1.- Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada (Edmund Burke)

2.- Hay un límite a partir del cual la tolerancia deja de ser virtud (Edmund Burke)

viernes, 8 de julio de 2016

SALIR DEL FUEGO Y CAER EN LAS BRASAS

   Debo confesar que desde las últimas dos o tres ediciones de GH llevo especulando, e incluso fantaseando, con la posibilidad de que Mercedes Milá dejase definitivamente el concurso, hasta el punto de que durante GH 16, visto lo visto, llegué a considerar que su marcha se había convertido en una necesidad imperiosa no sólo en beneficio del programa sino que también, por qué no decirlo, por el propio bien de la presentadora que se la veía incómoda y sin disfrutar como antes.  Su pasotismo, su desgana y su falta de implicación durante las galas me parecía tan evidente que toda su forma de actuar no vaticinaba otra cosa que no fuese una agónica y triste despedida, un adiós que cuanto más se alargase más duro sería el final. Lo digo porque el anuncio de que se va por fin, algo tardío quizás, es una decisión que debió tomarse hace tiempo y el concurso estaba pidiendo a gritos.

   Por lo que ha dicho Mercedes sobre su abandono en alguna entrevista durante estos días, no me queda muy claro si en la negociación con la cadena sobre las condiciones para continuar presentando el programa la próxima edición había por su parte verdadera intención de mantenerse o, por el contrario, igual que pasa muchas veces en la vida cuando se quiere romper definitivamente con algo o con alguien, exigió a propósito unas contrapartidas tan elevadas a la parte contratante para que éstas fuesen inadmisibles y por tanto el acuerdo imposible de aceptar.  A lo mejor simplemente la han despedido, y teniendo en cuenta los servicios prestados de la Milá después de tantos años entregada a la causa de GH le han dejado la salida elegante de cara a la galería de que es ella la que renuncia a seguir presentando el programa porque no le dan todo lo que les pide. ¡Cualquiera sabe!.

   En una de las primeras entradas de este blog, antes de comenzar GH 12, le dediqué una entrada específica a Mercedes - Lo que le sale del bolo - en la que me explayaba a gusto, para lo bueno y lo malo, sobre la eterna presentadora de nuestro concurso y hacía un repaso sobre su trayectoria desde sus comienzos en la profesión como reputada y prometedora periodista hasta que se hizo cargo del concurso más famoso e influyente de la televisión en quince ocasiones. Una relación tan estrecha que en España la asociación entre la Milá y GH llega casi a la metonimia, de manera que decir GH nos lleva indefectiblemente a pronunciar su nombre y viceversa.  A modo de conclusión en el párrafo final de aquella entrada escrita hace seis años, y que reproduzco a continuación, apostaba todavía por la continuidad de Mercedes al frente del programa, algo que por supuesto ahora mismo no suscribo:
"Para terminar diré que hay algo indiscutible, creo, y en lo que casi todo el mundo está de acuerdo: GH en España, con sus miserias y grandezas, se habría agotado como fórmula y tampoco llegaría a ser el programa más longevo de todos los países donde se ha emitido sin Mercedes Milá como presentadora.   Así que, a pesar de los pesares, lo cierto es que no me imagino GH12 sin ella al frente. Apasionada y parcial. Visceral y excesiva. Incluso sabiendo que algunos días la “odiaré”, me enfadaré y me acordaré, por momentos, de toda su noble y aristocrática familia” (9 de junio de 2010)
   El caso es que una vez confirmada su salida del programa, definitiva o temporal, que eso ya lo veremos, porque también lo dejó en GH 3 – aquella edición de tan mal recuerdo que presentó Pepe Navarro – y luego volvió para quedarse las siguientes trece ediciones, la sensación que me queda es agridulce. No tanto porque se vaya, que como dije su tiempo al frente del concurso es una etapa agotada, como por la solución de recambio que nos propone Paolo Vasile y Telecinco: Jorge Javier Vázquez.

   Desde luego pensar en JJV, el pequeño general de la cadena amiga, como nuevo presentador del concurso más longevo y emblemático de la televisión, y padre putativo de todos los demás realitys que vinieron y vendrán, es una opción que me repatea los hígados, por no mencionar aquí otras partes más nobles y sensibles del cuerpo. Una solución que me hace recordar uno de los muchos dichos y refranes siempre oportunos que mi sabia abuela utilizaba para tantas cuestiones de la vida diaria y que en está ocasión me viene “a huevo” para el tema: “Salir del fuego y caer en las brasas”.

   No voy a mentir, porque los que por aquí me leen saben de qué pie cojeo, pero esta noticia me ha sentado fatal, como un jarro de agua fría que de momento apaga las ilusiones que tenía, agarradas con pinzas eso sí, de comentar la edición número diecisiete de GH que previsiblemente empezará el próximo otoño. Hasta el punto de que esta decisión de “la cadena amiga” de elegirlo a él como presentador me hace replantearme muy en serio, a dos o tres meses vista de que vuelvan a abrirse las puertas de la casa de Guadalix, si merece la pena seguir en la brecha comentando el concurso una edición más. 

   No quiero profundizar ni desgranar las múltiples razones de este rechazo visceral, porque se trata sobre todo de una cuestión de piel. Pura química. Lo cierto es que tengo una alergia tremenda a JJV, y si va en pantalones cortos sufro unos ataques tan terribles de ansiedad que apago la tele para no caer en la tentación de no romperla cuando el susodicho aparece en pantalla. Y eso no tiene cura.  Su risilla cínica, su tono de voz, su forma torticera a mi modo de ver de presentar los programas me resulta insoportable y no puedo con él. Sé que es un valor seguro para la cadena, un genio en lo suyo capaz de sacar oro mejor que nadie revolviendo sin mancharse la basura más pestilente que nos ofrecen todos esos personajes que pululan por sus programas, pero es la última persona que quisiera ver como conductora y presentadora de Gran Hermano. Resumiendo, que quería y deseaba que se fuese la Milá pero esperaba otro sustituto o sustituta. De Guatemala a guatepeor, como diría también un cursi.
   Como muy bien dice Ácrata en la última entrada de su blog - Gran hermano comentado - haciendo un paralelismo genial con la serie Juego de Tronos, sin darle tantas vueltas como yo, de una manera más sencilla, directa y con la clarividencia y la sorna mediterránea a la que nos tiene tan acostumbrados, con la llegada de “Jorgeja” a nuestro querido concurso en GH 17 el invierno ha llegado, lo que supondrá el final del programa que conocemos para convertirse, probablemente, en otra cosa distinta y poco edificante. El estoque final, tal vez, de un concurso que se ha ido desvirtuando a lo largo del tiempo y perdiendo poco a poco aquel espíritu original que nos encandiló y nos enganchó a todos hace tantos años y del que tanto hemos hablado y debatido.

