1.- Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada (Edmund Burke)

2.- Hay un límite a partir del cual la tolerancia deja de ser virtud (Edmund Burke)

3.- Es más fácil vivir con el odio que perdonar (Montse, GH 17)

sábado, 26 de noviembre de 2016

UN BAÑO DE REALIDAD

    

   Desde que en GH 3 apareció Encarni, la rutilante madre de Patricia, sí, aquella chica andaluza que disfrutó de la primera hora sin cámaras de la historia de GH con Kiko Hernández, donde éste quedó en bastante mal lugar por cierto a cuenta de aquel visto y no visto en que resultó su encuentro al parecer, un fogonazo y para de contar, no han dejado de cobrar protagonismo las madres en el programa, con algún que otro padre o hermano como excepción, en la defensa de sus hijos y en toda la parafernalia que se monta a alrededor de las galas y debates llegando a superar en fama, simpatía u odio a sus vástagos representados. Porque en muchos casos son ellas las que en su papel protector viven su cometido con más garra y entusiasmo de lo que ellos viven su concurso, llegando incluso si se tercia en ocasiones a unos grados de patetismo que causan vergüenza ajena cuando intentan defender lo indefendible con uñas y dientes. Pero ya se sabe, a una madre se le perdona todo porque su amor y entrega no tiene límites y a mí eso siempre me produce cierta ternura, sobre todo cuando te das cuentas que las valientes señoras están allí a veces, incondicionales y a regañadientes, dando la cara por sus hijos a pesar del embolado en que las han metido, y seguramente en contra de su opinión y deseo. Y no digamos ya de aquellas que poseen de natural un carisma arrollador y acaban consiguiendo unas cotas de  popularidad muy por encima de su hijo o hija, hasta el punto que uno acaba deseando que no expulsen a algunos concursantes, por muy impresentables que nos parezcan, para no perder el privilegio de seguir contando con sus madres en el plató.  En esta edición en concreto, excepto la entrañable participación de Cañuelo, el padre fallecido de Bárbara cuyo recuerdo nos dejará siempre un buen sabor de boca, otra vez las madres, y en su defecto tías o amigas que ejercen casi como tales, han vuelto a copar ese lugar preeminente como reinas del plató tanto para lo bueno como para lo malo.

    Todo esto viene a cuento, entre otras cosas, porque debo reconocer que soy de los que disfruto normalmente de estas galas, excepto en alguna que otra edición en que era demasiado descarado el diferente trato que se le daba a la visita de los familiares de unos, con una puesta en escena emocionante y bien realizada, respecto a la de otros en la que parecía todo diseñado para la burla e incluso la humillación de los concursantes.  Este año al menos los encuentros fueron bastante equilibrados - un minipunto para la organización - y no hubo demasiadas diferencias más allá de cómo lo gestionaron ellos mismos y lo divertido o sentimental que nos resultó a los espectadores en cada caso en función de nuestras preferencias y posicionamientos.  Aunque asumo que se producen a veces efectos negativos para el concurso, estas visitas generalmente constituyen un baño de realidad que cuesta asimilar en la casa y si logramos separar los sentimentalismos y las sobreactuaciones excesivas o empalagosas que pueden confundir nuestro juicio, resultan encuentros tan emotivos e importantes para ellos que me ayudan normalmente a colocar algunas de las piezas fundamentales que me faltan para completar el puzle definitivo de algunos concursantes, momentos especiales y únicos en que casi todos se sacan la careta por unos momentos para comportarse tal cual son; una manera de comprender mejor las claves de algunas actitudes y formas de comportarse que sería muy difícil de valorar y descubrir sin hacernos una idea de su entorno familiar y social. 
    Lo que llevo bastante mal es que los familiares voten en lugar de los concursantes, y si además como en la gala del jueves estos pueden ver y escuchar lo que sus familiares dicen y sus argumentos cuando dan los puntos en su lugar mucho peor todavía. Las consecuencias después de una mala interpretación sobre las razones que han utilizado pueden condicionar y mucho la vida en la casa, porque se quedan agobiados y preocupados con la cantinela pensando en qué mensajes les han querido transmitir y cuya consecuencia puede ser un cambio equivocado en su modo proceder. Es verdad que también en el encuentro directo con la familia se pueden pasar consignas; algunas de manera tan clara como la que le transmitió su hermana a Meri para que fuese siempre leal a Adara, es decir que siga montada al rebufo ganador de la azafata.  O el mensaje del amigo de Alain para que éste no descuidase a Meri. En fin, algo que ha ocurrido en mayor o menor medida en todas las ediciones.  Las nominaciones ya son otro cantar, palabras mayores, y ahí las madres fueron las que dieron en el clavo y llevaron la voz cantante esta vez. Sobre todo la de Bea, telita con ella porque domina la mecánica del programa mejor que si estuviera en la casa en lugar de su hija, que de acuerdo con la encantadora y educada madre de Miguel, y gracias al poder del club, salvaron entre las dos al modelo de subir a la palestra metiendo con tres puntos cada una a Alain en su lugar. El francés quedó así nominado con Meri y Adara dentro de un trío letal de cara a la expulsión del próximo jueves. 

