1.- Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada (Edmund Burke)

2.- Hay un límite a partir del cual la tolerancia deja de ser virtud (Edmund Burke)

3.- Es más fácil vivir con el odio que perdonar (Montse, GH 17)

viernes, 2 de diciembre de 2016

ADARA CONTRA ADARA

    
   Quiero comenzar por el final de la gala dentro de la casa, por apuntar ese halo de incredulidad que todavía inundaba a los cinco finalistas difuminados bajo el lucerío y el decorado navideño que se adueñó de Guadalix desde que una imponente Bárbara, enfundada de negro y vibrando con una emoción apenas contenida, pulsó el botón rojo del encendido ante la mirada sorprendida de sus compañeros que asistían a la emotiva escena desde la pantalla del confesionario. Un estado de ánimo que todavía perduraba después cuando cogieron uno a uno las bolas de colores que colgaban del árbol de navidad por indicación de Jorge Javier, medio aturdidos y sin creérselo todavía del todo hasta que el presentador les recordó que empezaba la final y les comunicó que en su interior había un papel con el teléfono escrito correspondiente a cada uno de ellos y al debían llamar los espectadores para votar a su favorito. Ese momento especial de cada edición cuando los últimos que quedan muestran a la audiencia esa candidatura definitiva a la que sólo ellos podrán optar.  
   Ellos se mostraban comedidos y cautelosos, como si se encontrasen fuera de juego después de que se les rompieran a todos los esquemas de un guión que todos, más o menos, habían interiorizado y asumido como una verdad incuestionable y fuera de toda duda: Adara era segura finalista y además la favorita para ganar la final.   Apagué enseguida el 24 horas y me fui a la cama justo con la expresión de Miguel muy serio y cariacontecido mientras los demás todavía comentaban en voz baja lo que acababa de ocurrir en una noche tan diferente a lo que habían esperado e intentaban interpretar las últimas palabras y los silencios de la azafata en su despedida de la casa.  Sobre todo ese lapidario - ¡Mejor me callo y me muerdo la lengua! – que soltó como quien no quiere la cosa y que dejó a Miguel insatisfecho y expectante.  Ese ninguneo de la azafata, alentada por ése que presenta a no levantar más ampollas de las necesarias, y la contención en sus gestos mal disimulada que denotaba unas ganas profundas de retorcerle el cuello, hizo daño al modelo y a pesar de sacarse del medio a su “bicha” mayor durante todo el concurso no parecía especialmente feliz.
    Aprovechando esa foto fija de los concursantes rumiando poco a poco su condición de finalistas entre la alegría contenida y cierto estupor, y antes de ir a lo que me interesa, la expulsión de Adara, quiero comentar que en el fondo tal como quedan las cosas, aún sin ella dentro en la casa, podría recuperar casi punto por punto los dos últimos párrafos de la anterior entrada para describir la sensación que me queda ante esta final.  No voy a volver a repetir lo que pienso de cada uno de ellos, ni de la desgana y la falta de entusiasmo que me producen todos, sólo comentar la evidencia de que esto se resolverá alrededor de las protagonistas femeninas de las dos carpetas (pseudocarpeta en el caso de Meri y Alain) con los tres compañeros masculinos como meros comparsas decorativos de una última batalla carente de todo interés para mí.  Sólo queda por dilucidar cuál de los tres se colará con ellas en la final. Me gustaría que fuese Miguel, aunque sólo sirva para evitarnos en la última semana, o los tres últimos días de concurso, el pasteleo almibarado chonipijo de Bea y Rodri o las matrimoniadas infumables e imaginarias de Meri con el francés.  Sólo pido durante esos días un poco de tregua y “a quién la audiencia se la dé, Jorge Javier se la bendiga.
    Negar a estas alturas que estoy contento con la expulsión de Adara sería faltar a la realidad, pero quiero dejar constancia de que me queda una sensación agridulce con su marcha de la casa; y no tanto por el hecho en sí, que considero de justicia atendiendo al análisis negativo que he hecho de su concurso a lo largo de todos estos meses, sino por varias razones que pesan bastante en las sensaciones ambiguas que me produjo verla en ese plató, presa de sus mismos tics y desnuda ante la verdad descarnada de su concurso y sobre todo, al verla acompañada de Bárbara primero y Pol después, las dos personas que marcaron su evolución durante estos meses en Guadalix para bien o para mal, y cometiendo los mismos errores que marcaron su paso por la casa.  Por un lado una Bárbara guerrera y fiel a esa imagen bronca y sobreactuada que tanto me desagradó mientras estuvo en el programa, y que unos momentos antes de que llegase la azafata al plató, cuando se levantó de su taburete durante la entrevista dejando empequeñecido a ése presenta, desafiante y envalentonada contra una Clara que respondía desde la grada sin arredrarse ante sus ataques, me recordó de inmediato, por si se me había olvidado, porque nunca me gustó la bloguera como concursante.  Esa Bárbara que se convirtió en mentora de Adara, en su espejo diario y su refugio engañoso, embaucándola y arrastrándola dentro de la vorágine infernal de enfrentamientos con el resto de la casa hasta apartarla del todo de sus compañeros, una impronta conflictiva e insana que se quedó en herencia cuando la alicantina tuvo que abandonar la casa por los motivos que sabemos.
   Otro de los motivos es porque el programa ha vuelto a jugar otra vez con nosotros con el tema de los porcentajes y los inauditos sorpassos a la carta para estamparnos en todos los morros con cierto desprecio y demasiada soberbia la sorprendente expulsión de la favorita, la niña mimada por la edición (al menos por parte de Jorge Javier, que ayer acabó confesándolo, y de la mayoría de gurús mediáticos de la cadena y aledaños) cuando todos o casi todos contábamos con que se salvaría por esa maniobra tantas veces repetida de despistar a la audiencia para aumentar las llamadas y mensajes en las votaciones y crear expectación ante la audiencia.

