1.- Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada (Edmund Burke)

2.- Hay un límite a partir del cual la tolerancia deja de ser virtud (Edmund Burke)

viernes, 23 de septiembre de 2016

UNA LECCIÓN MAGISTRAL

    Para ser más precisos con el lenguaje, Pablo no abandonó esa especie de engendro de Contra club que se sacó de la manga la cadena para lo suyo después de su expulsión. El término exacto es que rechazó esa denigrante oferta en forma de manzana envenenada que suponía convivir tres semanas con Maite Galdeano, Amor y Mª José Galera con la promesa de que tres semanas después podría ser repescado. Una condena que el sensible y particular concursante no estaba dispuesto a aceptar con toda la razón.

    Podría decir con más criterio que la decisión de Pablo no es más que una lección de pundonor con mayúsculas, pero en realidad lo que nos dio ayer a todos, sobre todo a la dirección del programa a la que dejó con palmo de narices después de asegurarse de que no tenía que pagar un duro por largarse con todo su derecho, es una lección magistral. No sólo por cómo lo hizo, echando por tierra todo el invento tramposo y cínico que habían planteado, sino también por los argumentos que utilizó. En el fondo, el gofrero, con una dignidad digna de elogio, sobre todo teniendo en cuenta su juventud, se erigió sin saberlo en portavoz del verdadero espíritu de GH, de todas aquellas esencias que tantas veces hemos defendido muchos de nosotros y que sostienen la magia y el sello inconfundible de nuestro programa.

    Hacía tiempo que no aplaudía tanto y sin restricciones el discurso de alguien en la tele, como después de que Pablo explicase con serenidad y emoción contenida a un cariacontecido JJV (acostumbrado a otro tipo de personajes donde prima la impostura, el cinismo y el interés) que él había venido a vivir GH y aquello – el contra club - no era GH, que era otra cosa, y si no continuaba en su casa, la de Guadalix, con sus amigos y enemigos, con sus alegrías y sus problemas, no quería saber de nada más y aceptaba deportivamente que la gente le hubiese echado. En realidad que el detonante de su marcha fuese la actitud de una insufrible Maite u otra cosa, da lo mismo, la realidad es que Pablo reaccionó imbuido de alguna manera por el espíritu de miles y miles de seguidores del programa como si todos a la vez estuviésemos insuflándole fuerzas para rechazar el cinismo de la cadena. 

    Además el chaval, probablemente damnificado, acabó expulsado en vez de Miguel por culpa del contra club. Es bastante evidente cómo cambiaron los porcentajes de expulsión después de que se anunciase la ocurrencia y se supiera de qué se trataba. No es descabellado aventurar, y yo estoy convencido de ello, que una parte importante de la audiencia, la más morbosa y encantada con el supuesto festín que supondría asistir a la convivencia de una personalidad tan peculiar como la del gofrero con Maite Galdeano y las demás primeras expulsadas, decidiese condenarlo sin remedio. Estaba muy claro que el Contraclub acabaría adulterando y condicionando las expulsiones de cada semana, porque muchos espectadores, como se ha comprobado, acabarían votando más por las expectativas de diversión y polémica que un concursante nominado pudiese ofrecer en el contraclub que en función de lo que ocurre en el concurso, como debería ser.
    Reconozco que Pablo no es un concursante que me entusiasme pero creo que todos los que amamos este formato debemos estarle eternamente agradecidos por su decisión y lección de ayer.  Además, por lo menos, tuvo la posibilidad de disfrutar de la liturgia que significa la despedida de sus compañeros de la casa con la ilusión de un niño la mañana de Reyes. Una despedida educada y elegante, incluso de Miguel, tan acorde con su pajarita.  Pablo tampoco tuvo familiares ni amigos que lo arropasen en el plató porque nadie contaba con que daría la espantada, por eso resultó más enternecedor su grito: ¡Abuela te quiero mucho!. Dadas las circunstancias de su expulsión creo que se merece una segunda oportunidad y que de alguna manera debería articularse una repesca, porque es una verdad irrefutable que para este zamorano con alma de E.T. ésa es su casa, ése es su sofá y ésos son su compañeros. Todo lo demás sobra.

    Desde luego la gala de ayer se convirtió en uno de los días más nefastos para el programa en años, sólo había que oír el tono voz del súper cuando mandaba los concursantes a nominar.  La cosa empezó con la injusta e hipócrita expulsión disciplinaria y directa de Álvaro. No voy revolver demasiado el asunto porque me dan ganas de cerrar este chiringuito bloguero sobre GH y no quiero dejarme llevar por la impulsividad, además sería redundar en lo que dejé escrito sobre el tema en la anterior entrada.  Sólo quisiera recalcar la cínica justificación del presentador apelando al ideario y el compromiso de la cadena – precisamente la reina de la telebasura y Sálvames -  que luego remató cuando se lo comunicó al resto de los concursantes diciéndoles, más o menos, que hay cosas que no se pueden permitir porque ellos son un ejemplo para toda la gente que los ve desde sus casas.  Y se quedó tan ancho.  Quién leyó perfectamente la situación fue Pol, que no se sorprendió en absoluto de la expulsión de Álvaro porque según dijo a los compañeros su amigo sevillano había hecho alguna broma o comentario fuera de lugar. Después, clarividente en su simpleza, el catalán advirtió a todos que “aquí hay que andar con pies de plomo”, que traducido viene a decir que de igual manera que pasa actualmente en todos los órdenes de la vida, en Guadalix a partir de ahora no les queda más remedio que ser políticamente correctos y tener extremo cuidado con lo que se dice, aunque sea a costa de autocensurar lo que uno piense. 
    Tenía ganas de hablar de algunas cosas más, por ejemplo de lo que pasó en el club entre Bárbara, Fernando (el Don Santo que dice Meritxell con mucho tino) y Pol a la hora de elegir quién tendría el privilegio de doblar las nominaciones. Al final se decidieron por Rodrigo tras imponer su opinión los otros dos a la bloguera.  O comentar el rebote de Pol con Montse al ver que le calzó tres puntos como tres soles y las razones que dio por no dar palo al agua. También, tal vez, comentar como Rodrigo el tristón deambula por la casa como un zombi al que le quitaron un caramelo que creía suyo, y comprobar cómo el caramelo le endosó a su vez tres puntos mientras retoza con su amigo en una carpeta tan poco creíble y forzada. Y mientras tanto Bea sigue empeñada en su lograr consuelo a base de cariñitos y arrumacos por si suena la flauta. El que la sigue la consigue y si no que le pida consejo Pol.

    Resulta interesante comprobar cómo algunos concursantes comienzan a cuestionar la forma de concursar de Alain, el divino francés, por ir de don perfecto y su tendencia a no mojarse. Él mismo es consciente de la situación cuando comenta que todos lo ven como el bueno, y se excusa argumentando que sólo intenta hablar y no chillar.

    Para terminar decir que no sé lo que ha ocurrido durante el día en la casa, pero ayer noche después de la gala resultó muy interesante una conversación entre Candelas, Noelia y Montse por sus consecuencias. Estaban hablando de las nominaciones y la granjera y la asturiana se sinceraban entre ellas intentando fortalecer su relación cuando Noelia, después de explicar a las otras dos lo difícil que le resultó nominar, les reveló que se quedó muy extrañada con un comentario que le hizo Bárbara al salir del club tras las nominaciones. Al parecer le dijo que se notaba que era una buena persona por cómo decía las cosas o algo así.  La cordobesa dijo que por esas palabras sospechaba que los miembros del club podían ver las nominaciones de los demás.  Candelas, creo, corroboró también esa sensación por la actitud que notó en Fer hacia ella, como si la evitase, después de nominarlo al salir del club.  Como la información es poder, gracias al descuido de la bloguera, esta sospecha puede cambiar la actitud y la forma de nominar de ellas en función de quien pertenezca al club. Algo que le vendrá muy bien a Montse, por ejemplo, al saber que Pol puede estar al tanto de lo que dijo de él cuando lo nominó.