    La estrategia de Pilu, la tía de la azafata, y de los familiares de Meri de calzarse mutuamente tres puntos para que estuviesen las dos con seguridad nominadas y esperar a que entrase con suerte un tercero en liza para hacer efectiva la teoría del balancín, como al final acabó pasando al subir sólo el francés en la terna, tenía sus riesgos. Muchos espectadores, y la primera su sobrina, no entendieron porque Pilu después de ganar el juego de las bolas y por tanto el derecho de entrar al club sacó del mismo a la madre de Rodrigo en vez de la madre de Miguel, con el que Adara tiene un mayor enfrentamiento. Supongo que la razón sería porque su tía entendió que las madres de Bea y Rodri llevan juntas muchas semanas, una al lado de la otra, defendiendo a sus hijos como pareja en galas y debates y habrá pensado que llevarían compinchada una estrategia conjunta para las nominaciones, mientras que la madre de Miguel, novata en estas lides, estaría más pez en el juego.
    No me apetece extenderme mucho en el tema de los encuentros en concreto pero me gustaría comentar un par de cosas para terminar con el asunto éste de las visitas. En primer lugar el encuentro que me llamó más la atención fue el de Miguel con su madre, porque ella me pareció, con diferencia, la más correcta y elegante de todos los familiares. En concreto me sorprendió gratamente lo cabal y educada que se mostró a la hora de dar las razones de sus puntos, sobre todo si la comparamos con la tía de Adara que fue todo un despropósito. Estaba claro que no se encontraba cómoda con tener que ir al programa pero su actuación y el encuentro con su hijo resultó de lo mejor de la noche.  Los demás, todo dentro de lo esperado. El chonismo exagerado de Bea con su colección de gritos y palabrotas dentro de esa mezcla disparatada de sus amigas clones con los amigos pijos y también clones de Rodrigo, que alucinaba viendo a su madre encantada y entregada a la causa carpetera en compañía de la madre de Bea