    Otra razón, quizás la primordial, de esta sensación de incomodidad que me embarga a pesar de alegrarme de la expulsión de Adara, es comprobar el desperdicio de concurso de esta chica que tenía la mayoría de las papeletas para ganar al apostarlo casi todo a su faceta conflictiva y caprichosa para alimentar y cimentar una probable victoria sobre los cadáveres de sus contrincantes bajo la idea casi siempre falsa e inexacta, y resumiéndolo mucho, de que era un grupo amorfo y mayoritario en su contra por envidia y falsedad. Ahí estuvo la clave de su derrota, al despojar a casi todos los demás de la consideración necesaria de compañeros para convertirlos simplemente en rivales que pretendían hacerle daño y la vida imposible. Una estrategia que sus seguidores más acérrimos exacerbaron hasta el paroxismo en las redes y twiters desfigurando hasta la caricatura y el insulto a otros concursantes.  
   Hoy no voy a hablar de su relación con Pol, porque todo lo que vimos y vivimos entre lo que ocurrió en la casa, en los platós y sobre todo ayer noche en esa entrevista donde volvieron a resurgir los demonios de los celos y otras cosas merecen otra entrada y un análisis más reposado para el que ahora no tengo tiempo.  Sólo recalcar que resulta bastante triste comprobar que esa mejor Adara que siempre esperé con interés se diluyó enseguida después de las dos primeras semanas, y que apenas despuntó en contadas ocasiones cuando se olvidaba de su guerra particular con todos y se relacionaba sin condiciones con el resto de la casa.  Una concursante con la ventaja maravillosa de poseer una cualidad tan difícil de encontrar como es la complicidad de la cámara con ella, y que no supo ver las orejas al lobo a tiempo ni entender jamás que el verdadero enemigo de su concurso no eran sus compañeros. Su peor enemigo era ella misma.  Adara contra Adara.

Forastero marulo lo

jueves, 1 de diciembre de 2016

ELOGIO A LA EMPATÍA


   Supongo que este jueves en la gala aprovecharán para mostrarnos al completo esa sesión nueva de terapia que el súper llevó a cabo en el confesionario con los seis concursantes supervivientes que nos quedan en la casa.  Lo que vamos sabiendo de lo que allí les dijeron es gracias a sus reacciones y a lo que ellos mismos van contando sobre el tema, y también por cómo han influido en la convivencia de estas últimas horas esos nuevos ejercicios espirituales para restablecer la empatía entre ellos. El diccionario de Real Academia Española, define la empatía como la identificación mental y afectiva con el estado de ánimo de otra persona; lo digo para que tengamos una idea exacta de la idea clave que al parecer intentaron inculcarles  para que dejasen de mirarse el propio ombligo y que cada uno se pusiese en el lugar de los demás.  Otra ayuda, pobrecillos, para que puedan aguantar este último tramo del concurso, que se les está haciendo casi tan largo a ellos como a nosotros seguirlos desde fuera, sin que llegue la sangre al río y no haya que cerrar el chiringuito porque acaben a tortas unos con otros.  Lo increíble es que esta última explosión de adrenalina, rabia y enfrentamientos salpicados de gestos y palabras subidas de tono se ha producido tras la visita de los familiares, que contrariamente a lo que se pudiera pensar en vez de darles fuerzas y ánimos para calmar nervios y ansiedades lo único que se ha conseguido, con la gala más esperada para ellos, es que se haya emponzoñado todo mucho más todavía.  Lo que da que pensar, y mucho, desde luego.

    Hace más de un mes, exactamente el 21 de octubre, publiqué una entrada en el blog – Terapia de choque – con la pretensión de comentar con bastante guasa aquella intervención del programa intentando también apaciguar los ánimos exaltados que ya entonces dinamitaban la convivencia. Y no se les ocurrió mejor idea que llevar a varios concursantes por parejas (los más implicados entonces: Adara, Bárbara, Clara, Fernando y Miguel) a la sala de expulsiones con la intención de leerles la cartilla a cuenta del nivel inaceptable al que habían llegado por las broncas continuas y las discusiones fuera de tono que se sucedían a diario en la casa.  Un burdo montaje de la dirección del programa fingiendo rasgarse las vestiduras de cara a la galería para descargar su conciencia y trasladar la mayor parte de la culpa de lo que pasaba en Guadalix a los propios concursantes.
     Aquello fue un ejercicio de puro cinismo, como dije entonces, cuando decidieron que había llegado la hora de cogérsela con papel de fumar después de cizañar a conciencia desde todos los frentes posibles a los concursantes, tanto animando a ejercer el poder de los privilegios y las decisiones arbitrarias que debían tomar los afortunados miembros del club cada semana, que afectaban normalmente a aquellos compañeros con los que se llevaban mal o les resultaban indiferentes, como a través de los alegatos, contralegatos y posicionamientos cara a cara que se sucedían varias veces a la semana consiguiendo aumentar las tensiónes ya existentes y favorecer las rencillas y el resentimiento mutuo.  Una manera de incitar a la competitividad extrema hasta lograr que algunos días el ambiente en la casa se convirtiese en irrespirable.
   
    Y esto sin contar por supuesto con las constantes contradicciones en las que cae el programa desde hace tiempo y que algunas vienen de años anteriores. Por ejemplo, el tema de dejar los micrófonos abiertos cuando se comunican con la casa desde el plató. No recuerdo ahora exactamente, tendría que verlo, en qué edición se comenzó con esta costumbre cuando conectaba Mercedes con la casa, de manera que los concursantes podían oír los abucheos, los gritos y los aplausos del público del plató cuando la presentadora se dirigía a ellos para comunicarles el nombre de los nominados de la semana o cualquier otra cosa.  Antes era algo que se cuidaba mucho, el tener a los concursantes aislados de lo que pasaba en el exterior para no hacerles daño y también para que no influyese en su concurso dentro dentro de la casa. Ahora da igual, reciben información a chorros por todos los lados y pueden escuchar cada semana como respira el público del plató y se quedan tocados especulando horas y días con lo que oyen o dejan de oír.  Un despropósito. 
  
    Por eso resulta totalmente disparatado e incoherente que en la misma gala poco después adviertan al expulsado de turno que tenga cuidado al despedirse de los que hasta ese día eran sus compañeros con no pasarles información del exterior ni decirles determinadas cosas para evitar hacerles daño.   Si esto no es un absurdo, o peor aún un acto de hipocresía pura y dura que venga alguien y me lo explique porque yo no entiendo nada.  Bueno, miento, sí que lo entiendo, porque encaja a la perfección con todo lo que llevo diciendo en lo que llevamos de concurso, y si el programa hace todo lo posible para enemistarlos y enfrentarlos casi sin tregua, y para mas inri la recompensa es que se salvan de la expulsión cada semana aquellos más belicosos y polémicos en la casa a juicio de los que viven dentro, lo normal es que al final estallen y pierdan la paciencia la mayoría. 