Forastero marulo


miércoles, 21 de septiembre de 2016

LA CUADRATURA DE LOS TRIÁNGULOS

     No sé lo que diría Groucho Marx de que una mujer como Bárbara, que será de todo menos simple, fuese socia de un club al que él perteneciese. El caso es que gracias al fallo de Adara en la prueba de las bolas hace unos días, han decidido repetirla y tenemos por tanto antes de tiempo un segundo miembro (o miembra como dirían los modernos políticamente correctos) en la sala de mando de la nave nodriza GH 17 anclada por unos meses en los parajes de Guadalix.
    
    El club crece, esa es la realidad, y hasta ayer, antes de su exaltada bronca de anoche que luego comentaré, estaba seguro de que la bloguera sabría hacer un uso pertinente, e inteligente, por no decir taimado, de los poderes que se le otorgan al lado de Pol. Es evidente también que el hecho de que la alicantina, veterana y lista como el hambre, haya adelantado por la derecha a todos los demás ha molestado, y picado el amor propio, a algunos de sus compañeros. Sobre todo, como no podía ser de otra manera, al resto de los miembros del club del macherío de la casa, los torpedos sexuales, particularmente a Álvaro.  Hasta el punto de que el extravagante y polémico sevillano, además de criticar y fomentar la desconfianza en los demás hacia Bárbara, incluso delante de Pablo, que fue su defensor en la bronca que tuvo la bloguera con Miguel y que ahora ante las acusaciones del arquitecto a su “amiga” curiosamente no dice ni pío, está buscando el apoyo entre los chicos para conseguir hacerse con un puesto en el club para uno de ellos compinchándose en el juego de las bolas. Lo malo para su plan es que no todos están convencidos, menos mal, de apoyar tal maniobra.

     Antes de continuar quiero hacer un inciso para mencionar el escándalo que se ha montado en la calle a cuenta de los desafortunados e inaceptables comentarios del sevillano en la casa. Una cosa es que a mí el tipo éste, con su forma de concursar y actuar en el concurso no me guste nada de nada y otra rasgarme las vestiduras por las sandeces sin gracia alguna que dice o hace por llamar la atención en plan provocador.  Desde luego no estoy dispuesto a entrar en el juego hipócrita ni la doble moral que subyace detrás de algunas de esas plataformas que nacen como hongos para pedir que instale la horca, o la pira de leña, en la plaza mayor de Guadalix de la sierra para ajusiticiar por las bravas al estrafalario arquitecto sevillano.  En estos casos siempre digo que si no existe un delito flagrante tipificado por parte del tipo del sombrero o de cualquier concursante en un programa como GH, que tiene como leit motiv y razón de ser ser que los concursantes se comporten de forma natural y tal como son, la mejor manera de echar a alguien es a través de la expulsión por parte del público.  Ya si acaso, qué mejor manera que usar la entrevista del presentador el día de su expulsión en el plató para poner a este personaje en su justo lugar.  En fin, es mi opinión, pero tal cómo veo la cosa y no digo más, no puedo olvidarme de lo que pasó con la expulsión en su momento del Yoyas, o la que se montó con Tatiana en GH 11. Y no digamos más recientemente con la vergonzosa expulsión disciplinaria de Argi en GH 14.
    Es gracioso, porque a veces los más inquisidores caen en sus propias trampas y se les ve enseguida el plumero. Para muestra el comentarista ese de barbas con acento extranjero que se declara vegano – no recuerdo ahora su nombre – que en el programa de ayer pedía furibundo la expulsión directa de Álvaro hasta el punto que sólo le falto acusarle de la muerte de Kennedy. Al tipo después le falló el subconsciente cuando llamó puticlub al contra club que se formará con los tres primeros expulsados después de enterarse que, además de Maite Galdeano entraba también Mª José Galera, la primera expulsada de la historia de gran hermano.  Ante el enfado de Jorgeja por semejante comentario el colaborador intentaba disculparse argumentando que había sido una confusión lingüística, y que él, dándose golpes en el pecho, jamás diría algo así. ¡Cuánta paciencia tenemos que tener!

   Soy poco amigo de las carpetas salvo que se trate de una historia de atracción interesante y significativa hasta el punto de hacer crecer en la casa a sus protagonistas y mejorarlos como concursantes y personas. En su lugar, antes de una carpetilla sobrevenida y descafeinada, prefiero una historia de pasión y sexo puro y duro sin más, como la que protagonizaron Arturo e Indhira en GH 11, por ejemplo.  Pero no podemos engañarnos, la cadena está encantada con las carpetas y los juegos amorosos evanescentes y adolescentes alrededor de Adara, a la que alguien el otro día, no sé quién, llamaba peliculera. Vamos a ver, todo el mundo sabe, ellos los primeros, que los líos del corazón y la entrepierna en Guadalix venden mucho. Vaya si venden.  Y con tantas cámaras es normal que más de uno se piense de verdad que está viviendo una película en tiempo real con millones de espectadores pendientes de cada uno de sus gestos, de cada mirada y de cada palabra. 

    No digo que no, y seguramente Adara y Rodrigo sentían y sienten atracción mutua, eso es evidente. El problema es que los dos están acostumbrados en sus vidas a llevar la voz cantante y la sartén por el mango en los vaciles y flirteos superficiales que forman parte del juego de la seducción con el sexo opuesto. Ellos suelen ser los deseados, los que mandan y marcan la pauta en las relaciones sentimentales, lo que deja un poso de soberbia difícil de superar a la hora de dar el brazo a torcer y reconocer que uno no tiene la batuta. Con frecuencia los vanidosos, los que lo tienen y lo quieren todo y ahora, sufren una especie de síndrome de emperador y son incapaces de asumir que el amor, o la atracción, les han vencido, y ante el terror insuperable de que puedan ser rechazados no saben entregarse sin la red salvadora de que son ellos los que dominan la situación. Por eso se empantanaron y ninguno de los dos quiso dar un paso en falso para quedar en manos del otro. Una afrenta inaceptable para sus egos que los ha distanciado al menos de momento aunque se sigan gustando. Incluso ahora que ella y Pol se han liado y tenemos besos y juegos digitales o manuales bajo las sábanas entre el hombre genéticamente perfecto y la bella azafata. Una carpeta al fin, vamos, aunque no se trate de la carpeta que toda la peña se esperaba.

    Bea y Pol, sin embargo, los vértices secundarios y opuestos de los dos triángulos, digamos que amorosos con mucha generosidad dentro de su aparente simpleza, son totalmente diferentes. El catalán, al que todo su ego se le muere en la boquilla, está colgado hasta las trancas de la azafata. Daba igual que lo negase las veces que quisiera, fuese por su amigo o jurando por Manitú, porque la mirada le traicionaba y ésta, como en el anuncio mítico aquel del algodón, jamás engaña. Ella lo sabía y por eso lo tiene ahora totalmente rendido a sus pies tras apurar esa amistad “sui géneris” con arrumacos, caricias y entrega mutua cuya consecuencia lógica es lo que ha ocurrido.   El afecto y el cariño jamás es inocuo, y menos a esas edades. El mismo juego inocente tantas veces repetido en miles de grupos adolescentes y juveniles se estaba volviendo tan peligroso en la casa que acabó por estallar, más pronto que tarde, en los morros de los cuatro.  Y lo que nos espera todavía para regocijo de la cadena y el disfrute de espectadores carpeteriles.