    La retahíla histérica y repetitiva de “tequierotía” y “mequierestía” de una Meri en shock con su hermana alucinada e incapaz de calmarla subida a un avión entre nubes de mentirijillas. Y los abrazos desaforados amarrándose a las cabezas que algunas de sus amigas, Laura entre ellas, asomaban por un agujero de la pared para darle ánimos, unos achuchones tan intensos que el propio súper temió por un momento que ellas, las pobres, acabasen guillotinadas de tanto cariño.  El vídeo entrañable de la familia de Alain dándole ánimos desde Francia, y el emocionante encuentro con su precioso perro.  El lacrimógeno encuentro de Adara con su tía, su madre y Pol con los que iba hablando a medida que aparecían uno tras otro durante unos segundos detrás una especie de tiovivo giratorio mientras ella desesperada intentaba alcanzarlos con las manos tirando de una cinta elástica que la amarraba por la cintura. En fin, que la guinda de la noche fue la propuesta del programa a los espectadores para que éstos eligiesen, con sus votaciones, a un familiar para pasar la noche con uno de los concursantes. Evidentemente se aceptó, sin queja formal por parte de nadie, a Pol como familiar de compañía; una forma segura de meter al genéticamente perfecto en la casa para dar vidilla y morbo al asunto con la excusa incontestable y cínica de que ha sido la audiencia quién lo ha decidido. Es lo que hay y no merece más comentarios.
    Al final se fue Simona, y la rumana cumplió lo justo y necesario para dinamizar la casa y darle algo de savia nueva a unos cimientos que empezaban a desmoronarse.  Sobre todo trajo consigo un aire diferente y exótico que empatizó desde el minuto uno con Alain, el otro extranjero de la casa. Es verdad que quedan muchísimas dudas sobre su forma de actuar aparentemente provocadora utilizando a mansalva el juego de la seducción, con el francés sobre todo, para sacar de sus casillas a sus compañeras, principalmente a Meri y en segundo lugar a Adara (no quiero pensar en lo que hubiese pasado si estuviese su Pol presente). Pero no nos engañemos, esto es GH y en dos semanas si no se pone toda la carne en el asador lo mejor es volverse a casa por donde se vino.  A su manera Simona fue honesta y utilizó precisamente las únicas cartas que podía jugar y que a la vista están, y en consonancia supongo con lo que el programa esperaba de ella.  A pesar de esa evidencia, de su intencionalidad de acción en muchos aspectos para desestabilizar la casa, la chica me divirtió porque logró torear a Adara y a Meri todo lo que quiso en algunos momentos con una estrategia diferente a la que suelen usar todos los demás.

    Creo que más allá de esa imagen insinuante y provocadora buscando con toda probabilidad hacerse mínimamente conocida para lograr otros objetivos al lado de su novio, el tronista, Simona es una mujer sensible, agradable y divertida que me hizo reír y estar pendiente de ella. Lo que más me gustó de todo lo que contestó, nerviosa e insegura, en esa mini entrevista que le hizo ése que presenta es algo que coincide con lo que escribí en el blog hace pocos días, cuando dijo de Adara que desde afuera se la ve de una manera pero dentro de la casa se le nota mucho el victimismo. Curiosamente más o menos lo que le pasó Rebeca cuando estuvo en la casa, que entró con una idea de la azafata y luego salió con otra después de convivir con ellos.
    Creo que a estas alturas ya no quedan muchas dudas, el concurso entra en su tramo definitivo y esto sólo tiene dos fechas posibles de cierre: el jueves quince de diciembre o el jueves siguiente día veintidós.  Si acaba el quince, justo tres meses y una semana después haber comenzado, el jueves día ocho expulsarían a los dos menos votados y el quince sería la final con los tres finalistas que queden. Si prefieren que el concurso dure algo más, el jueves ocho se va el menos votado de los cinco que quedan, una semana después se va el cuarto menos votado y la final con los tres finalistas sería el jueves veintidós, o incluso podrían adelantarla al martes veinte de diciembre.  En cualquier caso el pescado está prácticamente vendido y tal como decía en un comentario de la anterior entrada, después de la expulsión casi segura de Alain el jueves que viene, para que haya un mínimo de suspense y el programa pueda seguir exprimiendo los bolsillos de los incautos implicando a talifanes de diversos pelajes para que voten a mansalva, todo dependerá de quién acompañe en la final a Adara, donde tiene un puesto fijo sí o sí y prácticamente el maletín en el bolsillo.  Si son Meri y Miguel los otros dos finalistas podría haber un mínimo de posibilidades, aunque remotas, de quitar el cetro al universo adárico. Pero si Meri se queda en el camino y entran en la final Miguel y Bea (con Rodrigo no cuento) arrasará Adara sin dudarlo.

    En fin, que todo lo del medio hasta entonces es puro relleno y salvo que se produzca algún hecho extraordinario que reviente todos los esquemas, o que se le ocurra alguna brillante idea a los guionistas de guardia, esto ya no tiene remedio y a mí al menos se me va a hacer muy, pero que muy largo.