   Siguiendo con el paralelismo de Juego de Tronos y la llegada del invierno, probablemente Guadalix y el plató de Telecinco acabe invadido de caminantes blancos, concursantes sin alma manejados por los hilos del pequeño gran prestidigitador de la telebasura que arrasarán con todo a su paso para mayor gloria de las arcas de la cadena y se acabará por fin con los últimos reductos de los antiguos reinos de poniente que a pesar de sus muchos defectos y de una presentadora, que estaba ya para otra cosa y fuera de lugar, todavía resistían aunque a duras penas manteniendo algunas de sus esencias primordiales.  Y nosotros con ellos.

Forastero marulo
P.D. Mucha suerte para Mercedes Milá y que le vaya bien en su próximo destino. Gracias por todos estos años

viernes, 17 de junio de 2016

¡TE QUIERO CADA DÍA MÁS!

ADVERTENCIA PREVIA: Esta historia, como todas las "historias marulas de GH" publicadas en el blog, y van siete, es pura ficción y no tiene nada que ver con la realidad. Son simples especulaciones desbocadas de un fan del concurso saldando cuentas pendientes consigo mismo como comentarista.  Lo que no quiere decir que tal vez en el futuro o en una realidad paralela sí pueda ocurrir.
    El establecimiento estaba a tope y no cabía un alfiler como casi todos los sábados.  Él consiguió entrar con sus dos colegas porque conocía al dueño hacía tiempo y uno de los armarios empotrados con cara de malas pulgas que ejercía de portero lo reconoció y los dejó pasar aunque a regañadientes. Nada que ver con las sonrisas y las palmadas en la espalda de otros tiempos, cuando reclamaban su presencia en todas las fiestas y saraos de la comarca para dar color y vidilla a algunos locales nocturnos de moda como reclamo para atraer determinado tipo de clientela sedienta de morbo.  Por aquel entonces se encontraba en la cresta de la ola, justo en los meses posteriores a salir del concurso hace ya unos cuantos años, un periodo que se alargó durante aquel verano cuando se convirtió en asiduo de aquel local que acababa de inaugurar y necesitaba publicitarse para hacerse un hueco entre la competencia. Él se dejaba caer por allí con algunos compañeros del concurso, y otros famosetes de medio pelo, y eso le dio carta blanca durante un tiempo para entrar sin problema cuando quisiera y tomarse unas copas a cuenta de la casa.

   Todo aquel esplendor había pasado, se lo había llevado el viento, y ahora era un personajillo más, ya amortizado, caído en el olvido como otros muchos de la farándula y el famoseo a los que se les ha pasado el arroz pero pretenden seguir haciéndose visibles en los lugares de moda convencidos de que la estela de su popularidad permanece todavía intacta, esperando un golpe de suerte que les permita seguir tirando en "bolos" televisivos, o que suene la flauta y consigan salir en la portada de alguna revista de cotilleo cobrando unos buenos dividendos después de dar la campanada por ligar con un mirlo blanco que les rescate del ostracismo y les devuelva a esa primera plana que casi todos los de su clase - hijos y carne de reality - creen merecer.

      El local sin embargo, fundamentalmente la parte del karaoke que estaba arriba a la altura de la calle, porque en su sótano era un disco-pub de moda, se había convertido ahora en un referente de la noche de la ciudad andaluza para cualquiera que cantase medianamente bien, y además había adquirido cierto caché entre la clientela más granada y cool para acabar cualquier fiesta o celebración por la noche invitando al personal a demostrar sus dotes vocales, estilo operación triunfo, o  para torturar los tímpanos de los demás cuando las copas habían rebasado ciertos límites sin el menor atisbo de vergüenza por parte de aquellos más inconscientes y atrevidos que eran incapaces, en su estado, de leer las letras de las canciones que aparecían en las pantallas.  Para otros no era más que una forma agradable y entretenida de calentar motores antes de comenzar la noche. O de acabarla dignamente.

   Como era todavía demasiado temprano, antes de bajar al pub directamente, que era su pretensión, decidieron entrar en el karaoke para matar tiempo y entrar en materia. Él sabía que podía encontrársela por allí. Alguien le había comentado que era una habitual y solía acercarse con su nueva pareja y su grupo de amigos para tomar unas copas, cantar y divertirse. Algunos de esos acompañantes eran conocidos también del famoseo patrio. Sobre todo después de que ella volviese a participar en otro concurso de la "cadena amiga" y porque de vez en cuando la llamaban como concursante veterana para comentar algunas galas en sucesivas ediciones del programa en el que habían entrado juntos a concursar y se hicieron conocidos. El lugar donde se amaron, se odiaron y al final se separaron definitivamente. Aún así, cuando se la encontró de bruces sentada en el local con su grupo de amigos, risueña, y tan guapa y espléndida como siempre, enfundada en un traje rojo ajustado que resaltaba sus curvas rotundas y con un escote de vértigo, como la noche aquella en que la expulsaron del concurso para enfrentarse a los leones, sintió una punzada dolorosa y nostálgica que lo atravesó como un escalofrío de arriba abajo dejándolo paralizado por unos instantes que le parecieron interminables. En realidad duró lo justo, hasta que la mirada levemente bizca y cálida de ella se cruzó con la suya y uno sus amigos le dio un empellón anunciando a gritos y con retraso la presencia de su ex.

- Eh tío, ¿Te has dado cuenta de quién está el local? - Y remató - ¡Joder, qué buena sigue estando la cabrona!.