    Y claro luego vienen los lamentos de cara a la galería y sale el súper o ése que presenta a apagar los fuegos que ellos mismos iniciaron. Una cosa de locos, porque visto lo visto con lo que sucedió después aquel primer intento no les sirvió prácticamente para nada, al contrario, y a pesar de que se fueron tres de aquellos cinco señalados en la primera terapia, digamos oficial, y sólo quedan Adara y Miguel, las broncas continúan y se han vuelto más viscerales sumándose nuevas elementas al cotarro, como Bea y Meritxell.  Lo más significativo es que ahora el súper ha tomado las riendas de la terapia sustituyendo a ése que presenta y que fue el que había llevado la batuta la vez anterior en aquel intento cutre y cínico de mediar con ellos, que si somos sinceros su interés principal era el morbo de enfrentarlos de dos en dos con la excusa de solucionar sus desavenencias. Otra de las modificaciones, además del cambio significativo de terapeuta, es el método de rehabilitación elegido para esta ocasión optando esta vez por una terapia de grupo con todos reunidos en el confesionario chupando un rapapolvo en toda regla del súper. No podemos olvidar que entremedias se produjo aquel injusto castigo disciplinario general para todos los concursantes por el mal comportamiento y que acabo pagando Noelia con su expulsión.

   Una cosa curiosa y a la vez muy cachonda, al comprobar que todo lo hacen para dar ejemplo ante la audiencia, o eso dicen, cuando los espectadores se mueven a la hora de votar en las expulsiones valorando aparentemente otros parámetros muy distintos a los que asegura promover oficialmente el programa: El rollito de la convivencia y todo eso. Ya se sabe.  Algo imposible entender cuando nos dan la oportunidad de echar a uno de los culpables en teoría de tanto grito y falta de respeto y no se nos ocurre otra cosa que echar a Noelia, la pobre, esa concursante ejemplo de virtudes que no levantaba una voz sobre la otra aunque las matase callando.  Y si además resulta que Adara y Bea son las dos principales favoritas al parecer de las redes y sobre todo de la selva desmadrada, sinvergüenza y oportunista de twiter donde todo vale, pues apaga y vámonos.
 
    Si no fuera por lo grotesco y lamentable que resulta todo, tanto cinismo y descaro, sería para echarse a reír y no parar en todo el día. Todo se ha convertido en una guerra para demostrar cuál de las dos la ha montado más gorda o tiene la actitud más impresentable. Una guerra a cuchilladas sin cuartel en las redes que me tiene bastante alucinado, hasta el punto que me estoy quedando de mero espectador a la espera de lo que pase este jueves, con la curiosidad distante de ver en qué queda esta nueva tomadura de pelo del juego de los porcentajes que se llegaron a igualar durante el debate del domingo, otra vez, para aumentar la expectación de la masa talifana de unos y otros. Además, como guinda del pastel asistirá Bárbara a la gala después de todo lo que pasó con su salida de la casa por la grave enfermedad y el desgraciado fallecimiento posterior de su padre, y cualquiera sabe cómo condicionará su relevante presencia la evolución del programa y si lo que ella diga o haga influirá en la expulsión de la noche teniendo en cuenta los ajustados porcentajes entre dos de los concursantes para salir de concurso.

   Podría hablar también de los concursantes y de su momento actual, pero creo que la terapia lo condiciona todo. Es difícil quedarse indiferentes ante el brote de ira y la pérdida de papeles de la naranjita, apenas contenida por Rodri, en sus discusiones con Meri o Adara, y menos aún  pasar de puntillas ante los vaivenes emocionales de una azafata que ahora llora y parece que se desmorona en el confesionario y después en plenos alegatos el domingo por la noche carga sin venir a cuento contra Alain mientras éste contestaba amablemente a las palabras de apoyo de Clara desde el plató en el alegato a su favor.  Nunca como esa noche fue tan evidente la arbitrariedad y la sinrazón de Adara, un ejemplo de lo llevamos diciendo desde hace varios meses, cuando ella aprovecha el directo en galas y debates para calcar una vez más su estrategia de ataque sin motivo alguno a la persona que está nominada con ella. No digamos ya sus ataques de ira, como en el club, dando golpes encima de la mesa y tirando la silla de muy malos modos, los mismos que sacó a pasear cuando se lanzó contra Miguel la noche aquella después que Pol le confesara que el modelo se le había declarado en el contraclub. 
   Tampoco la cosa está para tirar cohetes con la autoterapia del mismo Miguel después de la interpretación del siglo cuando quemó su peluquín ante todo el país, proclamando con toda solemnidad su recobrada libertad, y asegurando que en esa casa se había encontrado a sí mismo. Un ejercicio al que no quiero restar veracidad pero que tiene un tufo terrible a ficción e impostura. En estos momentos si sabe mover bien sus fichas puede beneficiarse de la polarización de la talifanada exterior centrada en una lucha sin cuartel entre Bea y Adara, pero temo que esas dosis excesivas de egolatría y autocomplacencia acaben perjudicando su candidatura a llegar a lo más alto en la final. Como a partir de este jueves las votaciones finales se plantearán en positivo, dependiendo de quien salga expulsado podría pasar cualquier cosa porque la única verdad es que todos en mayor o menor medida están cometiendo errores a mansalva.  De Meri y Alain no espero prácticamente nada pero su bucle interminable puede acabar por fin este mismo jueves para alivio del francés si sale expulsado, porque el tipo cada vez se embarra más en esa relación viciada que mantienen los dos incapaces de salir de ella hasta que uno de ellos se vaya de la casa, y además me temo que sin el argumento que le proporcionaba Alain para lo suyo, la pantera perderá parte del fuelle que tenía y de paso gran parte de sus posibilidades. A ver qué pasa y que esto acabe pronto por favor.

Forastero marulo

sábado, 26 de noviembre de 2016

UN BAÑO DE REALIDAD

    

   Desde que en GH 3 apareció Encarni, la rutilante madre de Patricia, sí, aquella chica andaluza que disfrutó de la primera hora sin cámaras de la historia de GH con Kiko Hernández, donde éste quedó en bastante mal lugar por cierto a cuenta de aquel visto y no visto en que resultó su encuentro al parecer, un fogonazo y para de contar, no han dejado de cobrar protagonismo las madres en el programa, con algún que otro padre o hermano como excepción, en la defensa de sus hijos y en toda la parafernalia que se monta a alrededor de las galas y debates llegando a superar en fama, simpatía u odio a sus vástagos representados. Porque en muchos casos son ellas las que en su papel protector viven su cometido con más garra y entusiasmo de lo que ellos viven su concurso, llegando incluso si se tercia en ocasiones a unos grados de patetismo que causan vergüenza ajena cuando intentan defender lo indefendible con uñas y dientes. Pero ya se sabe, a una madre se le perdona todo porque su amor y entrega no tiene límites y a mí eso siempre me produce cierta ternura, sobre todo cuando te das cuentas que las valientes señoras están allí a veces, incondicionales y a regañadientes, dando la cara por sus hijos a pesar del embolado en que las han metido, y seguramente en contra de su opinión y deseo. Y no digamos ya de aquellas que poseen de natural un carisma arrollador y acaban consiguiendo unas cotas de  popularidad muy por encima de su hijo o hija, hasta el punto que uno acaba deseando que no expulsen a algunos concursantes, por muy impresentables que nos parezcan, para no perder el privilegio de seguir contando con sus madres en el plató.  En esta edición en concreto, excepto la entrañable participación de Cañuelo, el padre fallecido de Bárbara cuyo recuerdo nos dejará siempre un buen sabor de boca, otra vez las madres, y en su defecto tías o amigas que ejercen casi como tales, han vuelto a copar ese lugar preeminente como reinas del plató tanto para lo bueno como para lo malo.