    Rodrigo por su parte se deja querer, cuidar y mimar por una Bea entusiasta que no se hace demasiadas preguntas y se lanza sin más a disfrutar de esa relación tan especial que está forjando también con el madrileño al amparo del distanciamiento de él con la que era su amiga. Parece que sus respectivos tatuajes se estén fundiendo y aclimatando hasta encontrarse gracias a la vitalidad y determinación sin complejos que muestra siempre la naranjita, que no se separa de él para casi nada, acariciándolo y estrujándolo a todas horas mientras espera que la fruta caiga de madura bajo el sol abrasador de las miradas entrecruzadas de los cuatro. Al mismo tiempo, en pleno apocalipsis choni-pijo y abducida por un arrebato de consejera sentimental, discute con su amiga a grito pelado delante de toda la casa acusando a la azafata de estar jugando con los sentimientos de Pol y creándole ilusiones falsas.  El caso es que las ilusiones del catalán, gracias a su entrega paciente y humilde, se han convertido en realidades húmedas e íntimas con Adara. Resumiendo, ya tenemos dos triángulos superpuestos a punto de formar la cuadratura perfecta. El big bang carpeteril que tanto anhela la cadena para amarrar una edición que por momentos parece que se les escurre entre las manos.

    Vale, ésta es una de las tramas de la peli de Guadalix - la romántico-carpetera - y nosotros que seguimos el concurso impenitentes recibiremos la ración diaria estipulada, demasiado inflada para mi gusto, que decidan los que mandan. Claro que yo todo esto lo despacharía en cinco o diez minutos si me apuran, y a otra cosa mariposa, pero ya sabemos que cada vez es más necesario alimentar el espíritu carpetero y “votador” de una parte importante de los espectadores que tanto mima y cuida la cadena.  No digo yo tampoco que reniegue de una historia de amor a lo grande en esa casa, pero como eso es bastante difícil de que se produzca hay que apechugar con estas historietas que desde mi punto de vista se escriben, de momento, con minúsculas. Como ya sabemos de qué va todo esto, la realidad es que no nos queda más remedio que admitir que lo que ocurra entre estos cuatro concursantes va a condicionar para bien o para mal la evolución del concurso a partir de ahora, hasta el punto de que dependiendo de sus dimensiones podrían quedar supeditadas, e incluso enterradas, otras tramas que nos puedan interesar más a algunos. Suele pasar, pero para eso estamos nosotros poniendo el dedo en aquello que de verdad nos interesa.
    Por fin Miguel se ha destapado ante Clara descubriendo a su amiga un secreto que toda la casa, más o menos, ya conoce.  Me llamó la atención la liturgia que el modelo organizó para mostrar al verdadero Miguel. Son imaginaciones mías pero hubo un momento en que no sabía si la madrileña se iba a reír del supuesto misterio, que no era tal a esas alturas, en los morros de su amigo para quitarle importancia cuando él se sacó el peluquín. Lo digo por su gesto expectante y su postura, pero en honor a la verdad ella aguantó el tipo y supo dar apoyo y prestancia a un momento tan trascendente para él reaccionando con naturalidad de la mejor forma posible. “Para mí sigues siendo Miguel” le dijo, o algo así, y se fundió en un abrazo con él que deja sellada su amistad con el modelo para lo que queda del concurso.  No pretendo incidir en el tema, porque ya he hablado suficiente sobre esta cuestión, al menos de momento, pero es verdad que a él le ha sentado bien compartir con alguien de la casa su “secreto” y desde entonces se le ve mucho más relajado a pesar de que está nominado y estos pueden ser sus últimos días en la casa. Por lo que dicen las encuestas que se publican en distintos foros la expulsión puede estar entre él y Pablo, su enemigo íntimo.

    Quizás el momento más destacable del resurgir del nuevo Miguel ante Clara en la lavandería fue la aparición estelar e inoportuna de Pablo, que se empeñó tozudo en entrar con ellos dentro y no atendió a razones para que se esperase un momento. “Esta también es mi casa”, dijo más o menos – interrumpiendo parte de la ceremonia de cambio de peluquín con la excusa de que quería coger unos calcetines.  La escena fue un tanto surrealista y la tensión se cortaba con un cuchillo. El modelo no se lo podía creer, con razón creo yo, por la intromisión impertinente del gofrero por muchos derechos que tenga a entrar en cualquier lugar de la casa cuando le dé la gana. El chico, desde luego, no tiene el don de la oportunidad y cuando se siente henchido de razón le cuesta entender algunas cosas básicas de sentido común, algo curioso e incongruente porque a menudo sus discursos están repletos del más común de los sentidos.
    No quiero pensar si uno de estos dos sale expulsado el próximo jueves, sobre todo si se trata del gofrero, lo que puede ser asistir a una semana de convivencia de Pablo con Maite Galdeano, y ahora también Mª José Galera como dijimos antes. Qué conste que no me gusta un pelo el invento de meter a los próximos tres expulsados en una casa o estancia, a la que denominarán el contraclub, junto a algunos de los primeros expulsados de anteriores ediciones con la intención de hacer después la clásica repesca. Un as en la manga que se guarda la dirección del programa que puede restar protagonismo a lo más importante del concurso que es la casa de Guadalix y sus concursantes. A ver en qué acaba todo esto, porque entre el club, el contraclub y demás cuestiones quedan demasiados cabos sueltos y muchas más preguntas que respuestas sobre el discurrir del programa.

     Ahora mismo no estoy en condiciones de destripar ni analizar la que se montó ayer en el salón en pleno directo con la propuesta del programa de que los concursantes no nominados de la semana se colocasen detrás del compañero nominado que preferían que saliese y dando los motivos de su posicionamiento a continuación.  Me llamó la atención la pérdida de papeles de Bárbara en su discusión con Miguel y Clara, y más ahora que disfruta de los privilegios del club con Pol. Es como si hubiese percibido que ha sentado fatal en la casa que ella haya ganado la prueba, sobre todo entre los que tenía por amigos, fundamentalmente a Álvaro como ya he comentado. También es para mirarse seriamente lo de las meteduras de pata continuas de Fernando que cada vez que habla o se posiciona sube el pan.  O las risitas maliciosas de Bea con toda bulla que se estaba montando.  Tampoco tiene desperdicio el corolario de emociones descarnadas que las caras de Pablo nos regala en directo. Sobre todo el broche final de infantilismo cuando se tapa los oídos mientras habla Miguel y que tanto entusiasmó a la masa en el plató.  No sé, pero creo que no es una buena idea esta necesidad de la cadena de que se enfrenten unos a otros largándose a la cara todos los reproches por aquello de alimentar el espectáculo, sobre todo si se abusa continuamente de este recurso. Puede ocurrir que al final no tenga efecto alguno después de tanta repetición y que ellos se lo tomen a chufla.