    El respondió asintiendo con un simple murmullo casi inaudible. En ese mismo momento un par tipos medio beodos, a los que se le unieron en el escenario cuatro o cinco más tan fornidos y cuadrados como ellos, empezaban a cantar el ¡Soy minero! de Antonio Molina y toda la sala casi al unísono, como la correa de transmisión de una máquina infernal, coreaba el estribillo de la canción mientras los dos fulanos rodeados de sus colegas, brutos como arados, aumentaban su entusiasmo por momentos convencidos de que eran la repera.  En medio del barullo monumental que se formó localizaron la última mesa vacía relativamente cerca del escenario y pidieron una copa.  Él, normalmente parlanchín y dicharachero, permanecía callado y visiblemente incómodo y no hacía más que ver de reojo hacia su ex que después del encuentro inicial de sus miradas parecía no reparar en su presencia mientras charlaba y reía divertida con su grupo dos o tres mesas más allá de donde ellos se habían sentado.

   Pasaron unos cuantos minutos, un tiempo en que se interpretaron un par de canciones. La primera por un cliente que actuó como solista de una forma bastante decente, y a continuación una pareja que con peor fortuna hacía lo que podía para sujetar los gallos insufribles que se les escapaban por la garganta a borbotones destrozando una canción de moda para regocijo y chufla de los presentes.  Apenas terminó la pareja de castigar los tímpanos de todos, él se levantó tras anunciar a sus colegas que iba a solicitar una canción.
- ¡No jodas! Cómo vas a salir a cantar con ella ahí. Pasa de todo tío - Le dijo uno de sus amigos con una barba hipster algo descuidada.  Le contestó que no se preocupase, que le apetecía cantar porque hoy estaba con ganas y que le daba igual quien estuviese en la sala.

    Cuando se acercó a la cabina se le arrimaron en el camino un par de chicas muy jóvenes y bastante atractivas, de unos veinte años, que lo reconocieron. Sin dejar de mirar de reojo hacia la mesa donde ella estaba sentada, les siguió la corriente y tras un breve intercambio de saludos y lugares comunes las invitó a tomar una copa con sus amigos.  Las chicas aceptaron  encantadas y después de solicitar su canción regresó con ellas a la mesa para presentárselas a sus amigos mientras les guiñaba el ojo cómplice y levantando el pulgar de la mano derecha. Poco a poco se fue animando convencido ahora de que seguía siendo el mismo de siempre y su fama perduraba a pesar de todo.  Nada estaba perdido, pensó, pero aún así detrás de las risas, casi carcajadas, con sus amigos y sus nuevas acompañantes, no podía evitar que se colase de vez en cuando un rictus amargo en su semblante al saberla ahí feliz y espléndida; ella que lo fue todo para él, tan cerca físicamente como alejada estaba ahora de su vida.

    Estaba bromeando con una de las dos chicas que se sentaron con ellos en la mesa, una rubia de ojos verdes simpática y atractiva totalmente centrada en él y que intentaba desde hacía unos minutos leerle las líneas de la mano con evidente complicidad, cuando su colega le dio un codazo señalando con un gesto de la cabeza hacia el escenario. Él estaba tan entretenido y relajado con la chica que acababa de conocer que se había olvidado completamente por unos minutos de su ex. Y allí estaba ella en el escenario, con su amiga morena de piernas interminables color canela. Todo el mundo en el local, como hipnotizado, dejó aparcado lo que estaba haciendo y se quedaron pendientes de ellas. Después de estirar sus exiguas minifaldas y recolocar sus espectaculares escotes prepararon y ajustaron el micrófono, mientras carraspeaban simulando aclarar la voz y hacían chistes y comentarios superficiales para relajarse consiguiendo arrancar sonrisas de la gente y algún que otro tímido aplauso.

     El grupo, de unos diez individuos, al que pertenecían los dos tipos que hacía un rato habían subido a cantar "Soy minero", saturados de alcohol hasta las orejas a esas alturas de la noche y en plena celebración de lo que parecía una despedida de soltero, cuando se percataron de quiénes iban a cantar, rugieron como una manada de búfalos en celo montando un alboroto ensordecedor y desagradable. Ella, simpática como siempre, y dueña de la situación, con mucha coña y gracejo, solicitó muy ceremoniosa al público que tuviese paciencia y que no se alborotase, asegurando con toda solemnidad que no iban a defraudar a nadie.  Cuando acabó su breve discurso acompañado en todo momento por los silbidos del grupo también pudo escuchar algunos de los piropos que les dedicaban, la mayoría subidos de tono e incluso de mal gusto. Él, anticipando el panorama que se avecinaba, retorció el gesto con preocupación y se lamentó por lo bajo de que ella no había cambiado, de que seguía como siempre, incapaz de evitar seducir a cualquier animal de dos patas supurando testosterona con su sola presencia y su sonrisa; con sus gestos y su tono de voz ronco y pausado al hablar siempre a juego con su mirada sugerente, irresistible y ligeramente bizca.

   Ignorando a la jauría desbocada las dos agarraron a la vez el micrófono con mimo y mucha picardía y comenzaron a cantar "La mala costumbre" de Pastora Soler poniendo toda la emoción y sentimiento pero también con mucha sensualidad mientras interpretaban la canción divertidas y a la vez entregadas.

Tenemos la mala costumbre de querer a medias,
de no mostrar lo que sentimos a los que están cerca,
tenemos la mala costumbre de echar en falta lo que amamos
sólo cuando lo perdemos es cuando lo añoramos.
Tenemos la mala costumbre de perder el tiempo,
buscando tantas metas falsas tantos falsos sueños.
Tenemos la mala costumbre de no apreciar lo que verdad importa,
y sólo entonces te das cuenta de cuántas cosas hay que sobran...

    Apenas habían acabado la primera estrofa cuando uno de los elementos más ruidosos del grupo aulló como un condenado por encima de la música y de la voz melodiosa de las chicas:
- ¡¡Nenas dejad esa cebolleta y cogedme la mía que os vais a enterar de lo que es un instrumento de verdad!!.
    Los amigotes del energúmeno le rieron la gracia con mucho alborozo y sonoras risotadas mientras ellas seguían a lo suyo, con la canción, como si no hubiesen escuchado nada.  Él, que se sintió de inmediato destinatario de la letra de la romántica canción elegida por su ex, como si fuese un mensaje en clave, se estaba poniendo cada vez más tenso ante el cariz de los acontecimientos. No habían acabado todavía con el cachondeo el grupo de indeseables cuando el mismo tipo de antes, envalentonado y jaleado por los demás, se levantó y mirando a sus compañeros mientras señalaba de forma acusatoria hacia el escenario se preguntó a grito pelado si se habían equivocado de local y estaban en realidad en el barrio chino:
- ¡Joder tíos eso no son minifaldas, son camisetas cortas! - Remató

   Ellas, muy profesionales, ni se inmutaron y siguieron cantando, cuando otro de ellos, borracho como una cuba, se fue hacia el escenario dando tumbos entre las mesas. En un par de segundos estaba allí plantado frente a ellas que hacían como si no existiera y miraban hacia la sala como si el tipo fuese transparente. El majadero, que apenas mantenía el equilibrio, sacó un billete de cincuenta euros del bolsillo y lo agitó delante de sus narices.
- ¿Rubia, cuánto cobras? - Le espetó.

