una mínima esperanza de que las cosas hubiesen ocurrido de otra manera, pero al final todo siguió el guión esperado y nada de lo que pasó en la gala de ayer tras la expulsión del NOVIO, ese al que llaman por ahí lelo o ficus, y su catártica entrevista por parte de Mercedes, me sorprendió demasiado.

Quiero dejar bien claro que antes de ver fuera a un decepcionante y predecible Rubén me habría gustado que saliese por la puerta Jhota, con su colección de gorras horripilantes y su ropa a colorines, es decir, con toda esa parafernalia de la que se acompaña, enemiga de la estética y una ofensa al buen gusto. Al menos al mío, así que ya me pueden llamar antiguo o desfasado que me importa un huevo o dos; porque tengo que confesar que cada día que pasa me resulta más insufrible tener que ver y oír a este "jichiño" - tipejo - dentro de la casa. Su actitud me parece desagradable e hiriente hasta extremos intolerables, y lo cierto es que con el paso de los años soporto menos la mezquindad de los caprichos pueriles y no digamos a los maleducados integrales. No veo llegado el día en que la santa audiencia decida mandarlo a su casa bien cargado de votos y con una virtual pero significativa patada en el trasero. Pero esto es lo que hay, triunfó el morbo y se nos fue el súper novio, ejemplo entre ejemplos, modelo de virtud para generaciones venideras y yerno ideal de toda suegra bien pensante que se precie. Ahora ya sabemos de que pasta esta hecho. ¡Puaggg!
Ante semejante panorama, con el respetable enardecido y afilando los colmillos por el ansia de ver la sangre y el dolor en directo, la puesta en escena en la gala adquirió tal calibre que a nuestra inefable Mercedes, ejerciendo de maestra de ceremonias en el proceso de beatificación del supuesto cornudo, sólo le faltó colocar al gaditano una aureola con lucecitas brillando alrededor de su cabeza y subirlo después a una peana o a un trono para sacarlo en procesión por los alrededores del plató al acabar el programa con todos en pie gritando - ¡Rubén, santo varón! -.
Llevo diciendo desde el principio que esta pareja sería el Leit motiv del programa y así será mientras siga dentro la esplendorosa novia. Una situación que continuará durante un tiempo, seguro, incluso después de su probable expulsión, en platós y en debates, con la pareja tirándose los trastos a la cabeza en una versión más civilizada y menos chabacana, eso espero, de lo que fueron aquellos antológicos duelos entre Indhira y Arturo. Que conste que no tengo nada en concreto contra Rubén pero como dije, después de su papelón de ayer, me ha decepcionado y encabronado por partes iguales y explicaré el porqué.

Contemplándolo ayer sentado en la mesa durante la entrevista con esos ojos desorbitados y expectantes - la Milá los calificó de transparentes y sinceros, cosa que no voy a poner en duda - mientras esperaba los famosos vídeos comprometedores de su novia y de los que tanto oyó hablar me acordé del cura aquél, Don Manuel, protagonista de la novela de Unamuno cuyo título parafraseo con el de esta entrada. El buen párroco, que no creía en Dios ni en la Resurrección ni en nada, pero siguió ejerciendo su ministerio sacerdotal ocultando y disimulando toda la vida su ateísmo para dar paz, esperanza y ayuda a sus feligreses, de manera que tras su muerte, paradójicamente, sus parroquianos agradecidos lo convirtieron en santo por sus buenas obras y ejemplo de fe.
Creo firmemente que, salvando las distancias, algo así es lo que pasó con Rubén. El NOVIO siguió viviendo ante el mundo y de cara a la galería una fe hiperbolizada en el supuesto amor a su Chari, y ahora que pasa al otro "barrio" - la vida real - todo el mundo lo santifica por su señorío y su fe inquebrantable en un amor que seguramente no era tal. Tengo claro que Rubén fue siempre muy consciente de que si el río suena agua lleva, porque tonto no es y conoce perfectamente a su novia, y aún así continuó en su papel de abnegado novio súper enamorado sabiendo que si salía expulsado antes de lo esperado, como así ocurrió, se encontraría con todo el pastel. Por eso estaba tan "acojhonao" por si lo echaban. Era consciente de que sólo había dos opciones en este caso: dar lástima o producir admiración, o las dos cosas. Al final por encima del morbo lo subieron a los altares.