Forastero marulo

jueves, 24 de noviembre de 2016

DE PERDIDOS AL RÍO


    Desde GH 14, cuando expulsaron injustamente a Argi, la verdadera ganadora moral como concursante para muchos de nosotros de aquella edición tan nefasta de la que medio dimití prácticamente al principio por primera vez desde que tengo blog para comentar este programa tan cabrón y joputa, no me había sentido tan poco implicado a estas alturas del concurso. Lo que no quiere decir, aunque parezca un contrasentido, que no esté interesado con lo que pasa en la casa con esos concursantes tan previsibles y encorsetados como vulgares marionetas de un escenario de opereta cuya partitura ya conocemos. No sé, es difícil de explicar esa sensación con el programa de que contigo ni sin ti tienen mis males remedio.  El hastío de contemplar un espectáculo con la amarga certeza de que no se podía esperar otra cosa desde que empezó todo en septiembre con “ése que presenta” al mando de la nave.  

    Estoy convencido, como dije al principio de la edición, de que sobre el papel el grupo de concursantes de GH 17 no era un mal casting. En todo caso ni mejor ni peor que en otras ediciones. Algo que sigo pensando ahora después de despedir el jueves pasado a Clara, la última concursante que sin ser una maravilla constituía la única esperanza de vivir un tramo final de concurso diferente al "replay" diario y semanal que nos espera hasta que el último contrincante imaginario de la divina Adara, cautivo y desarmado, abandone la casa derrotado antes que ella. Pero ya habrá tiempo de analizar al final las causas de haber llegado a esta situación y qué responsabilidad ha tenido la editorial del programa en todo este desaguisado según mi punto de vista.

    La realidad es que desgraciadamente se impone el remake repetido una y otra vez con Adara, antes acompañada de Bárbara y ahora con Meritxell de escudera, de procurar el conflicto constante con sus compañeros por cuestiones en general insignificantes y peregrinas para volver al bucle cansino del enfrentamiento agrio y sobreactuado que es capaz de exasperar al más pintado.  El problema es que a estas alturas del concurso la idea de un supuesto grupo mayoritario que acorrala y hace la vida imposible a una pobre muchacha incomprendida por culpa de la envidia, la maldad o el puro resentimiento ha calado injustamente en el imaginario subjetivo y colectivo de esta edición. Algo que lamentablemente ya no tiene remedio, sobre todo cuando se perdió la última batalla para que el decorado fuese diferente. Una realidad que por otra parte creo que no ha existido jamás, al menos como yo lo entiendo, pero que pervive enquistada como un mantra indiscutible en la imaginación de ellas dos, sobre todo de la azafata, y en las mentes de unos seguidores que necesitan esquemas y constructos disparatados para sostener los argumentos a favor de su defendida y en contra de todos los demás como un conjunto despreciable y mezquino. Es decir lo de siempre, unas reglas que todos conocemos y que hemos vivido en varias ocasiones a ambos lados de la trinchera. Por ahí nada que objetar.
    Lo más lamentable es que el resto de concursantes deambulan por la casa de Guadalix aferrados a la dinámica de su propio concurso torpe e insuficiente para ilusionarnos, e incapaces además de desprenderse y liberarse de la maligna influencia del laberinto en el que se han metido por la estrategia que ha tejido Adara a lo largo de estos meses.  Y vuelven a caer una y otra vez en el bucle interminable que retroalimenta el mito de una concursante que más allá de esta situación, que tiene mucho de ficticia e impostada, no sería prácticamente nada. O sería simplemente una concursante que me hubiese gustado ver en otras circunstancias fuera de ese pedestal en que se ha colocado por encima del bien y del mal. La mejor Adara que he visto en muy contadas ocasiones y que seguramente si siguiese por otros derroteros que le presupongo sólo a veces, cuando baja la guardia del guión establecido, podría estar a la altura de la final y tal vez me hubiese ganado.