    Mientras el compañero actual de su ex, sin intervenir, se dirigió rápidamente hacia la puerta del local, seguramente en busca de los porteros o alguien de seguridad, él no aguantó más, se levantó como un resorte y recorrió en dos o tres saltos la distancia hasta el escenario y se abalanzó con una rabia infinita sobre el energúmeno. Los dos acabaron rodando por el suelo con la inercia del encontronazo mientras el billete que había saltado por los aires con el golpe, revoloteaba y caía pausadamente sobre sus cabezas. 
- ¡Cabrón, aquí la única suelta es tu puta madre!.  Gritaba él fuera de sí lanzando puñetazos a diestro y siniestro contra el bulto aturdido del borracho faltón que debajo de él se tapaba como podía la cabeza intentando parar la ensalada de tortas que estaba recibiendo. 

   Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, el grupo de alborotadores al ver a su amigo en apuros se lanzaron en masa a ayudarle mientras sus dos colegas, petrificados sin saber como reaccionar y sin entender muy bien lo que había pasado, observaban la surrealista escena sentados en la mesa con las chicas que acababan de conocer hacía un rato gracias a él y que tampoco salían de su asombro. Cuando él quiso levantarse, sin soltar al borracho a quien tenía agarrado fuertemente por el cuello, recibió una lluvia de golpes y patadas desde todos los ángulos posibles mientras intentaba defenderse como podía. De reojo se percató de que ella, intentando defenderlo, se había colgado del cuello de uno de los brutos, un gañán enorme con los brazos totalmente tatuados, y le tiraba del pelo chillando enfurecida. El tipo intentaba sacudírsela de encima pero era incapaz de soltarla. Entre el tumulto y los fogonazos visuales por culpa de los puñetazos que recibía le pareció ver como se acercaba uno de los porteros de la entrada para detener la trifulca. Justo en ese momento todo se fundió de negro y se desvaneció.
    Con la sirena a todo trapo la ambulancia atravesaba las calles de madrugada camino del hospital general en las afueras del ciudad. Los sanitarios - una doctora, una enfermera y el conductor - después de atenderlos en primera instancia los habían subido juntos en el vehículo. Semiinconsciente todavía, se encontró sujeto y abrigado en una de las camillas con un aparatoso collarín y una mascarilla que le ayudaba a respirar. Tenía los ojos hinchados y amoratados y un hilillo de sangre discurría ligeramente por la comisura del labio inferior cosido con varios puntos en un par de sitios. Las luces del interior de vehículo medicalizado bailaban y desdibujaban el rostro de una enfermera rubia de mediana edad que estaba pendiente de él e intentaba calmarlo, mientras ajustaba con delicadeza el collarín que le habían colocado preventivamente después de la paliza y acababa de limpiar un reguero de sangre casi seca que discurría por su cuello.  

    Gracias a los efectos del sedante que recibió en vena ya no siente el dolor punzante de las costillas, algunas seguramente rotas después de la patada brutal que le propinó en medio del tumulto aquel animal de metro noventa cuando estaba en el suelo, y se encuentra relajado y tranquilo mientras oye remota y algo distorsionada la voz profesional de la doctora que da instrucciones por teléfono al hospital anunciando la llegada de dos heridos: Un varón de unos treinta años con pronóstico reservado y una mujer de similar edad, leve, con contusiones y una probable fisura en el brazo derecho que es necesario valorar. Mitigado el dolor, ahora ya sabe que la visión nebulosa de que ella se encontraba con él no era un simple sueño. Estaba allí a su lado y también herida por defenderlo, y no fueron imaginaciones suyas cuando la vio metida en medio de la pelea agarrada como una pantera al cuello de uno de aquellos bestias.

   A pesar de su estado precario siente la fuerza de su presencia, su magnetismo, y le envuelve ese perfume suyo que tanto le gustaba y que ella siempre se ponía para salir de fiesta. Un aroma que invade todo el habitáculo arrinconando el olor penetrante e inconfundible de los productos hospitalarios del vehículo medicalizado, y anulando también por completo el tufo rancio de la mezcla de sudor y sangre que inunda un espacio tan pequeño. Intenta aspirar con fuerza para ensanchar sus pulmones y empaparse de su fragancia pero el pinchazo punzante de sus costillas rotas sobre los pulmones frenan en seco su intento y gime de dolor. La enfermera toca su frente y agarra con firmeza su mano y le dice algo que no entiende para tranquilizarlo.  Entonces cree oír su voz. Parece lejana pero sabe que ella está muy cerca, en la camilla de al lado.

- ¿Se pondrá bien, doctora? - Percibe el ligero temblor de su voz ronca y rotunda producto de la preocupación. Su corazón se acelera y retumba como un tambor en sus sienes empujando en su vaivén alocado una pequeña lágrima de emoción que humedece su ojo izquierdo, el único que permanece ligeramente abierto, como el de un boxeador tremendamente castigado después de un despiadado combate de doce asaltos.

- Bueno, después de unos cuantos puntos de sutura en toda la cara y recomponer un par de costillas rotas creo que no tiene nada más. De todos modos hay que esperar a una exploración más exhaustiva en el hospital y le hemos puesto el collarín por seguridad. Pudo ser peor, la verdad.
Y tú no te preocupes - continúa la doctora - que lo tuyo no son más que unas escoceduras que es necesario limpiar y desinfectar. Lo del brazo seguramente será sólo una fisura que se solucionará con unos días de descanso y un cabestrillo.

- ¡Gracias! - Responde ella más tranquila.