    No quería acabar sin la cuota que dedico en cada entrada a la granjera, que sí existe y no es un ente virtual como algunos se empeñan en asegurar con bastante malicia.  Me gusta comprobar que ella continúa sin morder el cebo del programa con la precaución de vivir en Guadalix a su manera. También estoy muy mosca con la inquina que observo hacia Montse por parte de Alain, que con esa cara de no haber roto un plato en su puñetera vida se fue a por ella desde el momento uno de la prueba de las bolas, algo que ya había pasado la primera vez. Ella, en justa reciprocidad también le endosó una bola en su casillero.  Hay algo que se me escapa de esta guerra silenciosa entre los dos concursantes más tranquilos y prudentes de la casa. Lo que tengo claro es que el divino francés a la chita callando está haciendo su juego desde el pedestal seguro de su bella y sosa masculinidad.


Forastero Marulo

sábado, 17 de septiembre de 2016

BIENVENIDOS AL CLUB

    Después de la gala de ayer pensaba titular esta entrada “bienvenidos por fin a GH”, al de verdad, con sus esencias y sus rituales, el del espíritu primigenio que tanto hemos hablado para entendernos, pero debo reconocer que esta vez los guionistas me han sorprendido con la novedad esa del club. Una especie de “Sancta Sanctorum” donde el elegido puede disfrutar de privilegios inigualables nunca vistos en la historia del programa. Bueno algunos sí los habíamos visto esporádicamente, como la posibilidad de que un concursante pueda seguir en directo las nominaciones de sus compañeros, o atiborrarse de comida mientras el resto pasa hambre dentro de la casa, pero jamás que recuerde un concursante pudo vetar directamente a otro para quitarle la posibilidad de nominar, como ayer pudo hacer Pol con Candelas. De ahí el título, porque esto sí que es algo diferente tanto en su formato como por el alcance de sus consecuencias. Además, los selectos socios del club serán los únicos que podrán aspirar a llevarse el maletín en GH 17. ¡Alguien da más!.

    Al tiempo que decidía el título y tras comprobar que Pol conseguía convertirse en su primer afortunado beneficiario gracias al juego de las bolas me acordé de aquella frase genial de Groucho Marx: “Jamás aceptaría pertenecer a un club que me tuviese a mí como socio”.   No creo el macho genéticamente perfecto, cuya mayor aspiración es mantener su guitarra española abdominal con las cuerdas bien tensadas y ganar el corazón de la dulce y esquiva Adara por todos los medios posibles, pudiese llegar a dosis semejantes de cinismo como el mítico actor. De hecho en toda la casa creo que sólo Álvaro, el “mente fría” y líder polémico del trío de torpedos sexuales del que forma parte con Rodrigo y el mismo Pol, estaría en condiciones de suscribirla sin abandonar la sonrisa.
    Me estoy adelantando a los acontecimientos, pero las cosas a veces se escriben y se perciben así, por su relevancia, y la imagen de la asturiana totalmente frustrada por no poder expresar sus nominaciones tenía un significado especial para nosotros, los puristas de GH, por lo inédito de la situación y sus probables consecuencias.  Los concursantes siempre han podido nominar, en el peor de los casos lo han hecho por ellos sus familiares, algunas veces en positivo y la mayoría en negativo, con un número de puntos variables a la cara o en secreto, y a veces en unas condiciones incómodas y de estrés. Y aunque luego esas nominaciones no sirviesen para nada, ser concursante de GH siempre implicó ese privilegio que en último término constituye en ocasiones el único desahogo para ellos y una responsabilidad ineludible como parte fundamental del juego. La imagen de Candelas retorciendo el gesto contrariada ante el anuncio del súper y comentando que aquello era ya lo que le faltaba no necesita demasiada explicación.  El caso es que no se fue llorando por las esquinas como probablemente hubiesen hecho otros en sus mismas circunstancias y esa asunción resignada de lo que tocaba me acabó ganando un poco más si cabe. Otra cosa es que a lo largo del día de hoy, por la tensión acumulada de no poder nominar y al comprobar el saco de puntos que ha recibido por todas partes haya acabado por derrumbarse del todo.
    Antes de hablar de otras cuestiones quisiera resaltar que el juego de las bolas, que determinó quién tendría el privilegio de estrenar el club, en el fondo no fue más que un anticipo casi calcado, pero a la inversa, de quiénes acabarían al final de la noche nominados. Si mal no recuerdo casi todos los que quedaron descartados en primer lugar para acceder al club, por llenarse antes sus casilleros de bolas durante el juego, fueron a la postre los nominados.  Además de ese factor predictivo de lo que pasaría luego en las nominaciones, el juego ofreció también un diagnóstico bastante certero de cuáles son los círculos de poder que en esta primera semana dominan la situación en Guadalix. Por un lado están “los torpedos sexuales” antes mencionados, con sus tentáculos y ramificaciones de influencias (ellos tres, y Alain, quedaron vivos hasta el final), y por el otro está el círculo menos consistente alrededor de Adara que salvó de la quema a su reina, gracias también al oportuno veto de Pol a Candelas que luego justificó porque quería evitar que nominase con tres puntos seguros a la azafata.  Evidentemente esto sólo acaba de comenzar y estos equilibrios actuales cambiarán pero ahora mismo así está la cosa.
    Creo que ya lo he comentado pero de los dos expulsados por la audiencia, Laura y Cris, cada uno dentro de la pareja de amigos, no tengo mucho que decir. Si acaso resaltar la impertinencia de Cris, que al creer que sería el descartado – él comentó en algún momento de forma tendenciosa, creo, que su amigo tenía más papeletas para quedarse por ser rubio y de ojos azules – decidió convertirse en el rey de una sinceridad mal entendida y largar ante toda la casa, no se sabe muy bien con qué oscuras intenciones, quiénes serían sus nominados y las razones en caso de quedarse en la Guadalix. Dijo que el primero sería Miguel, y después Montse y Noelia porque según él no aportan nada a la casa. La cordobesa entró en brote antiorgásmico cerebral pidiéndole explicaciones por sus palabras y él después de abrazarla con actitud de perdonavidas, no contento con mear fuera del tiesto, incidió aún más en el tema asegurando que Noelia le provoca ternura pero que allí no se viene a ser mueble. Para mear y no echar gota, vamos.  Pocas veces me alegré tanto de que un concursante no pudiese ser repescado gracias, en este caso, a las dichosas cajitas salvadoras. Y un minipunto, el primero y sin que sirva de precedentes, para el presentador que le afeó en directo su conducta por esa manía de la sinceridad malentendida de la que se vanaglorian tantos concursantes, reflejo simplemente de una mala educación, y que Jorge Javier ilustró de forma certera como censura de su actitud con el dicho castellano de toda la vida de “para lo que me queda en el convento me cago dentro”.  ¡Chapeau!.

    No quiero de momento redundar en la cuestión de Miguel, y menos aún en sus múltiples encontronazos con varios compañeros, particularmente la agria bronca con Bárbara, que en el fondo le ha venido a ella también de perlas para que tenga relevancia y presencia en la casa. Sí quisiera mencionar, sobre todo, la intervención estelar de Pablo “Machete”, como le denominan ya algunos compañeros, defendiendo a su nueva “muy amiga” apelando a ese sentido extremo y agudo de la justicia que padece. Gracias a esos vaivenes en su estado de ánimo, pasando de los lloros desconsolados a venirse arriba con esas frases perfectamente construidas de castellano viejo, verdaderas sentencias producto del aparente sentido común y la sabiduría popular que atesora detrás de esa apariencia de ingenuo, ya tiene encandilada a una parte importante de los espectadores que se entusiasman con sus confes y lo aplauden rabiosamente desde las gradas del plató. 
    Desde luego no es para menos porque el chaval, a pesar de su edad, no recurre al insulto ni al chascarrillo facilón y populachero. El tipo se lo curra con descalificaciones originales como la que suelta del hombre del peluquín cuando dice que “es peor que un actor de telenovelas y series de televisiones locales y autonómicas”. Por supuesto ni él ni Miguel se han librado de las nominaciones y su rostro, siempre transparente reflejando sus emociones, era un poema cuando el súper le comunicó su nominación. Entiendo además que de cara a la audiencia no sólo engancha por lo que dice sino también y sobre todo por cómo lo dice. Pablo es muy observador y en ocasiones resulta bastante certero en sus opiniones. Algunas no tienen desperdicio, como ejemplo cuando dice de Miguel que “tiene un aura oscura, siniestra y mentirosa”, y lo que más desarmó al modelo gallego, cuando le soltó a la cara que “huele a plástico y artificial”.