    Siguiendo con el resto de concursantes, sólo ratificarme que Bea y Rodrigo, solos o como pareja no me entusiasman, más bien todo lo contrario. Pensando en ellos, creo que en las últimas ediciones de GH no se ha vivido una historia de amor tan sincera y bonita como la que protagonizaron en GH 15 la bella Azahara y Juanma, el primo alto de las barbas, que progresó a su ritmo maduro y lento ante nuestros ojos por mucho que los dos lo negasen, entre Tarifa y Nueva York, hasta el punto de renunciar cada uno a su concurso para ganarse ellos mismos como pareja. La mejor victoria de todas aunque nos tomasen el pelo a nosotros. Había más verdad en sus miradas y en sus conversaciones a media voz que en todas las horas sin cámaras de la historia de GH, y ya no digamos en todos los desahogos salvajes y desaforados bajo las sábanas a los que hemos asistido en vivo y en directo. Tal vez sea cierto que la naranjita y el madrileño estén enamorados pero la realidad es que su relación no me transmite, ni me emociona ni me interesa más allá de la curiosidad y el hastío de una carpeta al uso, con sus peculiaridades y también sus buenos momentos, que no todo es negativo, de las muchas que hemos vivido en el programa.  
   Quizás se pueda rascar algo más debajo de lo insustancial y pueril que me resulta todo entre ellos (sólo superado por la relación entre Adara y Pol) y analizar la relación entre dos personas aparentemente tan diferentes y de mundos prácticamente opuestos pero tengo que admitir que los dos, tanto formando pareja como por separado, no me gustan en absoluto como concursantes. Ni más ni menos que Adara, pero respecto a ellos ya sólo me queda especular sobre cuál de los dos se irá antes, o si sólo uno o los dos juntos estarán en la final con la azafata para felicitarla cuando se lleve el maletín delante de sus narices.  Por eso, supongo, y porque Rodrigo, que será muchas cosas pero tonto no es y sabe perfectamente cómo funciona el programa, de perdidos al río y han pedido la hora sin cámaras para quemar quizás el último cartucho que les quedaba. O por el prurito ridículo de formar parte del cuadro de honor, un tanto dudoso, de todas las parejas que han probado la experiencia en la historia del programa.  El currículum siempre tiene su importancia, dicen, y no hay porque renunciar a colgarse una medalla semejante, algo de lo que no podrá presumir Pol por ejemplo, ni la misma Adara. En algo le habrán ganado. Un triste consuelo.
   También Miguel, quemando ya sus últimas posibilidades, se ha rapado el pelo a cero, igual que Rodrigo, lo que da una sensación de estar ante dos proscritos encerrados en ese laberinto adárico del que hablaba antes. Una forma de representar subliminalmente la cárcel y la condena que les espera de aquí a la final. El modelo se ha proclamado libre, redimido de su esclavitud pilosa y estética, y por fin nos ha estampado toda su verdad proclamada en una especie de ritual catártico, casi místico, al grito de ¡¡Soy libre!!.  El auténtico Miguel despojado de todas las cadenas mentales que nos había vendido, justo ahora que se aproxima el momento de dejarse de artificios porque muy pronto tendrá que encontrarse en el plató para dar explicaciones de todo su concurso desde la franqueza bajo la mezcla atronadora de abucheos y aplausos. La hora de reducir todos los migueles que pueblan su mente llena de complejos e inseguridades, solapándose unos a otros, para convertirse en uno solo ante toda España El definitivo supongo. En cualquier caso me gusta mucho más este nuevo Miguel, supuestamente más natural y libre, al menos estéticamente.
    Del bucle entre Alain y Meritxell, por hartazgo, no tengo demasiadas ganas de hablar, simplemente decir que el francés, algo increíble a sus años, ha perdido mucha credibilidad dejándose arrastrar con mucha torpeza y bastantes dosis de egoísmo en la maraña emocional y sexual que ha tejido con la pantera catalana. Una trampa previsible donde se han quedado atrapados los dos, cada uno a su manera. Ella, a su vez, en este último tramo del concurso se ha puesto a rebufo de la azafata consumando el último giro de su veleta imprevisible. 

   Y Simona, bueno, la rumana de las pestañas enormes como abanicos de los Cárpatos le ha venido de cine a la editorial para animar un poco el cotarro, y para dar alimento a una nueva trama triangular con Alain y Meri. Para su desgracia también se ha perdido en el laberinto de Adara, igual que los demás, y su única forma de escapar del suplicio que para decirlo todo se buscó con ganas, será su expulsión dentro de unas horas.  Ahora mismo, mientras termino de redactar la entrada la chica acaba también de sumarse a la moda del rape y se ha cortado en mechón frontal del pelo, animada y jaleada por Bea y ante el estupor de sus compañeros presentes durante la supuesta hazaña; igual que otra condenada más preparándose para el juicio sumarísmo ante el universo adárico que le espera este jueves en el plató. Y no hay más.