    Todo esto viene a cuento, entre otras cosas, porque debo reconocer que soy de los que disfruto normalmente de estas galas, excepto en alguna que otra edición en que era demasiado descarado el diferente trato que se le daba a la visita de los familiares de unos, con una puesta en escena emocionante y bien realizada, respecto a la de otros en la que parecía todo diseñado para la burla e incluso la humillación de los concursantes.  Este año al menos los encuentros fueron bastante equilibrados - un minipunto para la organización - y no hubo demasiadas diferencias más allá de cómo lo gestionaron ellos mismos y lo divertido o sentimental que nos resultó a los espectadores en cada caso en función de nuestras preferencias y posicionamientos.  Aunque asumo que se producen a veces efectos negativos para el concurso, estas visitas generalmente constituyen un baño de realidad que cuesta asimilar en la casa y si logramos separar los sentimentalismos y las sobreactuaciones excesivas o empalagosas que pueden confundir nuestro juicio, resultan encuentros tan emotivos e importantes para ellos que me ayudan normalmente a colocar algunas de las piezas fundamentales que me faltan para completar el puzle definitivo de algunos concursantes, momentos especiales y únicos en que casi todos se sacan la careta por unos momentos para comportarse tal cual son; una manera de comprender mejor las claves de algunas actitudes y formas de comportarse que sería muy difícil de valorar y descubrir sin hacernos una idea de su entorno familiar y social. 
    Lo que llevo bastante mal es que los familiares voten en lugar de los concursantes, y si además como en la gala del jueves estos pueden ver y escuchar lo que sus familiares dicen y sus argumentos cuando dan los puntos en su lugar mucho peor todavía. Las consecuencias después de una mala interpretación sobre las razones que han utilizado pueden condicionar y mucho la vida en la casa, porque se quedan agobiados y preocupados con la cantinela pensando en qué mensajes les han querido transmitir y cuya consecuencia puede ser un cambio equivocado en su modo proceder. Es verdad que también en el encuentro directo con la familia se pueden pasar consignas; algunas de manera tan clara como la que le transmitió su hermana a Meri para que fuese siempre leal a Adara, es decir que siga montada al rebufo ganador de la azafata.  O el mensaje del amigo de Alain para que éste no descuidase a Meri. En fin, algo que ha ocurrido en mayor o menor medida en todas las ediciones.  Las nominaciones ya son otro cantar, palabras mayores, y ahí las madres fueron las que dieron en el clavo y llevaron la voz cantante esta vez. Sobre todo la de Bea, telita con ella porque domina la mecánica del programa mejor que si estuviera en la casa en lugar de su hija, que de acuerdo con la encantadora y educada madre de Miguel, y gracias al poder del club, salvaron entre las dos al modelo de subir a la palestra metiendo con tres puntos cada una a Alain en su lugar. El francés quedó así nominado con Meri y Adara dentro de un trío letal de cara a la expulsión del próximo jueves. 

    La estrategia de Pilu, la tía de la azafata, y de los familiares de Meri de calzarse mutuamente tres puntos para que estuviesen las dos con seguridad nominadas y esperar a que entrase con suerte un tercero en liza para hacer efectiva la teoría del balancín, como al final acabó pasando al subir sólo el francés en la terna, tenía sus riesgos. Muchos espectadores, y la primera su sobrina, no entendieron porque Pilu después de ganar el juego de las bolas y por tanto el derecho de entrar al club sacó del mismo a la madre de Rodrigo en vez de la madre de Miguel, con el que Adara tiene un mayor enfrentamiento. Supongo que la razón sería porque su tía entendió que las madres de Bea y Rodri llevan juntas muchas semanas, una al lado de la otra, defendiendo a sus hijos como pareja en galas y debates y habrá pensado que llevarían compinchada una estrategia conjunta para las nominaciones, mientras que la madre de Miguel, novata en estas lides, estaría más pez en el juego.
    No me apetece extenderme mucho en el tema de los encuentros en concreto pero me gustaría comentar un par de cosas para terminar con el asunto éste de las visitas. En primer lugar el encuentro que me llamó más la atención fue el de Miguel con su madre, porque ella me pareció, con diferencia, la más correcta y elegante de todos los familiares. En concreto me sorprendió gratamente lo cabal y educada que se mostró a la hora de dar las razones de sus puntos, sobre todo si la comparamos con la tía de Adara que fue todo un despropósito. Estaba claro que no se encontraba cómoda con tener que ir al programa pero su actuación y el encuentro con su hijo resultó de lo mejor de la noche.  Los demás, todo dentro de lo esperado. El chonismo exagerado de Bea con su colección de gritos y palabrotas dentro de esa mezcla disparatada de sus amigas clones con los amigos pijos y también clones de Rodrigo, que alucinaba viendo a su madre encantada y entregada a la causa carpetera en compañía de la madre de Bea