    Al gallego, en la encrucijada y con la necesidad de mostrar ya su verdadero yo (cualquiera sabe cuál es realmente a estas alturas), se le complica la situación y se derrumba en el confe envuelto en un mar de lágrimas, cayendo en lo que tanto critica en el gofrero. Lo suyo tiene tela y comparte con nosotros sus dudas y su miedo por no saber cómo y cuándo revelar su secreto. No tanto el del peluquín, que es algo que ya sospecha toda la casa, como lo que realmente significa. Algo que él resume en otra de sus frases redondas y grandilocuentes de las que ya hemos hablado: “Afuera vendo una imagen sólo por unas horas, pero aquí es muy difícil. Quiero matar este Miguel y sacar el otro”.  No sé si ahora, mientras escribo esto, ya se ha desnudado, sobre todo ante sus amigos en la casa, fundamentalmente ante Clara, su mayor apoyo y que está dispuesta, muy generosa, a desnudarse en directo si España salva el jueves que viene a su amigo.  Nada, que la cosa está que arde, y si la audiencia quiere disfrutar de los encantos de la ovolacteovegetariana (creo que lo he escrito bien) ya sabe lo que tiene que hacer.
  Volviendo a los que ayer se salvaron de la expulsión, Fernando y Meri, no quería acabar la crónica sin olvidarme del gaditano. Ya decía en la anterior entrada que me daba un poco igual quién se fuese de los dos. Acabo de explicar porqué Cris está muy bien fuera de la casa, pero el rubio de ojos azules podría ocupar perfectamente su puesto. Algo que demostró ayer después de su nominación con un punto a Meritxell, que al final quedó nominada. El hombre se cubrió de gloria después de su confesión posterior a la rubia catalana de que él se lo había calzado con el argumento de que pensaba que no saldría nominada y con la pretensión de que lo perdonase.  Evidentemente ella se enfadó con él y no le entró en el juego a pesar de su insistencia toda la noche en buscar la redención. Sólo faltaría que después de dejarla a los pies de los caballos pretendiese descargar su conciencia como si nada e irse de rositas.

    Podría volver a hablar de Álvaro, ese lobito con piel de cordero al que se refiere Miguel, el patriarca del clan de los torpedos sexuales, a cuyos miembros considera que maneja y manipula como muñecos a su antojo, pero en realidad quiero terminar hablando de Montse y quejarme de que no saquen casi nada de ella en las galas y los resúmenes. Me consta que no está desaparecida como se dice por ahí y que ella convive y se relaciona con los demás pero tiene la virtud de evolucionar con calma y se muestra tranquila procurando no entrar en discusiones estériles o sobreactuadas. Como ejemplo su reacción templada a la insolencia de Cris cuando dijo que a ella y a Noelia las nominaría por muebles. Poco a poco se va soltando, pero es prudente y no se dedica a acaparar pantalla como otros. No es su estilo y eso me agrada. En general tiene buena relación con los chicos de la casa y poco a poco ha logrado derribar el muro de desconfianza de algunas chicas, sobre todo el que mostraba Bea, la naranjita, hacia ella los primeros días.  La granjera es la más sutil y discreta, algo que no debe confundirse con ser anodina o mueble, y aunque a lo mejor me equivoco, después de una semana ha conseguido que quiera saber más de ella porque tengo la impresión de que tiene todavía mucho por mostrarnos, mientras que de muchos otros parece que ya lo sabemos todo, o casi todo y su único objetivo es ser muy sinceros, porque lo dicen todo a la cara y aseguran vivir la “experiencia” (acabaré odiando esta palabra) a tope.
Ah, por cierto, por Guadalix estuvo Terelu que fue la encargada de traerles la caja de las bolas que servirían para el juego. Sin comentarios.

Forastero marulo.

martes, 13 de septiembre de 2016

PULGAR, CORAZÓN O RAYO

    Es una pena, porque después de todo el casting de este año tiene su miga y algunas posibilidades. No es mejor ni está a la altura de algunas de las ediciones más gloriosas de GH pero es bastante mejor, o por lo menos igual, creo yo, que muchas otras ediciones. Por supuesto dicho esto con todas las reservas del mundo, porque una cosa son estas primeras percepciones recibidas, que pueden ser positivas o negativas, y otra los derroteros que nos pueden deparar los acontecimientos del concurso y en el que la mano de la dirección del programa con sus intervenciones interesadas, a veces acertadas y en otros muchos casos indeseables, tendrá mucho que decir; sobre todo en los últimos tiempos tal como nos tienen acostumbrados.

    Y digo lo de la pena porque el debate del domingo (qué cansancio) sobre el programa fue otra muestra más del proceso que empezó con el cambio de presentador la semana pasada, una transformación de cara a acercarlo más ese estilo Sálvame de la cadena con el que pretenden vampirizar e inundar gran parte de su programación. Creo que no son conscientes que somos un buen número de seguidores de GH, o eso quiero pensar, que nos gusta el formato del reality como tal pero no el resto de sus programas. Hay quién sí disfruta de todo lo que ofrece la cadena, pero creo que incluso a ellos les gustaría mantener la distancia entre el GH propiamente dicho y todo el resto de programas sobre cotilleo y famoseo.

    Es muy duro tener que tragarse casi cuatro horas de insufrible debate donde lo que menos importa es Guadalix (Jordi el presentador del invento es el primero que no controla ni siquiera quién es quién dentro de la casa y se chotea de los que siguen el 24 horas, aunque sea a costa de Frigenti) mientras en el plató una serie de colaboradores (unos nuevos y otros ya veteranos) parece que están a otra cosa con un continuo cachondeo anárquico donde al final se acaba hablando más de los problemas y las movidas tipo Sálvame deluxe (como el encontronazo que ocurrió la noche del domingo entre Ylenia y la rubia esa que se largó llorando) que de aquello que nos interesa a los espectadores. No voy a particularizar con nadie, ni a extenderme en las broncas que allí se montaron como la que acabo de mencionar porque el verdadero foco de todo debe estar en Guadalix. El problema es que es necesario tragar toda la morralla y aguantar todas las chorradas sin sentido que se montan en el plató, además de los cortes interminables de publicidad, para poder disfrutar de lo verdaderamente interesante de la casa, y que nos ofrecen con cuentagotas y además poco consistente. Como siempre nos ponen el cebo de una actividad como el juego de campamento juvenil que les propusieron. Una propuesta que independientemente de lo infantil, socorrida e inocua que nos parezca, estaba claro que iba a tener consecuencias importantes en el concurso. O por lo menos ha ayudado a destaparse a algunos y a mover el cotarro en general. Supongo que lo mejor será optar por el diferido para evitar todo lo superfluo, o vivir el debate simplemente desde el directo en la casa.
    