Forastero marulo

sábado, 19 de noviembre de 2016

LA LEALTAD POR ENCIMA DE TODO

    No era la mujer más alegre y divertida ni tampoco la más feliz, pero era una mujer valiente, leal y generosa. Se llama Clara Toribio y fue concursante de Gran Hermano 17. Cuando la conocí...

    Cuando la conocí y cruzó por esa puerta para entrar en nuestras vidas, hace exactamente dos meses y una semana, recuerdo que me llamó ya la atención, y en aquella primera entrada sobre GH 17 que publiqué el diez de septiembre la dejé de las últimas para expresar esas primeras impresiones a vuelapluma sobre los concursantes que a modo de reto, y guiándome por la intuición, acostumbro a dejar plasmadas siempre cada año desde minuto uno para comprobar en qué medida después éstas se cumplen. Y hablé de lo altísima que era subida a sus también altísimos tacones, una prenda imprescindible que ella decía adorar, pero lo que me llamó la atención de aquella recién llegada tan desenvuelta y llenando totalmente la casa, era que me parecía una mujer transparente, campechana y echada “palante”. Una mujer de esas que no se iban a esconder ni a arrugar y aunque lo intentara, escribí intentando hacerme el gracioso, sería difícil porque se la vería de todos modos.

    A grandes rasgos aquella primera sensación se ha acabado cumpliendo, y después de esos momentos iniciales lo que me llamó poderosamente la atención a lo largo de los siguientes días y semanas fueron algunos rasgos que ella parecía poseer y que siempre me interesan de una mujer, tanto sí es amiga o compañera, y que son la inteligencia, la lealtad y la generosidad de miras. También valoro mucho la capacidad de comunicación, de conversación, de saber expresar lo máximo gracias a la palabra. Algo que ella disfruta a raudales salvo cuando le pierden las formas y se impone ese temperamento bronco que saca a pasear cuando las cosas se le tuercen y aflora ese poso de amargura que ha encorsetado de manera casi permanente todo su concurso y que ha teñido de dudas su sensatez y su capacidad de autocontrol cuando descarga sin paños calientes toda su frustración contra todo lo que se mueve y se siente atacada, ella o los suyos.

    En ella admiro además esa forma natural de ganarse las voluntades ajenas, la capacidad de liderar y de echarse sobre sus hombros cualquier responsabilidad colectiva llevando los golpes en primera fila para proteger a los suyos hasta extremos a veces exagerados y poco recomendables. Una postura que le ha valido a veces con justicia el calificativo de guardaespaldas, una función que no implica necesariamente que se vea como algo peyorativo y que ella se ha tomado con un gran sentido del humor cuando se arrancaba tarareando con mucha sorna la emblemática canción de Whitney Houston del guardaespaldas cada vez que se lo soltaban para ofenderla.
    En cualquier caso lo suyo se trata de una aureola de autoridad indiscutible, un don que posee de forma natural, una poderosa arma que se ha ganado a pulso y que de alguna forma la define como protectora del territorio de sus afectos. Un rango de capitana de la tropa que una gran parte de los compañeros, convertidos ahora en amigos que la aprecian de verdad, aceptan encantados. Y sin coacciones, no como apuntan de una forma algo insidiosa sus numerosos detractores, porque todos los que conviven con la madrileña y logran su amistad saben que en ella siempre tiene respuestas concretas para todas sus preguntas o dudas y que jamás dejará de posicionarse cuando sea necesario, se lo pidan o no. Es cierto que al entregarse tanto a veces exige a los demás como contrapartida fidelidad y adhesión inquebrantable, y ante cualquier atisbo de traición pueda parecer que se comporta como controladora en exceso, sobre todo porque sus gestos y sus formas resultan aparatosas y supuestamente intimidatorias, pero estoy totalmente convencido, y es una opinión personal que se puede compartir o no, que detrás de esa pantalla de aparente agresividad, adornada de palabras gruesas y gestos a veces inaceptables que distorsionan y oscurecen su imagen como concursante, se esconde uno de los corazones más sensibles y generosos, sino el que más, de toda esa casa.