    La retahíla histérica y repetitiva de “tequierotía” y “mequierestía” de una Meri en shock con su hermana alucinada e incapaz de calmarla subida a un avión entre nubes de mentirijillas. Y los abrazos desaforados amarrándose a las cabezas que algunas de sus amigas, Laura entre ellas, asomaban por un agujero de la pared para darle ánimos, unos achuchones tan intensos que el propio súper temió por un momento que ellas, las pobres, acabasen guillotinadas de tanto cariño.  El vídeo entrañable de la familia de Alain dándole ánimos desde Francia, y el emocionante encuentro con su precioso perro.  El lacrimógeno encuentro de Adara con su tía, su madre y Pol con los que iba hablando a medida que aparecían uno tras otro durante unos segundos detrás una especie de tiovivo giratorio mientras ella desesperada intentaba alcanzarlos con las manos tirando de una cinta elástica que la amarraba por la cintura. En fin, que la guinda de la noche fue la propuesta del programa a los espectadores para que éstos eligiesen, con sus votaciones, a un familiar para pasar la noche con uno de los concursantes. Evidentemente se aceptó, sin queja formal por parte de nadie, a Pol como familiar de compañía; una forma segura de meter al genéticamente perfecto en la casa para dar vidilla y morbo al asunto con la excusa incontestable y cínica de que ha sido la audiencia quién lo ha decidido. Es lo que hay y no merece más comentarios.
    Al final se fue Simona, y la rumana cumplió lo justo y necesario para dinamizar la casa y darle algo de savia nueva a unos cimientos que empezaban a desmoronarse.  Sobre todo trajo consigo un aire diferente y exótico que empatizó desde el minuto uno con Alain, el otro extranjero de la casa. Es verdad que quedan muchísimas dudas sobre su forma de actuar aparentemente provocadora utilizando a mansalva el juego de la seducción, con el francés sobre todo, para sacar de sus casillas a sus compañeras, principalmente a Meri y en segundo lugar a Adara (no quiero pensar en lo que hubiese pasado si estuviese su Pol presente). Pero no nos engañemos, esto es GH y en dos semanas si no se pone toda la carne en el asador lo mejor es volverse a casa por donde se vino.  A su manera Simona fue honesta y utilizó precisamente las únicas cartas que podía jugar y que a la vista están, y en consonancia supongo con lo que el programa esperaba de ella.  A pesar de esa evidencia, de su intencionalidad de acción en muchos aspectos para desestabilizar la casa, la chica me divirtió porque logró torear a Adara y a Meri todo lo que quiso en algunos momentos con una estrategia diferente a la que suelen usar todos los demás.

    Creo que más allá de esa imagen insinuante y provocadora buscando con toda probabilidad hacerse mínimamente conocida para lograr otros objetivos al lado de su novio, el tronista, Simona es una mujer sensible, agradable y divertida que me hizo reír y estar pendiente de ella. Lo que más me gustó de todo lo que contestó, nerviosa e insegura, en esa mini entrevista que le hizo ése que presenta es algo que coincide con lo que escribí en el blog hace pocos días, cuando dijo de Adara que desde afuera se la ve de una manera pero dentro de la casa se le nota mucho el victimismo. Curiosamente más o menos lo que le pasó Rebeca cuando estuvo en la casa, que entró con una idea de la azafata y luego salió con otra después de convivir con ellos.
    Creo que a estas alturas ya no quedan muchas dudas, el concurso entra en su tramo definitivo y esto sólo tiene dos fechas posibles de cierre: el jueves quince de diciembre o el jueves siguiente día veintidós.  Si acaba el quince, justo tres meses y una semana después haber comenzado, el jueves día ocho expulsarían a los dos menos votados y el quince sería la final con los tres finalistas que queden. Si prefieren que el concurso dure algo más, el jueves ocho se va el menos votado de los cinco que quedan, una semana después se va el cuarto menos votado y la final con los tres finalistas sería el jueves veintidós, o incluso podrían adelantarla al martes veinte de diciembre.  En cualquier caso el pescado está prácticamente vendido y tal como decía en un comentario de la anterior entrada, después de la expulsión casi segura de Alain el jueves que viene, para que haya un mínimo de suspense y el programa pueda seguir exprimiendo los bolsillos de los incautos implicando a talifanes de diversos pelajes para que voten a mansalva, todo dependerá de quién acompañe en la final a Adara, donde tiene un puesto fijo sí o sí y prácticamente el maletín en el bolsillo.  Si son Meri y Miguel los otros dos finalistas podría haber un mínimo de posibilidades, aunque remotas, de quitar el cetro al universo adárico. Pero si Meri se queda en el camino y entran en la final Miguel y Bea (con Rodrigo no cuento) arrasará Adara sin dudarlo.

    En fin, que todo lo del medio hasta entonces es puro relleno y salvo que se produzca algún hecho extraordinario que reviente todos los esquemas, o que se le ocurra alguna brillante idea a los guionistas de guardia, esto ya no tiene remedio y a mí al menos se me va a hacer muy, pero que muy largo.

Forastero marulo

jueves, 24 de noviembre de 2016

DE PERDIDOS AL RÍO


    Desde GH 14, cuando expulsaron injustamente a Argi, la verdadera ganadora moral como concursante para muchos de nosotros de aquella edición tan nefasta de la que medio dimití prácticamente al principio por primera vez desde que tengo blog para comentar este programa tan cabrón y joputa, no me había sentido tan poco implicado a estas alturas del concurso. Lo que no quiere decir, aunque parezca un contrasentido, que no esté interesado con lo que pasa en la casa con esos concursantes tan previsibles y encorsetados como vulgares marionetas de un escenario de opereta cuya partitura ya conocemos. No sé, es difícil de explicar esa sensación con el programa de que contigo ni sin ti tienen mis males remedio.  El hastío de contemplar un espectáculo con la amarga certeza de que no se podía esperar otra cosa desde que empezó todo en septiembre con “ése que presenta” al mando de la nave.  

    Estoy convencido, como dije al principio de la edición, de que sobre el papel el grupo de concursantes de GH 17 no era un mal casting. En todo caso ni mejor ni peor que en otras ediciones. Algo que sigo pensando ahora después de despedir el jueves pasado a Clara, la última concursante que sin ser una maravilla constituía la única esperanza de vivir un tramo final de concurso diferente al "replay" diario y semanal que nos espera hasta que el último contrincante imaginario de la divina Adara, cautivo y desarmado, abandone la casa derrotado antes que ella. Pero ya habrá tiempo de analizar al final las causas de haber llegado a esta situación y qué responsabilidad ha tenido la editorial del programa en todo este desaguisado según mi punto de vista.