    Es evidente que Miguel se ha convertido uno de los concursantes estrella de esta edición, y uno no sabe muy bien si lo suyo es una cuestión de pura y simple egolatría (sinónimo de egoísmo pero no exactamente igual) o de soberbia, una impostura para hacerse el especial y el interesante. No soy psicólogo para destripar su comportamiento ni sus actitudes pero probablemente todo tenga que ver, en consonancia con lo leído en varios lugares, con su inseguridad y una serie de complejos mal asumidos, algo con lo que todos hemos tenido que lidiar en mayor o menor medida y resolver de la mejor manera posible para hacernos adultos. Lo cierto es que necesita sentirse, o al menos así me lo parece, por encima de los demás, como en otro nivel. Algo que se refleja cuando habla. A él le encantan las frases grandilocuentes alrededor de su persona para que sepamos que es diferente, que tiene un misterio por resolver y estemos pendientes de su ego: “Esta gente (por sus compañeros) no está preparada para saber quién soy” nos suelta. También hace afirmaciones que en el fondo demuestran extrema fragilidad porque ratifican que necesita de forma consciente bastones superfluos en los que apoyarse para andar por la vida: “La belleza me da poder” dice y se queda tan ancho, bueno más bien largo en  su caso.

    Eso sí, para el concurso es un verdadero filón porque a su alrededor, con sus actuaciones y opiniones, en ocasiones provocadoras e incluso insidiosas, se crea un campo de arenas movedizas donde tarde o temprano algunos compañeros acabarán engullidos. O él mismo en último término. El hombre que odia envejecer está constantemente pendiente de cómo se le ve en cámara (supongo que algo tiene que ver también con su profesión de modelo), y lo que más me llama la atención es la idea tan particular que tiene de lo que es participar en GH. Él cree que vivir la experiencia es hablar de vivirla en vez de vivirla en realidad, y lo que es peor, criticar a los demás porque según él no saben vivirla.
    Pablo, aunque de otra forma, es también todo un personaje. A veces me recuerda a Calimero oyendo sus penas o sus quejas. Tanto las actuales, tan susceptible ante cualquier detalle que él pueda interpretar como falta de aceptación o exclusión por parte de sus compañeros, como las que trae como mochila condicionante del exterior. El mismo nos ha confesado que lo ha pasado mal porque se ha sentido distinto. Con él puede pasar de todo, tanto se nos pone tierno y desvalido asegurando en el confesionario que necesita ya un amigo dentro de la casa, como al rato adopta una pose misteriosa detrás de una sonrisa de granuja ingenuo, con un punto inquietante, cuando asegura que de él siempre hay que esperar lo inesperado: ¡Se van a enterar! Parece decirnos. Curiosamente la “amistad” la ha encontrado aparentemente en Montse, la granjera, que le puso a él el emoji del pulgar hacia arriba de amigo en el juego del domingo por la noche. Él sin embargo a ella le puso un corazón de atracción, que al parecer luego arrepentido cambió por el de amistad. El gofrero no acepta bien sentirse rechazado, aunque más bien habría que decir no preferido de los demás y tampoco le duelen prendas para despacharse a gusto cuando dice que hay en la casa demasiadas personas que hablan de lo que son o pueden ser en vez de serlo. Vamos, en la onda crítica de Miguel.

     Antes de hacer mención, de forma muy general, a cómo van discurriendo las cosas estos dos días después del jueguecito que les plantearon durante el debate la noche del domingo, creo que es oportuno recalcar lo evidente. Hay dos concursantes, Adara por parte de las chicas y Alain por los chicos, que están triunfando por goleada en el bando del sexo contrario. Vale, lo del gabacho parece más evidente, con muchos más corazones rendidos a sus encantos y atractivo, pero aunque la azafata tenía bastante menos es algo que se debe a la cobardía de los chicos porque sólo se mojaron tres y el resto se dedicaron, escondiendo miserablemente sus cartas, a regalárselos entre ellos. Además son menos que ellas y lo de Miguel en cuanto a su orientación sexual no está todavía demasiado claro. Lo digo porque teniendo en cuenta algunas miradas y también comentarios, como el de Álvaro cuando dice a su grupo de “torpedos sexuales” (Rodrigo y Pol) que Adara no es sólo que esté buena sino que además tiene algo que las otras no tienen: morbo, es evidente que si todos fuesen sinceros a lo mejor el número total de corazones entre los dos más deseados (Alain y Adara) se igualarían.
     Al francés, por cierto, se le ve encantado y aprovecha que a veces no se entera de algunas cosas y no pilla las bromas por el dominio insuficiente del idioma, o lo usa como excusa, para hacerse el sueco, aunque sabe perfectamente que está en el punto de mira de muchas compañeras. Otra cosa es dónde está poniendo él su interés, porque es muy discreto, incluso algo sosainas, y la cosa tanto puede ir camino de Asturias en pos de la “comandante Candelas” disfrutando de su compañía mientras sudan juntos la gota gorda en el gimnasio estilo del cuartel de “Oficial y caballero”, como hay algún atisbo de tonteo con Montse, la granjera, que también está dosificando muy bien sus movimientos. Incluso puede que esté también a la larga cola de admiradores de Adara, como le puede dar por irse tras la bloguera, más de su edad. El caso es que hace bien y ya podemos augurarle una larga vida en el concurso salvo que muestre la cara B desagradable que todos tenemos. En algunos aspectos, por su buen carácter y su trato amable con todo el mundo me recuerda mucho a Aless, el italiano que se lió con Noe en GH 13.

    Otra cuestión que salió a la palestra con el dichoso jueguecito es la lista de los despechos (cuando hablé de Pablo ya comenté algo) las decepciones y los primeros avisos para algunos de que la cosa no es como se la imaginaban. Valga como muestra la sorpresa del arquitecto sevillano ante la ristra de rayos que había recibido de los que lo ven como opuesto. Y la mayoría de parte de las féminas. Él se quedo tocado porque no se lo esperaba. También afectó seriamente al ego de algunos la falta de corazones bajo su foto, como en el caso de un decepcionado Pol, el macho genéticamente perfecto, que salvo el de Miguel no recibió ninguno de las chicas, especialmente de Adara, por la que bebe los vientos. A muchos seguidores del programa este divertimento les habrá parecido una tontería, una niñatada típica de quinceañeros, y estoy de acuerdo, pero para ellos sí que fue importante. Una piedra de toque que ha puesto a cada uno en su lugar. De hecho, a cuenta del asunto Fernando y Cris estuvieron de morros, por ejemplo, porque el segundo no puso de mejor amigo al primero después de entrar juntos en la casa. Y podría seguir.
    La catarsis también nos sirvió para asistir a otro clásico de GH que no podía faltar: las primeras peleas suelen darse entre chicas. Meritxell y Clara se enfrentaron por no sé qué chorrada la misma noche del domingo, y la cosa trató en el fondo de cuál de las dos decía mejor y más claro las cosas a la cara. ¡Qué cruz!. Volvemos otra vez al clásico de quién es más sincero y no se guarda las cosas. Clara es muy impulsiva y la pantera rubia catalana siempre concede réplica. A la madrileña le puede la gestualidad desde su porte impresionante y está claro que va a entrar al trapo en cuanto la cosa se tuerza. No sé si llevará las de perder o encontrará por ahí , a través de la confrontación, el camino de su concurso. Desde luego su temperamento hará que vuelvan a saltar chispas. Y no sé si esa amistad “de altura” que está fraguando con Miguel, otro que tal baila, la beneficiará o perjudicará porque al juntarse los dos no dejan títere con cabeza. Ayer también se montó la bronca entre Adara y Candelas, que en el fondo viene todo por lo mismo: saber quién lidera el top de atracción del sexo contrario. En fin que las nominaciones del jueves prometen tener nombre de mujer. Y Miguel a lo mejor estará con ellas.