    Él quiere llorar pero no puede, quiere hablar y decir algo pero tampoco puede. Sólo le salen unos balbuceos apenas inaudibles. Por un momento siente desvanecerse y se encuentra de nuevo en el escenario del local con el micrófono en la mano. Aparte de los camareros que parecen no reparar en él no hay público en la sala, sólo en una esquina al fondo en la penumbra parece adivinar la silueta de una mujer rubia sentada con las piernas cruzadas y una copa en la mano que permanece atenta a él. Sabe que es ella.

    Suena la música y cuando sale en todas las pantallas del local la letra en color amarillo comienza a cantar la vieja canción de Juan Bau que tanto gustaba a su madre y que de tanto oírla de chaval se había convertido en una de sus favoritas: ¡Te quiero cada día más!. El no entiende como se puede escuchar dentro del local el ulular agudo y rítmico de una ambulancia e imagina que alguien dejó la puerta de la calle abierta de par en par mientras entra la gente. Poco a poco el desagradable sonido se vuelve más distante en su mente amortiguado bajo el poder inmenso y emocionado de su voz cantando sólo para ella.

    Cuando acaba la canción, exhausto, vuelve a oír nítidamente la condenada sirena. Está de nuevo tumbado en la camilla y los focos del techo vuelven a bailar confusos más allá de la rendija de su ojo izquierdo. Quiere decir algo pero otra vez mil punzadas atraviesan su pecho al mínimo esfuerzo como un baile infernal de dagas vengativas.  Aún así lo intenta.  Imagina su voz clara y potente pero no está seguro de que alguien lo escuche.

- ¡Te juro que nunca más dejaré que nadie te trate como una fulana! - Exclama por dos veces con la convicción y la firmeza de un párroco subido al púlpito de su iglesia con la pretensión de salvar el mundo y a los feligreses gracias al sermón.

    No oye respuesta alguna a sus palabras y tampoco puede girar la cabeza por culpa del collarín pero nota que alguien coge su mano derecha y la acaricia con extrema suavidad y mucho afecto. Su tacto es delicado y cálido. Sabe perfectamente, otra vez, que es ella. No se había sentido tan feliz y pleno como ahora desde que hacían el amor apasionadamente en el jacuzzy de Guadalix, cuando eran todavía pareja. Sus ojos se cierran por el cansancio y se abandona al sueño con una sonrisa. Por fin después de muchos años se siente en paz consigo mismo.


Forastero Marulo

miércoles, 27 de abril de 2016

AQUEL BARCO PIRATA Y OTRO POEMA


    No tenía la intención de remover el pasado bloguero que afecta a una gran parte de los que por aquí andamos, una historia íntimamente relacionada con el blog del Gato en GH 10, cuando éste perdió su libertad y en aquella edición acabó contratado por Telecinco y "El gato encerrado" pasó a formar parte de la poderosa máquina mediática de la "cadena amiga" para comentar el concurso de Gran Hermano con el apoyo de toda su infraestructura vendiendo de alguna manera su alma al diablo. En alguna otra entrada de este blog, en párrafos salpicados por aquí y por allá, y sobre todo en muchos comentarios a lo largo de todos estos años comentando el concurso en cada edición, venga al caso o no, volvemos de forma recurrente y cansina a lo que ocurrió entre GH 10 y GH 11, con el ascenso y caída de la plataforma ivanista - la madre de todas las batallas blogueras que cimentó desde el Gato la victoria de Ivan Madrazo en aquella edición - y posteriormente con la guerra definitiva a lo largo de GH 11 en la gatera que acabó con la espantada y el exilio de la mayoría de los que por allí escribíamos para esfumarnos o recalar en los nuevos espacios que fueron naciendo, creciendo y algunos desapareciendo al poco tiempo, como hongos, para comentar el programa con más libertad y buscando una bocanada de aire fresco.

    Algunos eran y son lugares pequeños e íntimos como esta casa, otros sin embargo se convirtieron por méritos propios en nuevos foros para comentar el concurso con un éxito arrollador superando con creces, en ocasiones, a la casa original de Telecinco que nos "parió" a la mayoría. Cíclicamente se producen nuevas escisiones y pequeñas revoluciones, que reajustan al personal que se va ubicando donde se siente más cómodo y en consonancia con sus gustos, sus intereses, y en función sobre todo de la sintonía con el administrador o administradores, y con los comentaristas del lugar en cuestión elegido. Es decir como la vida misma, con sus dosis de dolor y alegría, de afectos y desengaños que cimentan aún más los lazos previos o siembran el camino de "cadáveres" virtuales.

     Decía que no era mi intención abrir el baúl de los recuerdos, pero tras leer estos últimos días los magníficos comentarios en el blog de Jota Katu rememorando estos asuntos del pasado, y al rebufo de los acontecimientos últimos en los espacios de opinión comprobando como hay situaciones que se repiten en el tiempo de forma parecida aunque con matices diferentes, se me despertó la vena nostálgica y me sumergí en la hemeroteca personal. Ese lugar donde guardo olvidados y cubiertos de polvo, como el arpa aquella del poema de Bécquer, algunas opiniones propias y comentarios de aquellos tiempos en el Gato Encerrado que conseguí rescatar por casualidad porque alguien tuvo la extraña y sorprendente ocurrencia de interesarse por algunos de ellos y enlazarlos o reproducirlos en otros foros.

    Con el pensamiento de que en la vida no es posible explicar lo que somos si no entendemos lo que fuimos, intervine en la conversación para mencionar un comentario que publiqué en el Gato entre GH 10 y GH 11 donde me explayaba desde la orilla opuesta, y una visión marula muy particular, sobre lo que significó el naufragio de aquella todo poderosa plataforma ivanista después de conseguir el triunfo de Iván Madrazo, su pirata.  Para mi sorpresa, Maltissa comentó que se acordaba de ese comentario y me pidió que lo rescatase. Prometí que lo haría y como acostumbro a cumplir mis promesas me percaté además, al releerlo, que cambiando nicks y situaciones aquel escrito del barco pirata que se hunde en una guerra fraticida no es más que una alegoría que se puede aplicar perfectamente a situaciones que se repiten con cierta frecuencia en estos mundos virtuales cuando hablamos de nuestro concurso.