    La realidad es que desgraciadamente se impone el remake repetido una y otra vez con Adara, antes acompañada de Bárbara y ahora con Meritxell de escudera, de procurar el conflicto constante con sus compañeros por cuestiones en general insignificantes y peregrinas para volver al bucle cansino del enfrentamiento agrio y sobreactuado que es capaz de exasperar al más pintado.  El problema es que a estas alturas del concurso la idea de un supuesto grupo mayoritario que acorrala y hace la vida imposible a una pobre muchacha incomprendida por culpa de la envidia, la maldad o el puro resentimiento ha calado injustamente en el imaginario subjetivo y colectivo de esta edición. Algo que lamentablemente ya no tiene remedio, sobre todo cuando se perdió la última batalla para que el decorado fuese diferente. Una realidad que por otra parte creo que no ha existido jamás, al menos como yo lo entiendo, pero que pervive enquistada como un mantra indiscutible en la imaginación de ellas dos, sobre todo de la azafata, y en las mentes de unos seguidores que necesitan esquemas y constructos disparatados para sostener los argumentos a favor de su defendida y en contra de todos los demás como un conjunto despreciable y mezquino. Es decir lo de siempre, unas reglas que todos conocemos y que hemos vivido en varias ocasiones a ambos lados de la trinchera. Por ahí nada que objetar.
    Lo más lamentable es que el resto de concursantes deambulan por la casa de Guadalix aferrados a la dinámica de su propio concurso torpe e insuficiente para ilusionarnos, e incapaces además de desprenderse y liberarse de la maligna influencia del laberinto en el que se han metido por la estrategia que ha tejido Adara a lo largo de estos meses.  Y vuelven a caer una y otra vez en el bucle interminable que retroalimenta el mito de una concursante que más allá de esta situación, que tiene mucho de ficticia e impostada, no sería prácticamente nada. O sería simplemente una concursante que me hubiese gustado ver en otras circunstancias fuera de ese pedestal en que se ha colocado por encima del bien y del mal. La mejor Adara que he visto en muy contadas ocasiones y que seguramente si siguiese por otros derroteros que le presupongo sólo a veces, cuando baja la guardia del guión establecido, podría estar a la altura de la final y tal vez me hubiese ganado.

    Siguiendo con el resto de concursantes, sólo ratificarme que Bea y Rodrigo, solos o como pareja no me entusiasman, más bien todo lo contrario. Pensando en ellos, creo que en las últimas ediciones de GH no se ha vivido una historia de amor tan sincera y bonita como la que protagonizaron en GH 15 la bella Azahara y Juanma, el primo alto de las barbas, que progresó a su ritmo maduro y lento ante nuestros ojos por mucho que los dos lo negasen, entre Tarifa y Nueva York, hasta el punto de renunciar cada uno a su concurso para ganarse ellos mismos como pareja. La mejor victoria de todas aunque nos tomasen el pelo a nosotros. Había más verdad en sus miradas y en sus conversaciones a media voz que en todas las horas sin cámaras de la historia de GH, y ya no digamos en todos los desahogos salvajes y desaforados bajo las sábanas a los que hemos asistido en vivo y en directo. Tal vez sea cierto que la naranjita y el madrileño estén enamorados pero la realidad es que su relación no me transmite, ni me emociona ni me interesa más allá de la curiosidad y el hastío de una carpeta al uso, con sus peculiaridades y también sus buenos momentos, que no todo es negativo, de las muchas que hemos vivido en el programa.  
   Quizás se pueda rascar algo más debajo de lo insustancial y pueril que me resulta todo entre ellos (sólo superado por la relación entre Adara y Pol) y analizar la relación entre dos personas aparentemente tan diferentes y de mundos prácticamente opuestos pero tengo que admitir que los dos, tanto formando pareja como por separado, no me gustan en absoluto como concursantes. Ni más ni menos que Adara, pero respecto a ellos ya sólo me queda especular sobre cuál de los dos se irá antes, o si sólo uno o los dos juntos estarán en la final con la azafata para felicitarla cuando se lleve el maletín delante de sus narices.  Por eso, supongo, y porque Rodrigo, que será muchas cosas pero tonto no es y sabe perfectamente cómo funciona el programa, de perdidos al río y han pedido la hora sin cámaras para quemar quizás el último cartucho que les quedaba. O por el prurito ridículo de formar parte del cuadro de honor, un tanto dudoso, de todas las parejas que han probado la experiencia en la historia del programa.  El currículum siempre tiene su importancia, dicen, y no hay porque renunciar a colgarse una medalla semejante, algo de lo que no podrá presumir Pol por ejemplo, ni la misma Adara. En algo le habrán ganado. Un triste consuelo.
   También Miguel, quemando ya sus últimas posibilidades, se ha rapado el pelo a cero, igual que Rodrigo, lo que da una sensación de estar ante dos proscritos encerrados en ese laberinto adárico del que hablaba antes. Una forma de representar subliminalmente la cárcel y la condena que les espera de aquí a la final. El modelo se ha proclamado libre, redimido de su esclavitud pilosa y estética, y por fin nos ha estampado toda su verdad proclamada en una especie de ritual catártico, casi místico, al grito de ¡¡Soy libre!!.  El auténtico Miguel despojado de todas las cadenas mentales que nos había vendido, justo ahora que se aproxima el momento de dejarse de artificios porque muy pronto tendrá que encontrarse en el plató para dar explicaciones de todo su concurso desde la franqueza bajo la mezcla atronadora de abucheos y aplausos. La hora de reducir todos los migueles que pueblan su mente llena de complejos e inseguridades, solapándose unos a otros, para convertirse en uno solo ante toda España El definitivo supongo. En cualquier caso me gusta mucho más este nuevo Miguel, supuestamente más natural y libre, al menos estéticamente.
    Del bucle entre Alain y Meritxell, por hartazgo, no tengo demasiadas ganas de hablar, simplemente decir que el francés, algo increíble a sus años, ha perdido mucha credibilidad dejándose arrastrar con mucha torpeza y bastantes dosis de egoísmo en la maraña emocional y sexual que ha tejido con la pantera catalana. Una trampa previsible donde se han quedado atrapados los dos, cada uno a su manera. Ella, a su vez, en este último tramo del concurso se ha puesto a rebufo de la azafata consumando el último giro de su veleta imprevisible. 

   Y Simona, bueno, la rumana de las pestañas enormes como abanicos de los Cárpatos le ha venido de cine a la editorial para animar un poco el cotarro, y para dar alimento a una nueva trama triangular con Alain y Meri. Para su desgracia también se ha perdido en el laberinto de Adara, igual que los demás, y su única forma de escapar del suplicio que para decirlo todo se buscó con ganas, será su expulsión dentro de unas horas.  Ahora mismo, mientras termino de redactar la entrada la chica acaba también de sumarse a la moda del rape y se ha cortado en mechón frontal del pelo, animada y jaleada por Bea y ante el estupor de sus compañeros presentes durante la supuesta hazaña; igual que otra condenada más preparándose para el juicio sumarísmo ante el universo adárico que le espera este jueves en el plató. Y no hay más.

Forastero marulo

sábado, 19 de noviembre de 2016

LA LEALTAD POR ENCIMA DE TODO

    No era la mujer más alegre y divertida ni tampoco la más feliz, pero era una mujer valiente, leal y generosa. Se llama Clara Toribio y fue concursante de Gran Hermano 17. Cuando la conocí...