Además, tal como la pareja nos vendió el asunto en los vídeos de presentación su relación estaba prácticamente finiquitada o en la UCI. Ella nos confesó que no quería que él entrase en GH pero tuvo que aceptar el órdago comprometiéndose a defenderlo en las galas para desaparecer después definitivamente de su vida. Por extrañas razones que vislumbramos pero no conocemos del todo y por la idiosincrasia particular de esta pareja, cuando se encontraron en la galería de expulsiones y supieron que participarían los dos juntos en el programa, él se decantó por el papel de novio ejemplar y defensor a ultranza ante la audiencia de una relación que sin embargo hacía aguas justo antes de entrar y obviando problemas anteriores. Ella, sin tenerlas todas consigo, fue más prudente respecto a la solidez de su relación y cuando entró en la casa Ariel se mantuvo a la expectativa, rodeada de "machos" en busca de gloria y botín que detectaron inmediatamente su punto débil: muchas dudas y necesidad urgente de atención y cariño. El resto de la historia ya la conocemos.
Ayer, como colofón del drama, asistimos a la quema pública de la rubia con casi todo el mundo echando leña al fuego para hacer más grande la hoguera, y lo más triste fueron los codazos por ser el primero en ofrecer al expulsado una antorcha para prenderla. Desde luego no pienso contribuir a la demonización de Chari, ni arrojar una sola piedra contra ella. Ya dije en su momento, en la entrada del 23 de noviembre titulada "La divina comedia", que no pensaba participar en su caza y derribo. Todo lo contrario. Como ya sabéis no soy muy amigo del insulto ni la descalificación gratuita, pero ayer cuando la madre de Chari - digna y estupenda - llamó estúpido a Óscar la entendí y justifiqué. El “wuebos pelaos”, por ejemplo, que no rascó bola en el concurso por torpe, pretende ahora sumarse al carro de la polémica y sacar partido del tema echando más mierda sobre la que fue su compañera. Patético.
Sinceramente, me gustaría que Rubén reflexionase en casa e hiciese examen de conciencia durante el fin de semana - lo malo es que no le van a dejar -; y si es verdad que la quiere y siente todavía lo que dice sentir por su novia, que cambie de actitud, se trague el orgullo y se comporte como un hombre de verdad, con dignidad, evitando hundirla todavía más por buscar el aplauso fácil y vengativo de determinada audiencia.
Chari podrá gustar o no pero a mí me fascina como concursante y aún más como arquetipo de mujer. Tiene carácter y llena la pantalla con todo lo que hace o dice, con el encanto confuso de esa mirada levemente bizca, con su sonrisa enorme y ese hablar pausado y ronco de pantera a punto de saltar cuando exige una explicación imposible a sus locas elucubraciones, con el desparpajo y la generosidad de enseñarnos sus encantos rotundos y con toda la exageración y el ansia de vivir sin pensar en el que dirán de una chica de extrarradio y extracción humilde que renuncia a la discreción porque puede y porque quiere. Con ese deseo extremo de gustar y seducir por encima de todo que esconde, sin embargo, grandes dosis de inseguridad y una cierta fragilidad que le hace cometer, uno tras otro, errores clamorosos y torpezas de libro.
Aunque no sea tu tipo es difícil sustraerse al magnetismo de sus movimientos de hembra exuberante que no esconde casi nada a la imaginación, y no te queda más remedio que apreciarla y admirarla con sus múltiples defectos o rechazarla y repudiarla. Detrás de esa impresión aparentemente vulgar que puede producir, contemplar su plenitud descarnada es como recibir un gancho directo a las tripas, a los instintos básicos de cualquier macho que se vista por los pies, aunque no lo confiese.
Además, en ella, con ese punto hortera tan llamativo de Juani atractiva y triunfante que hace imposible evitar su presencia, todo resulta tremendamente cercano, y detrás de sus peinados exagerados y su maquillaje excesivo de mujer de armas tomar no hay engaño, y vislumbras toda su verdad sin hipocresía ni disimulo porque es incapaz de ocultárnosla aunque lo intentase. Tras la mirada intensa de Chari se transparentan todos los sentimientos destructivos y las pasiones auténticas que nos hacen humanos para bien o para mal: los celos, el amor, la duda, los remordimientos, la angustia e incluso la perfidia y la lucha de una “loba” acorralada en su propio territorio, encadenada y encorsetada entre su lucha interior y el imperio de sus circunstancias.
Lo que me duele y me indigna, como dije en su momento, es la postura fácil pero miserable de llamarla “zorra”. Si leemos detrás de las apariencias y de la superficie descubrimos a una mujer de carne y hueso viviendo a su manera, tal vez equivocada, la lucha eterna de la insatisfacción y la contradicción femenina; de una persona sufriendo las consecuencias de tomar la difícil decisión de cortar definitivamente con sus vínculos afectivos recientes, o seguir dando lo máximo en un proceso emocional suicida cuando las cosas no funcionaron ni respondieron a los anhelos después de quererlo y pedirlo todo.