    A lo que voy, pocos días después de llevarse Iván el premio tras descolgarse triunfante por aquella tirolina para salir el último de la casa de Guadalix, y tras la catarsis que supuso aquella famosa intervención de Karla la Guerrera en el debate final de la edición, leyéndole emocionada una carta de la plataforma que se creó para defenderlo y llevarlo en volandas a la victoria, aquel barco pirata en el que se subieron todos los ivanistas empezó a resquebrajarse y se convirtió en la casa de tócame roque y un sálvese quién pueda.  Después vino GH 11, y el tema de Tatiana para dar la puntilla, pero es otra historia.

-------------------------------------------------------------------------------------------
EL GATO ENCERRADO

6454. Publicado por: marulo | 15 Febrero 2009 a las 02.59

    Te lo digo a ti compañero troll de siempre, pero en realidad es para todos, incluso para la tripulación numerosa y entusiasta de ese barco pirata enemigo que surcó la red bombardeando sin compasión nuestras pequeñas pero recias barcas no ivanistas.

    Con munición renovada y constante, pertrechados y armados hasta los dientes, unieron sus fuerzas comandados siempre por la ahora innombrable capitana guerrera (al menos así me lo pareció a mí, su liderazgo) y recibieron todo el apoyo logístico posible bajo la luz incontestable de su pirata jefe, Iván, su mascarón de proa.   Ese Jon Silver “el largo”, con parche y loro incluido y su lugarteniente Chiky como apoyo principal, cual pata de palo siempre a su lado, en pos del tesoro prometido.

    Todas las noches, sobretodo las de los martes después de la gala, sufríamos sus ataques y embestidas poderosas al tiempo que escuchábamos sus gritos enardecidos y arrogantes. Después, en la borrachera victoriosa de cada noche soportábamos estoicos su canciones entonadas con voz ronca y arrogante: - ¡Rooon, rooon, ron, la botella de rooon! -
Siempre que oigo esta canción me acuerdo del maravilloso libro y la estupenda película de la “Isla del tesoro” http://www.youtube.com/watch?v=9nEsIFLRZko

    Nosotros éramos pocos, y fuimos menos todavía a medida que la “patente de corso” adquiría las proporciones gigantescas de una marabunta mediática que nos arrollaba sin compasión en este blog y en otros foros, inundando los mares de la red con su irrefrenable plataforma.  Una contienda desproporcionada y brutal, en la que cada semana los bucaneros y filibusteros del cántabro conquistaron al abordaje, una a una, nuestras embarcaciones, hundiéndolas y derrotándonos.

    Sólo una pequeña barca con los últimos trolls valientes y orgullosos resistió hasta la batalla final en el mar del Gato.   Algunos piratas fueron caballerosos, contrincantes nobles dentro de semejante despropósito que fue y sigue siendo todo desde nuestra perspectiva “orca”, y fue posible confraternizar con ellos en tierra de nadie llegando incluso, en muchos casos, al afecto sincero.

    Hoy, amontonados en las austeras pero cómodas balsas construidas con los maderos y restos del naufragio, algunos trolls nostálgicos y derrotados navegamos como podemos rumbo al próximo programa, mientras tanto echamos la vista atrás y observamos entristecidos, al menos yo, como el barco pirata, antes poderoso y enemigo, navega a la deriva por nuevos mares procelosos y traicioneros.  Dentro, a lo lejos, se oyen gritos, el ruido escalofriante de las dagas desenvainadas y los espantosos disparos a quemarropa de los mosquetones vengativos entre juramentos imposibles de reproducir.

    Alguien dijo en alguna parte que el momento más peligroso de vivir entre piratas, es siempre justo después de la victoria. La hora del reparto del botín.  Desde los prismáticos que nos quedan contemplamos asombrados la deserción de muchos piratas, como saltan con lo puesto por la borda huyendo de la quema, y en los palos de la vela mayor se ven cadáveres colgando de algunos ajusticiados.

    La famosa luz que los guiaba se ha convertido en una pira horrenda y fraticida donde arden con estrépito y decepción los egos y las ilusiones robadas de un sueño que ganaron.  El humo se ve a lo lejos colándose entre las velas llenándolo todo, de proa a popa, de babor a estribor. Pequeñas chalupas de salvamento se echan a la mar, se alejan como pueden del barco y aparecen por doquier repletas de piratas convertidos en una nueva estirpe de trolls que ya navegan remando a nuestro lado sin fijarse en nosotros. Unos van apretando los dientes ensimismados, otros con lágrimas y los más, mascando su rabia y resentimiento.  Algunos de ellos, cómplices, nos miran y sonríen tristemente ensayando un tímido saludo.

Vamos todos con el mismo rumbo. Destino a GH 11.

Marulo
-------------------------------------------------------------------------------------------

     Para terminar aprovecho la ocasión para colar el poema también prometido. Un capricho personal. Hablo de otro poema porque es el segundo de cosecha propia que publico en el blog en todos estos años.
                                    
LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

Tus lágrimas se perderán en la lluvia

diluidas entre los ríos infinitos del mundo

y nada quedará de tus recuerdos ni tu dolor.

Cuando el sol vuelva con fuerza

y se evapore todo

la emoción de los días del pasado

será como el eco ínfimo de una gota

inmersa en medio del océano.

Y las palabras que tenían tanto sentido

arañando tu corazón hasta sangrar

serán como el roce leve de una pluma

perdida en medio de la tormenta.

Nada. Sólo un suspiro.

Un deseo sin retorno.

Una mota de polvo suspendida

en algún lugar del universo.

Un sueño dentro de un sueño

donde creías que lo tenías todo.

La calidez de una mirada.

La ternura de un beso.

Una sonrisa.


Forastero marulo

viernes, 22 de abril de 2016

¡CARMIÑA, OYE, DEJO ESTO!