    Cuando la conocí y cruzó por esa puerta para entrar en nuestras vidas, hace exactamente dos meses y una semana, recuerdo que me llamó ya la atención, y en aquella primera entrada sobre GH 17 que publiqué el diez de septiembre la dejé de las últimas para expresar esas primeras impresiones a vuelapluma sobre los concursantes que a modo de reto, y guiándome por la intuición, acostumbro a dejar plasmadas siempre cada año desde minuto uno para comprobar en qué medida después éstas se cumplen. Y hablé de lo altísima que era subida a sus también altísimos tacones, una prenda imprescindible que ella decía adorar, pero lo que me llamó la atención de aquella recién llegada tan desenvuelta y llenando totalmente la casa, era que me parecía una mujer transparente, campechana y echada “palante”. Una mujer de esas que no se iban a esconder ni a arrugar y aunque lo intentara, escribí intentando hacerme el gracioso, sería difícil porque se la vería de todos modos.

    A grandes rasgos aquella primera sensación se ha acabado cumpliendo, y después de esos momentos iniciales lo que me llamó poderosamente la atención a lo largo de los siguientes días y semanas fueron algunos rasgos que ella parecía poseer y que siempre me interesan de una mujer, tanto sí es amiga o compañera, y que son la inteligencia, la lealtad y la generosidad de miras. También valoro mucho la capacidad de comunicación, de conversación, de saber expresar lo máximo gracias a la palabra. Algo que ella disfruta a raudales salvo cuando le pierden las formas y se impone ese temperamento bronco que saca a pasear cuando las cosas se le tuercen y aflora ese poso de amargura que ha encorsetado de manera casi permanente todo su concurso y que ha teñido de dudas su sensatez y su capacidad de autocontrol cuando descarga sin paños calientes toda su frustración contra todo lo que se mueve y se siente atacada, ella o los suyos.

    En ella admiro además esa forma natural de ganarse las voluntades ajenas, la capacidad de liderar y de echarse sobre sus hombros cualquier responsabilidad colectiva llevando los golpes en primera fila para proteger a los suyos hasta extremos a veces exagerados y poco recomendables. Una postura que le ha valido a veces con justicia el calificativo de guardaespaldas, una función que no implica necesariamente que se vea como algo peyorativo y que ella se ha tomado con un gran sentido del humor cuando se arrancaba tarareando con mucha sorna la emblemática canción de Whitney Houston del guardaespaldas cada vez que se lo soltaban para ofenderla.
    En cualquier caso lo suyo se trata de una aureola de autoridad indiscutible, un don que posee de forma natural, una poderosa arma que se ha ganado a pulso y que de alguna forma la define como protectora del territorio de sus afectos. Un rango de capitana de la tropa que una gran parte de los compañeros, convertidos ahora en amigos que la aprecian de verdad, aceptan encantados. Y sin coacciones, no como apuntan de una forma algo insidiosa sus numerosos detractores, porque todos los que conviven con la madrileña y logran su amistad saben que en ella siempre tiene respuestas concretas para todas sus preguntas o dudas y que jamás dejará de posicionarse cuando sea necesario, se lo pidan o no. Es cierto que al entregarse tanto a veces exige a los demás como contrapartida fidelidad y adhesión inquebrantable, y ante cualquier atisbo de traición pueda parecer que se comporta como controladora en exceso, sobre todo porque sus gestos y sus formas resultan aparatosas y supuestamente intimidatorias, pero estoy totalmente convencido, y es una opinión personal que se puede compartir o no, que detrás de esa pantalla de aparente agresividad, adornada de palabras gruesas y gestos a veces inaceptables que distorsionan y oscurecen su imagen como concursante, se esconde uno de los corazones más sensibles y generosos, sino el que más, de toda esa casa.

    Por tanto, es muy difícil y arriesgado valorar con tino y justicia a una concursante tan poliédrica como Clara, porque independientemente de que se conecte o no con ella como espectador nadie puede negar que posee una personalidad tan rica y compleja y con tantos matices, algunos controvertidos, que no se puede despachar en dos o tres sentencias como hacen muchos de sus detractores, una simplicidad de valoración que sí puede servir, sin embargo, para bastantes de sus compañeros cuyo paso por la casa se podría resumir en dos o tres frases, o en función de la carpeta o carpetilla de turno. Tampoco nadie podrá negar que esta edición de GH en lo bueno y en lo malo, una valoración que dependerá de las trincheras de las que uno forme parte, no se entendería ni sería la misma sin su presencia. Solamente Bárbara y en menor medida Miguel e incluso Adara, pero en otro sentido, podrían hacerle algo de sombra en este particular podio.
    Con todo lo dicho, lo que ahora mismo me corroe y me indigna es pensar cómo ha sido posible que GH haya desperdiciado de manera tan miserable la oportunidad de haber realizado una de las mejores entrevistas de la historia de GH. Ése que dicen presenta el programa tenía delante a una mujer de altura, no sólo de estatura física y de presencia imponente, algo que ella misma es incapaz de ocultar y reconoce, una presencia que intimida al interlocutor pero no sólo porque le pueda sacar una cabeza a cualquiera, hasta el punto que ayer en la gala el susodicho se buscó un taburete elevado al máximo mientras que el de ella lo rebajaron para no perder la perspectiva de una concursante de muchos quilates y controvertida a la que no supo, o no pudo, sacar partido ni un diez por ciento de sus posibilidades. Una concursante inteligente, poliédrica, temperamental, sincera y tan entregada al espíritu del concurso, con tantas tramas y vivencias dentro de la casa, que podría llenar perfectamente tres o cuatro largas entrevistas y quedarse corto.