     Respecto a quién prefiero que se vaya el jueves en las dos parejas de amigos me da bastante igual en estos momentos, la verdad. Que decida la audiencia. Ellos, Fernando y Cris, son más torpes que ellas con diferencia, su amistad está cogida entre alfileres y se desenvuelven por la casa como dos patos mareados sin orden ni concierto. Una diferencia que se vio en los alegatos que durante el debate cada uno tuvo que hacer para defender ante sus compañeros y los espectadores su permanencia en el programa. Ellas, Meri y Laura, fueron mucho más elegantes, acertadas y supieron resaltar su amistad sin que sonase a falso. Aunque luego tuviesen algún desencuentro sobre si se prestan mucha o poca atención y se dedican más a intimar con el resto de los compañeros.

    Noelia parece encantada con la situación de su himen, lo que me parece muy bien, pero desbarra bastante por su tendencia a la locuacidad excesiva cuando dice cosas como que “tiene a su chumino en un altar” o que le da igual que toda España esté enterada de su estado de pureza. Lo más llamativo es como se le cae la mandíbula inferior ante Alain, y no es la única por supuesto, pero en su caso es tan evidente que entra en plenos orgasmos cerebrales cuando el francés sonríe o les habla con ese tono suavón y seductor. ¡Oh la la!.


    Como voy un poco a remolque quisiera terminar por hoy con la risa loca de Bea, un verdadero culo inquieto, y bastante insufrible cuando entra en ese modo Ylenia o se busca una enemiga en Montse, la granjera, porque la chica no acaba de ubicarse y no le entra al juego que a ella le gustaría. La granjera cada día que pasa sigue gustándome más, sobre todo porque no sigue caminos trillados y no va prendiendo fuego a la traca de feria que muchos otros van quemando desde el inicio como niños pequeños que gastan antes de tiempo todas sus reservas. El otro día ella acabó llorando por el agobio y el bueno de Pablo, que será como es, pero tiene buen gusto, acabo dándole consuelo. Volviendo a la naranjita, que cada vez la veo más como escudera de Adara, la azafata, me despido con una frase suya ante la pregunta del súper sobre cómo iba todo en la casa: “De momento está todo wiki” dijo . Que no sé lo que quiere decir pero supongo que será “todo okey” en lenguaje choni. Luego ya veremos. Y eso va para todos.

Forastero marulo

sábado, 10 de septiembre de 2016

ORGASMOS CEREBRALES


    Resulta muy complicado empezar esta entrada por muchas cuestiones, sobre todo teniendo en cuenta lo escrito en la anterior donde me despachaba a gusto con la elección de Jorge Javier como nuevo presentador de Gran Hermano. Nuestra Mercedes Milá, tan querida y denostada casi a partes iguales, se merecía ya la jubilación, no porque no la considere apta para seguir en la profesión sino porque su programa, GH, hace tiempo que la había superado en todos los sentidos, tanto en lo profesional como sobre todo en lo emocional. Hace tiempo que era incapaz de mantener la equidistancia entre los concursantes y nosotros los espectadores. Amaba tanto el formato, o al menos así siempre nos lo hizo creer y sentir, que se constituyó en juez y parte del concurso y eso acaba quemando al mejor y al más cualificado.

    Sinceramente, la entrega ayer de la antorcha del programa a JJV por parte de Mercedes semejó una ceremonia muy triste y desangelada por mucho que llenasen la grada de un buen número de ex concursantes de todas las ediciones, que no pudieron decir ni mu por cierto, pero dispuestos a acompañar a la doña en su despedida definitiva a modo de homenaje.  Nada funcionó como debía a mi entender, y no quiero extenderme, pero en cuanto ella desapareció del plató se terminó toda una época y una manera de hacer las cosas, algo que quedó patente cuando Jorjejá se dirigió a la grada para ir a degüello contra Ismael, el ganador del primer GH y sentado en las primeras filas, para censurarle unas declaraciones que al parecer había hecho asegurando que sin la Milá GH había terminado. El gaditano, sorprendido, intentó muy en su estilo conciliador que le hizo merecedor del triunfo en aquella iniciática edición quitar hierro al asunto y ofrecerle unas disculpas que él desoyó dándole la espalda.  Peor aún fue a continuación, cuando el nuevo presentador lanzó una daga acusatoria contra Pepe Herrero, que se encontraba también en la grada y que no tuvo derecho a réplica, para afearle ante todo el país no se qué actitudes homofóbicas dejando al inventor del nominator al pie de los caballos.  Puro estilo Sálvame Deluxe supongo, ajustando cuentas personales desde su posición de poder y todo sin perder la compostura. Mercedes, a veces, hacía lo mismo, pero jamás desde la frialdad y la premeditación.

      Referido ya más a lo nuestro debo confesar que aguanté como pude toda la gala hasta el final y mis peores presagios expresados en la anterior entrada desgraciadamente se cumplieron y no es que hayamos pasado del fuego a las brasas como allí decía, sino más bien a un infierno o un erial por el que tendremos que aprender a transitar con nuestros propios medios si queremos seguir en la brecha. Al menos yo.  En fin, un puro despropósito de gala, aburrida y soporífera, en la que el presentador no estuvo jamás a la altura de las circunstancias. No sé exactamente lo que pasó pero le falta apasionamiento, soltura, dinámica, emoción y entusiasmo. Todo eso que necesitamos que nos transmita el conductor de un programa como éste para implicarnos y ganar nuestra complicidad. Sé que es difícil a estas alturas de la película con todo el bagaje de adictos a GH a nuestras espaldas pero si no lo consigue va a ser difícil que las galas nos enganchen, nos ganen y acabemos perdonando sus fallos como siempre.

    Hablando ya de los concursantes, pues bueno, hay de todo y como siempre he dejado pasar unas horas sin leer a nada ni a nadie, en gran parte porque no he tenido mucho tiempo, para dar rienda suelta a mis primeras impresiones sin condicionamientos. Ni siquiera he seguido el directo desde que ayer se acabó el programa casi a las dos de la madrugada.  Me gusta mojarme con esas primeras sensaciones para que queden reflejadas desde el primer minuto aunque meta la pata hasta el fondo cuando gran parte de éstas primeras pinceladas no se confirmen a medida que pase el tiempo en el concurso.

   Lo primero que me ha llamado la atención es que este año el tope de edad de los concursantes se ha quedado por debajo de los cuarenta años. Los dos mayores, con 38 años, son Alain, el francés  guaperas amante del yoga y de la vida en España, y Bárbara, la bloguera alicantina y madre de tres hijos que todavía cree que existe el príncipe azul, a su edad, y parece dominar la situación desde que entró en la casa. A ella la veo muy cómoda y desenvuelta y por lo menos será interesante descubrir cómo es y cómo discurrirá su concurso con gente más joven que ella.  Tanto él como ella se muestran como dos personas equilibradas y sin estridencias con cosas que aportar. Al menos es lo que espero. Sólo me preocupa tanto culto al cuerpo, tanto músculo esculpido en el caso del gabacho con sonrisa franca y abierta de galán de peli antigua, y la mezcla tan chocante de sofistificación de una bloguera de éxito dando consejos sobre estilismo a miles de seguidores con un punto inestable que apenas se adivina detrás de ese horroroso tatuaje que lleva en el antebrazo.  Me encanta que lleve el pelo corto, un peinado que siempre me ha gustado en las mujeres tanto jóvenes como más maduras, algo que no suelo confesar casi nunca y que por cierto es un look que se ve muy poco en Gran Hermano.