    Por tanto, es muy difícil y arriesgado valorar con tino y justicia a una concursante tan poliédrica como Clara, porque independientemente de que se conecte o no con ella como espectador nadie puede negar que posee una personalidad tan rica y compleja y con tantos matices, algunos controvertidos, que no se puede despachar en dos o tres sentencias como hacen muchos de sus detractores, una simplicidad de valoración que sí puede servir, sin embargo, para bastantes de sus compañeros cuyo paso por la casa se podría resumir en dos o tres frases, o en función de la carpeta o carpetilla de turno. Tampoco nadie podrá negar que esta edición de GH en lo bueno y en lo malo, una valoración que dependerá de las trincheras de las que uno forme parte, no se entendería ni sería la misma sin su presencia. Solamente Bárbara y en menor medida Miguel e incluso Adara, pero en otro sentido, podrían hacerle algo de sombra en este particular podio.
    Con todo lo dicho, lo que ahora mismo me corroe y me indigna es pensar cómo ha sido posible que GH haya desperdiciado de manera tan miserable la oportunidad de haber realizado una de las mejores entrevistas de la historia de GH. Ése que dicen presenta el programa tenía delante a una mujer de altura, no sólo de estatura física y de presencia imponente, algo que ella misma es incapaz de ocultar y reconoce, una presencia que intimida al interlocutor pero no sólo porque le pueda sacar una cabeza a cualquiera, hasta el punto que ayer en la gala el susodicho se buscó un taburete elevado al máximo mientras que el de ella lo rebajaron para no perder la perspectiva de una concursante de muchos quilates y controvertida a la que no supo, o no pudo, sacar partido ni un diez por ciento de sus posibilidades. Una concursante inteligente, poliédrica, temperamental, sincera y tan entregada al espíritu del concurso, con tantas tramas y vivencias dentro de la casa, que podría llenar perfectamente tres o cuatro largas entrevistas y quedarse corto.

    Me subleva que ante semejante potencial de una personalidad arrolladora y fundamental para entender mínimamente GH 17, centrasen prácticamente todo el tiempo en su relación con Fernando. Siempre defendí que el gaditano fue un tremendo lastre para ella durante el programa. Un concursante tan pésimo que el día en que lo expulsaron respiré tranquilo. Sobre todo por ella. Por eso no viene a cuento que ayer desperdiciasen una entrevista que en manos de otro presentador, o de otros guionistas, podría constituir un regalo maravilloso para todos los que amamos con pasión este programa. Por el contrario la utilizaron con el objetivo ruin y muy corto de miras de humillar aún más a un personaje que tenía poca defensa y que ya se había retratado en numerosas ocasiones. Por una vez, me fastidia tener que decirlo, el tuvo su parte de razón al denunciar el jueguecito sucio de sacarlo del plató para regresar después en presencia de Clara y ponerlo una vez más al pie de los caballos intentando destapar sus supuestas mentiras con unas ansias excesivas de venganza y fuera de lugar por parte del programa, sabiendo que ella, valiente y sincera, era el último recurso para hundirlo y arrastrarlo aún más por el fango si ella contradecía las declaraciones que Fernando expuso sobre la verdadera naturaleza de la relación que habían mantenido los dos en la casa cuando salió expulsado por primera vez.
    Es inconcebible tanta torpeza, un error de estrategia garrafal por culpa de unos criterios tan cutres y carpeteros que me dolió doblemente al ver como se torcía una entrevista que empezó con toneladas de halagos y “mermelada” por parte del que presenta hacia la expulsada, y que no auguraba nada bueno, cuando era evidente en sus primeros compases que si hubiesen sabido tocar las teclas a la altura de la inteligencia y el genio de Clara, y analizando con ella sólo una cuarta parte de lo que fue su concurso al margen de Fernando, se podría haber alcanzado durante la gala, como en los buenos tiempos, el nivel de las mejores entrevistas de la historia del programa. Una altura y un nivel a la medida de la madrileña, que dio muestras en los pocos compases que le dejaron de que estábamos ante una concursante que independientemente de lo pensemos de ella ha sido, en lo bueno y en lo malo, pura esencia de Gran Hermano.