    Me subleva que ante semejante potencial de una personalidad arrolladora y fundamental para entender mínimamente GH 17, centrasen prácticamente todo el tiempo en su relación con Fernando. Siempre defendí que el gaditano fue un tremendo lastre para ella durante el programa. Un concursante tan pésimo que el día en que lo expulsaron respiré tranquilo. Sobre todo por ella. Por eso no viene a cuento que ayer desperdiciasen una entrevista que en manos de otro presentador, o de otros guionistas, podría constituir un regalo maravilloso para todos los que amamos con pasión este programa. Por el contrario la utilizaron con el objetivo ruin y muy corto de miras de humillar aún más a un personaje que tenía poca defensa y que ya se había retratado en numerosas ocasiones. Por una vez, me fastidia tener que decirlo, el tuvo su parte de razón al denunciar el jueguecito sucio de sacarlo del plató para regresar después en presencia de Clara y ponerlo una vez más al pie de los caballos intentando destapar sus supuestas mentiras con unas ansias excesivas de venganza y fuera de lugar por parte del programa, sabiendo que ella, valiente y sincera, era el último recurso para hundirlo y arrastrarlo aún más por el fango si ella contradecía las declaraciones que Fernando expuso sobre la verdadera naturaleza de la relación que habían mantenido los dos en la casa cuando salió expulsado por primera vez.
    Es inconcebible tanta torpeza, un error de estrategia garrafal por culpa de unos criterios tan cutres y carpeteros que me dolió doblemente al ver como se torcía una entrevista que empezó con toneladas de halagos y “mermelada” por parte del que presenta hacia la expulsada, y que no auguraba nada bueno, cuando era evidente en sus primeros compases que si hubiesen sabido tocar las teclas a la altura de la inteligencia y el genio de Clara, y analizando con ella sólo una cuarta parte de lo que fue su concurso al margen de Fernando, se podría haber alcanzado durante la gala, como en los buenos tiempos, el nivel de las mejores entrevistas de la historia del programa. Una altura y un nivel a la medida de la madrileña, que dio muestras en los pocos compases que le dejaron de que estábamos ante una concursante que independientemente de lo pensemos de ella ha sido, en lo bueno y en lo malo, pura esencia de Gran Hermano.

    Digo siempre que me ganan aquellos concursantes que a través de ellos consigo llegar a los demás hasta demostrarnos quiénes son y descubrirnos sus emociones. En el caso de Clara llegamos más allá porque gracias a su presencia y a su concurso algunos compañeros han ganado y mejorado personalmente y no lo digo yo, lo dicen ellos mismos, sobre todo Rodrigo, Bea, Miguel e incluso Alain. Ya sé que muchos argumentan maliciosamente que en realidad los tenía anulados y sometidos bajo su bota dictatorial y supervisora. Algunos dicen incluso que los tenía literalmente acojonados. Desde luego no comparto en absoluto esta opinión y en su despedida ayer de la casa creo que se demostró con suficiencia lo que digo si nos dejamos de demagogias baratas y abandonamos las ansias de ejercer de psiquiatras de pacotilla. Como debemos valorar la moneda por sus dos caras, es cierto que esta cualidad de sacar lo mejor de los demás pudimos verla también en su orientación negativa, porque su concurso logró extraer además lo peor de otras concursantes: Bárbara y Adara, y por lo visto ayer en el plató con su sola presencia consiguió activar la peor cara de una desquiciada Candelas.

    Volviendo al tema de Fernando, consiguieron romper con su presencia en el plató la magia y la complicidad que por primera vez ese presentador había conseguido con alguien expulsado hasta ahora. Y aunque a Clara se le torció por un momento el gesto y se avinagró con el espectáculo montado con él, demostró en vivo y en directo que es una persona íntegra y en ningún momento dejó vendido a su compañero. “Mi lealtad puede con todo” le espetó al presentador consciente de que ella podía haber destrozado sin despeinarse la poca reputación que le quedaba a Fernando. Una lección de lo que significa ser leal a un amigo aunque éste la hubiese decepcionado, y no dijo más del gaditano de lo que le había dicho a él mismo a la cara durante el concurso. Algo que hemos visto todos, como el día que le llamó cobarde por no atreverse a decir lo que sentía, o la vez que le expresó su decepción, durante los escasos días de la repesca que  él aguantó en la casa antes de que lo expulsasen de nuevo por bocazas, cuando le reprochaba que venía cambiado del exterior y guardando las distancias con ella, y aunque aceptaba su actitud a regañadientes le decía aquello de que cada uno tenía su verdad. Sólo se negó a comentar la enigmática frase - “Eso no se puede contar” - que le soltó a Miguel en la casa, cuando su mejor amigo y confidente intentaba sonsacarle cosas y cotilleos íntimos de su relación con Fernando.
   Adara está, según mi punto de vista, a años luz de Clara en todos los sentidos. Algo que se vio en el confesionario cuando tuvieron que ver juntas, conmocionadas y avergonzadas, los vídeos que la dirección del programa les metió en vena y sin anestesia sobre sus salvajes enfrentamientos con las vísceras emocionales arrancadas de cuajo y desparramadas por toda la casa en una sucesión de escenas interminables que ni en las películas mas bestias de Tarantaino se podría superar (es un detalle que la organización en toda la noche no sacase vídeo alguno de Bárbara, aunque sin su presencia en esas disputas es difícil tener una perspectiva completa de la cuestión). Clara asumía que tal como se veían las cosas fuera no tenía duda alguna de que se iba ella, e incluso pidió perdón a los que se hubiesen ofendido asegurando que se sentía avergonzada por su comportamiento al verse así en los vídeos. Más tarde ella le decía a Adara que con lo que acababa de ver se ratificaba aún más su papelón de víctima, y fue desgranando ante la azafata las razones de lo que decía. Adara apenas fue capaz de replicar a tantos argumentos, ni siquiera con su pobres “no argumentos” de siempre.

    Como no quería que la indignación me nublase el juicio y mi única intención era intentar escribir una entrada lo más acertada posible sobre Clara desde mi perspectiva no voy a comentar, a propósito, más de lo necesario el bochorno que supuso una vez más el juego descarado de los porcentajes. Podría escribir una nueva entrada completa ciscándome en el programa y en sus tejemanejes que en la gala del jueves alcanzaron unas cotas de cinismo y atrevimiento impensables, hasta tal punto que parecía que se estaban riendo descaradamente en nuestra puñetera cara. Y sí, pudo pasar cualquier cosa, pero pasó lo que ellos querían y nosotros no éramos más que los monigotes que votábamos como cooperantes necesarios de semejante desvergüenza. Un verdadero escándalo lo veamos por donde lo veamos.
    Me da igual que nos quedásemos por tres putas llamadas sin nuestra guardaespaldas, sin la hermana mayor, sin la capitana. Esa concursante brutal y magnífica en todas las acepciones del término que ha llenado con sus claroscuros y todas las emociones posibles nuestras pantallas. Una mujer de altura a la que le falló quizás la generosidad final de ser elegante con Adara en la despedida, cuando subrayó otra vez, igual que en la sala de expulsiones, la verdad incuestionable de su victimismo militante, algo que suscribimos muchos desde fuera. Si hubiese dicho o hecho otra cosa no hubiese sido ella misma, con todos sus defectos y virtudes, y aunque Clara no ha sido esa concursante perfecta que siempre espero encontrar en cada edición para embarcarme totalmente en su singladura, ella era una de mis finalistas y por supuesto mi ganadora de los que quedaban en la casa.

Forastero marulo