   Igual que en años anteriores no he seguido GH VIP 16 ni seguiré tampoco Supervivientes, que acaba de empezar. Ya he explicado varias veces las razones de porqué sigo sólo el GH normal, y como no me quiero repetir sólo diré que ya es complicado estar al pie del cañón desde un blog durante los meses de duración del programa, tanto que acaba uno exhausto y con sentimientos encontrados al final de cada edición, como para tirarse a la piscina con los múltiples sucedáneos del GH original por mucho éxito que tengan y superen en seguimiento a su padre putativo, el de toda la vida, el de los concursantes anónimos para entendernos, como a mí me gusta.  Nunca me atrajo seguir las peripecias de determinados famosetes de medio pelo embutidos en concursos adaptados y preparados en general para remover sus porquerías y miserias personales o familiares con la intención de fomentar la polémica y captar la atención del público. Aunque entiendo perfectamente, y admiro por su valentía y aguante, a quiénes sí se enganchan con interés y lo viven apasionadamente. Reconozco que alguna vez lo he intentado pero se quedó en eso, en intento, porque no me compensa y no puedo con ello.

   Tal vez sea por incapacidad propia pero no estoy en condiciones de aguantar la dura prueba de pasar tantas horas pendiente de estos personajes y acabar de remate, como guinda del pastel, sin satisfacción y cabreado hasta límites insospechados por culpa de tanta adulteración y manipulación para mayor gloria de unos y de otros. Tanto de la parte contratante, la casa amiga, como de la parte contratada, los fulanos y fulanas en cuestión. Y en medio atrapados, voluntariamente eso sí, todos aquellos que intentan simplemente disfrutar y entretenerse con estos programas comentando la jugada e implicándose, la gran mayoría con intenciones honestas y de buena fe desde las redes y otros foros, aportando al producto una dignidad y una categoría que en verdad no se merece (qué buenos vasallos si hubiese buen señor). Con el agravante, además, de que por culpa del veneno que se destila en concursos tan viciados de antemano cabe la posibilidad de que personas magníficas, e incluso amigas entre ellas, pudiesen acabar enfrentadas o pasando un mal trago defendiendo posturas contrapuestas desde las redes sociales. Es cosa mía lo sé, pero por ahí sí que no paso. Ya tengo suficiente con la ración anual de frustraciones a cuenta de mi GH de siempre como para amargarme con otros realitys y no soy capaz de tomármelo como un simple divertimento para desconectar, que sería lo suyo. Sinceramente, para eso prefiero otras cosas.
   En definitiva, que con personajes diferentes este año pero con el mismo “modus operandi” marca de la casa, y sin verlo, volvería a suscribir gran parte de lo que comenté en la entrada que publiqué el año pasado por estas fechas, justo al terminar GH Vip 2015, aquél que ganó la princesa del pueblo y poco antes de que comenzase el supervivientes de la edición pasada: ¡¡Más madera!! se titulaba. Es decir que estoy en la misma situación que entonces pero más desenganchado que nunca, algo que lamento únicamente por no poder disfrutar a fondo de las entradas y los comentarios de los blogs de Ácrata y Jota Katu, y alguno más. 

    Para ilustrar un poco más el tema me gustaría contar una anécdota. Hace unos días aluciné en colores hablando con un amigo de Madrid que, conociendo mi debilidad por la casa de Guadalix, me contaba horrorizado que el centro de la capital estaba tomado por dos manifestaciones muy numerosas (ya quisieran para otras causas ese poder de convocatoria) y enfrentadas para apoyar la una a Laura Matamoros y la otra a Carlos Lozano. Tal como están las cosas en el país y ante su incredulidad me dio un ataque de risa incontrolable – por no llorar – hasta el punto que el hombre casi pilla un mosqueo en toda regla conmigo.  Tras pedir disculpas y darle las oportunas explicaciones y ante semejante espectáculo, y despropósito, me alegré de no saber prácticamente nada del concurso y más aún de no haberme implicado en el GH VIP de marras.

   En estas ocasiones me acuerdo del inefable Pazos, el mítico gánster gallego de la también mítica película de los noventa – Airbag – interpretado magistralmente por el actor Manuel Manquiña, que en la escena final, agotado y hecho unos zorros después de tanta aventura y tantos problemas para llevar a cabo su misión, llama a su mujer para decirle que lo deja, que no aguanta más:

- ¡Carmiña, oye dejo esto eh!. ¡Es muy estresante!
(Ella le contesta algo que no oímos)
- ¡Interesante no, mujer, estresante!

    Pues eso,  aunque no me sirva de nada y vuelva casi siempre a las andadas, todos los años al acabar Gran Hermano y después de escribir la última entrada de la edición me repito a mi mismo como un mantra la frase del diálogo de Pazos con su mujer al final de la película.  Pero un año de estos quién sabe...

Forastero marulo

martes, 1 de marzo de 2016

¡¡SOY MINISTÉRICO, POR SANTIAGO!!


    Desde el primer momento y el episodio inicial de la primera temporada quedé enganchado irremediablemente por el encanto del Ministerio del tiempo, la maravillosa serie española ideada por los hermanos Olivares, Javier y Pablo, el segundo fallecido desgraciadamente poco antes del comienzo de la primera temporada que se estrenó el año pasado por estas fechas.  Ellos fueron también los guionistas de la primera temporada de Isabel, la imprescindible serie sobre la vida de la emblemática reina de Castilla, que tras contraer matrimonio con su primo Fernando de Aragón, y la unión de sus respectivos reinos se formó España, o las Españas, esta nación nuestra que a pesar de todo todavía late y existe más de 500 años después. Eso sí, agarrada entre alfileres y pinzas. Sabía por tanto que las expectativas que me había creado con la nueva serie no podían fallar, porque "el ministerio del tiempo", además de navegar libremente por nuestra historia, pretende hacerlo de una forma original conjugando aventura, drama, intriga, humor inteligente y sobre todo desde una perspectiva fantástica, pop y de ciencia ficción gracias a la base sólida de unos guiones de gran calidad. No es perfecta desde luego y faltan cosas, fallos en gran parte producto del escaso presupuesto que manejan, pero funciona, hasta el punto que incluso sus limitaciones, y sobre todo la manera ingeniosa y creativa de solventarlas, forman parte de su atractivo y su mérito.

    Desde el primer capítulo pensé que esta serie estaba diseñada expresamente para mí, porque contaba con todos los ingredientes que podía soñar, aquellos elementos que me atraen desde niño y adolescente y que me remiten a los libros, series y películas que me han acompañado desde siempre y constituyen una referencia para explicar en gran parte el adulto que soy. Sólo deseaba que una apuesta tan tentadora y novedosa, con todos los boletos para ganar, se convirtiese en todo un éxito y de paso un fenómeno televisivo. Y no me equivoqué, porque me las prometía felices y las esperanzas que había depositado en ella están superando con creces todas mis expectativas. No me lo podía creer, que después de tantos años por fin una serie recogiese en una mezcolanza original y genial, con calidad, todo aquello que me gusta: una propuesta de ciencia ficción y aventura jugando con nuestra historia, tan rica y extensa, de una forma inteligente, amena y divertida.  Me acordé de la frase aquella que nos decía el periodista Pedro Erquicia cuando presentaba el emblemático programa de Documentos TV: "Éste es un programa para espectadores como usted". 