Pocas veces en este programa alguien se nos mostró tan real y auténtica como esta Chari derrotada y confundida por la expulsión de su novio; y también muy pocas veces unas imágenes, las de su desolación y desconcierto, resultaron tan poderosas y elocuentes mostrando la lucha interior de una concursante intentando tomar la decisión más adecuada, rota de dolor y sabiendo lo que se avecina después de jugar tan mal sus cartas. Ella es muy consciente de que si a Rubén, “el mejó”, lo echaron sin contemplaciones a ella la crucificarán sin compasión. Pero la gaditana, a pesar de sus tremendos defectos, es mucha mujer y confío en su instinto de su supervivencia. Ella tiene que quedarse. Debe quedarse. Porque al contrario de lo que dijo una desacertada Mireia en el plató, yo creo que es Rubén quien no se la merece.
No pensaba hablar mucho más del resto de los concursantes porque la pareja fue la absoluta protagonista de la gala de ayer. Sólo decir que Marta me está ganando poco a poco a pesar de su incondicional apego a Yago y que ayer además de ella y Anup, sólo Laura y Lydia, aunque tímidamente, tuvieron la decencia de acercarse en algún momento a charlar con Chari demostrando al menos un mínimo de empatía. Los demás cero patatero.

Cambiando de tercio y hablando de Marcelo, cuanto más intento ver su lado bueno de niño bonito más me decepciona. Sigo pensando que se comporta como un Narciso en toda regla y que es incapaz de ver nada desde otra perspectiva más allá de su propio ombligo, además de no abandonar esa actitud insidiosa de malmetedor profesional. Ayer mostró empatía cero con toda la situación que se vivió y fue deplorable ver esa sonrisa bobalicona suya tan propia mientras se mascaba el drama a su alrededor. Prefiero antes cien veces la indiferencia de Therry y Jhota, y que no me digan que son nervios de jovenzuelo inmaduro. Y luego el cuento chino ése de venderlo en el plató como el gran amigo que le cuenta las verdades a Rubén con el noble propósito de abrirle los ojos a los dos días de conocerlo, con el público aplaudiendo a rabiar mientras el novio moqueaba. ¡Manda carallo!.
Si el malaguita quisiese ser un buen samaritano y realmente le preocupase el tema, lo que tendría que haber hecho en primer lugar sería hablar con Chari, que al fin y al cabo fue con la que convivió más tiempo, y aconsejarle que hablase a su novio de la supuesta afrenta para que no quedase éste como un tonto cuando se encuentre con el petate. Si tanta pena le daba, eso sería lo correcto y no lo que hizo.
Es por eso y por otros muchos detalles que no puedo con él, como la falta de generosidad que mostró ayer en el tema del viaje a Camboya, todo lo contrario que Laura que no dudó en cederle el privilegio.
Sólo pensar que Marcelo, Dámaso, Jhota, o Patricia puedan ganar el concurso me pone de los nervios. ¡Lo que me queda!
Dejo para el final y con intención a Yago, mi paisano. Casi volvería a mis primeras entradas, aquéllas en las que criticaba su actitud y la de Óscar cuando comenzaba el programa. Copiaría algunas de las cosas que dije entonces sin variar prácticamente una coma. Añadiría, de acuerdo con algunas opiniones que he leído a otros blogueros, su actitud tan fría y su falta de escrúpulos a la hora de dar la espalda a sus antiguos compañeros en función de sus intereses.
El modelo, dentro del concurso, es tan gélido y distante emocionalmente hablando que a veces me pregunto si tendrá cables en vez de tripas, porque parece comportarse y moverse como un robot, sin concesiones a los sentimientos. Hasta el punto que a veces me pregunto si Yago no será un nexus 6 camuflado en el programa como Roy Batty, el replicante aquel que interpretaba Rutger Hauer en Blade Runner, y en algún momento, al igual que el líder robot de la mítica película, cuando sea consciente de que se extinga irremediablemente su vida en el programa sin conseguir el premio, será capaz de mostrarnos por fin alguna emoción que lo convierta en humano.
Ante la imposibilidad de que se vaya el insignificante y ladino Anup, por supuesto, deseo que el próximo expulsado del jueves sea él, y que se tome el turrón aquí, en casa, al lado del mar.
Marulo
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