   Noelia, la chica cordobesa, de habla atropellada y acusado acento cordobés, excepto por lo de su virginidad confesada en el vídeo mostrado del casting, me recuerda en muchos aspectos a Pipi la mondarinas de los primeros días en GH 13, incluso por la forma que utilizó el programa para meterla en el concurso en directo, con suspense y ante toda España.  Un privilegio que compartió con Beatriz, la valenciana chonipija, naranjita y rompe cuellos según su propia definición y de la que de momento lo único que me llamó la atención, y me gustó, fue su fantástica abuela. Bueno y su madre, que soltó la frase más molona y cursi de la noche cuando definió a su hija Bea “como una estrella que ilumina por donde pasa”.  Espero equivocarme por el bien del programa, pero casi las prefería a ellas dentro de Guadalix, es decir a su madre y abuela, antes que a su hija o nieta.

    Volviendo a la cordobesa, con ella y su síndrome ése raro del que jamás oí hablar en mi vida de la hipersensibilidad que no recuerdo muy bien si era a los sonidos cotidianos o a las sensaciones táctiles, y que ella definió como orgasmos cerebrales, tengo la sensación de que el casting la ha predestinado para liarse con el sensible y bien intencionado Pablo, el zamorano de corazón burgalés que trabaja de gofrero en Londres y que casi le da la llorera cuando el pérfido JJV, con cierto regusto sádico, le comunicó que todavía no era concursante de pleno derecho.  Es una corazonada, pero los orgasmos cerebrales los carga el diablo y ya sabemos de quién acabó prendada Sindi, la mondarinas, en GH 13: de Pepe, el macho alfa y ganador de aquella edición. Así que virginal tal vez, pero tonterías las justas.  ¿O no?.

    A Miguel, el gallego del Grove, y paisano, lo tengo en plena cuarentena. Como primera presentación del programa es para aplaudir, epatando al personal mostrándonos en primer lugar un personaje tan "odiable", inseguro y ególatra que necesita camuflarse y travestirse entre cremas y postizos, para dejarnos boquiabiertos a continuación cuando se sacó la peluca y nos plantó su otro yo, con cambio de voz y de registro total, mostrándonos a la persona aparentemente real que subyace y se esconde detrás del modelo frívolo y mundano aterrorizado con envejecer. Un alter ego con otras inquietudes y una formación totalmente opuestas. Otra imagen de sí mismo, quizás ficticia también, producto de una doble impostura con la posibilidad de que ninguna sea real o que tal vez sean ciertas las dos al mismo tiempo. Como uno de esos personajes inquietantes con doble personalidad que tantas veces hemos visto en el cine en una peli de suspense.  De momento sólo me ha provocado distancia y prevención. Veremos hasta donde llega y cuál es su verdadera naturaleza.

   De Álvaro, el arquitecto sevillano con pinta de general Custer pero sin indios Sioux, y de Pol, el barcelonés aficionado a esa lucha libre americana de mentira que no soporto, poco que decir de los dos de momento.  Sus frases los definen, tanto al luchador que se considera el “puto amo” y que “su defecto es no tener defectos” como al hipster rubio y estrafalario cuando asegura a sus años que “le gusta ser diferente porque ser diferente llama la atención”. Para echar cohetes, vamos. Si no me sorprenden a partir de ahora queda todo dicho.

    Las muy amigas forever barcelonesas, la rubia y la morena, Meritxell y Laura, no me han provocado sensación alguna de momento.  Bueno la rubia es mona, la verdad, pero más allá de eso veremos cómo se resuelve su lucha ante la audiencia esta semana para saber quién se queda de las dos, una forma de conocerlas de verdad para saber de qué pasta están hechas y como aguantará su gran amistad ante el reto de que sólo puede quedarse una.  Lo mismo, más o menos, vale para Fernando y Cris, el rubio barbitas y el moreno caribeño que tanto me recuerdan a los primos de GH 15 pero en una versión gaditana de Starsky y Hucht, los protagonistas de aquella serie policíaca de los años setenta del siglo pasado. Cuando se enteraron también de que sólo uno de los dos se quedaría, Cris se adelantó en un intento de dar pena lamentándose de que iba a hacer si lo echaban del programa ahora que dejó su trabajo para entrar en el concurso.  Aquí el que no corre vuela y desde el primer día. 
    De Adara, la azafata madrileña, no voy a decir gran cosa, no por nada, sino porque no he sido capaz de sacar todavía conclusión alguna. Bueno sí, me sorprendió mucho lo guapa y joven que es su abuela. Empieza a preocuparme de verdad que me interesen más los familiares que los propios concursantes. Y esto vale también para el hermano cachondo del Pol Badía, que confesó descojonándose en el plató que a su hermano, al que supuestamente debería defender, no hay quién lo aguante. O la madre de Rodrigo, el pijo sobradamente preparado y políglota de Madrid, que me parece un personaje de relumbrón, como una de esas madres de personalidad arrolladora de una serie de época. Un lujo, y seguro que dará que hablar.

    Dejo para el final a propósito a las tres chicas que me quedan. A Clara la madrileña altísima que adora los tacones como prenda femenina imprescindible. En su caso, desde su atalaya, toda una declaración de intenciones.  “De Madrid al cielo” nos dijo y nunca mejor dicho desde su perspectiva. Bueno, aparte de la broma y de esa dieta que lleva y me niego a reproducir cuyo nombre acaba en no se qué vegetariana, parece una tía transparente, campechana, echada “palante” y de las que no se va esconder ni arrugar.  Bueno, aunque lo intentara sería difícil, claro, porque se la verá de todos modos.  

    Candelas, la asturiana, que entró con ella y las embadurnaron de colores, creo que será otra concursante a tener en cuenta. Es muy guapa, eso es evidente, pero lo fundamental es que se le ve carácter fuerte y personalidad. También ayuda que la situación sentimental con su novio viene cogida entre alfileres y eso ya sabemos lo que supone en Guadalix: tema fijo y que lo veamos. Por cierto, también me ha gustado su familia y el ambiente que se respira en el bar que regentan.
    Y para el final, final, me dejo a Montse, la rubia granjera.  Lo digo desde ya, la chica se las trae con esa mezcla de campesina light y estilista que no casa ni de coña, pero para mí es la más atractiva con diferencia. Cuando se bajó del coche a las puertas de Guadalix tan guapa con esa blusa blanca, su media sonrisa y una mirada calculadamente cautivadoras la cámara se quedó con ella.  Una sensación que se potenció al lado del magnífico caballo blanco con el que supuestamente le regalaron y con el que debía entrar en la casa para cuidarlo.  La catalana dará mucho juego. Si será en positivo o en negativo aún no lo sabemos. Pero juego dará seguro. Y yo encantado.  

    Bueno, sólo me queda decir que me está costando mucho escribir esta entrada y que no tengo claro si voy a continuar comentando regularmente la edición con las dos entradas semanales que acostumbro.  No estoy muy entusiasmado, la verdad, pero todo se andará esperando que Noelia la cordobesa nos contagie sus orgasmos cerebrales para engancharnos a la edición y olvidarme de su presentador.

Forastero marulo