    Evidentemente para entrar de lleno en el juego que nos propone la serie hay que aceptar una serie de premisas y los condicionantes que supone, con todas sus contradicciones y las evidentes paradojas temporales que se pueden producir, la posibilidad de juntar nuestra historia tan amplia, cabrona e intensa - tela marinera - con los viajes en el tiempo. La propia idea central que plantea la serie con la existencia de un ministerio secreto en España desde tiempos de los Reyes Católicos con la capacidad de viajar en el tiempo a través de unas puertas que te transportan directamente a otras épocas dentro de la nación, y lo que fueron sus reinos y posesiones, - pero siempre hacia el pasado - es perturbadora, porque tiene la misión de preservar el pasado tal como está - y ya sabemos lo complicada y jodida de nuestra historia en lo bueno y en lo malo - intentando evitar que nadie pueda cambiarla para beneficio propio o por intereses ideológicos, altruistas y de diversa índole.

    La hipótesis de partida es que cualquier modificación de nuestro pasado por bienintencionado que parezca puede resultar fatal para el presente y nadie puede asegurar las consecuencias de dichos cambios, porque las cosas podrían ser peores de lo que son ahora mismo a causa de esas intromisiones. Por supuesto la serie juega estupendamente con esta situación porque plantea dilemas morales de gran carga emotiva a sus protagonistas por las decisiones que deben tomar al obedecer órdenes superiores en sus misiones y por la tentación de cambiar cosas de su vida personal que afectan a sus seres queridos en el pasado. En este sentido el último capítulo de la temporada pasada, el octavo, fue brutal al mostrar el sufrimiento y la frustración de Julián, uno de los principales protagonistas interpretado por Rodolfo Sancho, por no poder avisar a García Lorca de que lo iban a asesinar unos años después al comienzo de la Guerra Civil en 1936. O cuando el mismo agente intenta salvar a sus mujer del accidente en el que murió atropellada unos años antes produciéndose la paradoja de que él es en realidad el causante de su muerte de manera fortuita cuando viaja al pasado para intentar salvarla.
    Con este material y gracias a unos guiones fantásticos llenos de guiños literarios y cinéfilos, con referencias constantes a la cultura y a cuestiones de actualidad candentes, con unos diálogos rebosantes de humor y un respeto absoluto a la inteligencia del espectador, han construido una serie original, valiente, entretenida y sobre todo instructiva e interactiva, porque te obliga a no permanecer pasivo ante el producto televisivo que estás viendo provocando tu curiosidad y las ganas de saber más sobre aquello que te cuentan: de las tramas y los personajes históricos, o sobre una época determinada de nuestra sufrida historia. Y lo hacen con mucho cariño y sana ironía a través de unos personajes principales muy bien diseñados y mejor interpretados por un elenco inmejorable de actores y actrices, tanto los principales como los secundarios.  No se puede pedir más.  Entiendo que muchas veces estamos hartos del día a día y lo que buscamos es un entretenimiento fácil que no nos haga pensar demasiado. Este blog mismo que nació para comentar el Gran Hermano original es una muestra de ello, pero todo es compatible. Incluso diría que puede ser complementario. Hasta el punto de que he fantaseado con escribir una de mis historias marulas - una esas que a veces me saco de la manga entre edición y edición de GH - mezclando personajes de nuestro GH con el Ministerio del Tiempo.

    No me costaría imaginar lo que sería, por ejemplo, que la patrulla del ministerio del tiempo o alguien con muy mala leche y ganas poner trabas a la proliferación de los realitys actuales a partir del nacimiento de GH en el año 2000 - la raíz primigenia del problema para ese supuesto talibán - viajase al año 1992 para convencer a una joven y prometedora periodista para que renunciase a presentar en un futuro próximo un programa que se llamaría Gran Hermano. Esa joven promesa era Mercedes Mila en la cresta de la ola cuando presentaba "Queremos saber" - el mítico programa de televisión de Antena 3 en sus comienzos que nos regaló algunas entrevistas antológicas, como aquélla a don Camilo José Cela, nuestro premio Nobel de literatura que estuvo a punto de hacer en directo una demostración de como absorber con el ano agua de una palangana, o el día en que Francisco Umbral, con unas copas de más, reclamaba airadamente que había ido allí a hablar de su libro.

    Para conseguir su propósito, aunque en sentido contrario, los agentes del ministerio harían lo mismo que hicieron con Cervantes en el capítulo de ayer para que comprobase la magnitud y el peso del Quijote en el futuro y se animase a volver a escribir su gran novela universal que había vendido a unos estafadores venidos del futuro, y traerían también a la Milá hasta el presente para que asistiese a una de sus galas gloriosas en las últimas ediciones de GH. A ser posible una de esas en que perdió los papeles enseñando el culo y las bragas a toda España, o dejándose tocar las tetas en el plató de Telecinco por cualquier tipejo concursante del programa ante el regocijo de la plebe enardecida jaleando la gracia y ante el asombro de millones de espectadores. Desde luego sería un arma de disuasión perfecta porque habría muchas probabilidades de que ella, escandalizada al comprobar en qué se iba a convertir su brillante carrera periodística por culpa de ese concurso revolucionario, no aceptaría jamás presentar semejante programa. Sin ella como presentadora probablemente el concurso más famoso y longevo de la televisión no tendría la repercusión y el éxito que tuvo y se agotaría la fórmula en dos o tres ediciones. En consecuencia ahora mismo nosotros no estaríamos aquí, porque nuestros blogs no existirían ni nos habríamos conocido. Nada, hablar por hablar, pero son especulaciones que molan un huevo. Paradojas maravillosas que nos hacen pensar y jugar con nuestro pasado y nuestro presente, con lo que fuimos, con lo que somos y lo que pudimos ser.

Forastero marulo