    Digo siempre que me ganan aquellos concursantes que a través de ellos consigo llegar a los demás hasta demostrarnos quiénes son y descubrirnos sus emociones. En el caso de Clara llegamos más allá porque gracias a su presencia y a su concurso algunos compañeros han ganado y mejorado personalmente y no lo digo yo, lo dicen ellos mismos, sobre todo Rodrigo, Bea, Miguel e incluso Alain. Ya sé que muchos argumentan maliciosamente que en realidad los tenía anulados y sometidos bajo su bota dictatorial y supervisora. Algunos dicen incluso que los tenía literalmente acojonados. Desde luego no comparto en absoluto esta opinión y en su despedida ayer de la casa creo que se demostró con suficiencia lo que digo si nos dejamos de demagogias baratas y abandonamos las ansias de ejercer de psiquiatras de pacotilla. Como debemos valorar la moneda por sus dos caras, es cierto que esta cualidad de sacar lo mejor de los demás pudimos verla también en su orientación negativa, porque su concurso logró extraer además lo peor de otras concursantes: Bárbara y Adara, y por lo visto ayer en el plató con su sola presencia consiguió activar la peor cara de una desquiciada Candelas.

    Volviendo al tema de Fernando, consiguieron romper con su presencia en el plató la magia y la complicidad que por primera vez ese presentador había conseguido con alguien expulsado hasta ahora. Y aunque a Clara se le torció por un momento el gesto y se avinagró con el espectáculo montado con él, demostró en vivo y en directo que es una persona íntegra y en ningún momento dejó vendido a su compañero. “Mi lealtad puede con todo” le espetó al presentador consciente de que ella podía haber destrozado sin despeinarse la poca reputación que le quedaba a Fernando. Una lección de lo que significa ser leal a un amigo aunque éste la hubiese decepcionado, y no dijo más del gaditano de lo que le había dicho a él mismo a la cara durante el concurso. Algo que hemos visto todos, como el día que le llamó cobarde por no atreverse a decir lo que sentía, o la vez que le expresó su decepción, durante los escasos días de la repesca que  él aguantó en la casa antes de que lo expulsasen de nuevo por bocazas, cuando le reprochaba que venía cambiado del exterior y guardando las distancias con ella, y aunque aceptaba su actitud a regañadientes le decía aquello de que cada uno tenía su verdad. Sólo se negó a comentar la enigmática frase - “Eso no se puede contar” - que le soltó a Miguel en la casa, cuando su mejor amigo y confidente intentaba sonsacarle cosas y cotilleos íntimos de su relación con Fernando.
   Adara está, según mi punto de vista, a años luz de Clara en todos los sentidos. Algo que se vio en el confesionario cuando tuvieron que ver juntas, conmocionadas y avergonzadas, los vídeos que la dirección del programa les metió en vena y sin anestesia sobre sus salvajes enfrentamientos con las vísceras emocionales arrancadas de cuajo y desparramadas por toda la casa en una sucesión de escenas interminables que ni en las películas mas bestias de Tarantaino se podría superar (es un detalle que la organización en toda la noche no sacase vídeo alguno de Bárbara, aunque sin su presencia en esas disputas es difícil tener una perspectiva completa de la cuestión). Clara asumía que tal como se veían las cosas fuera no tenía duda alguna de que se iba ella, e incluso pidió perdón a los que se hubiesen ofendido asegurando que se sentía avergonzada por su comportamiento al verse así en los vídeos. Más tarde ella le decía a Adara que con lo que acababa de ver se ratificaba aún más su papelón de víctima, y fue desgranando ante la azafata las razones de lo que decía. Adara apenas fue capaz de replicar a tantos argumentos, ni siquiera con su pobres “no argumentos” de siempre.

    Como no quería que la indignación me nublase el juicio y mi única intención era intentar escribir una entrada lo más acertada posible sobre Clara desde mi perspectiva no voy a comentar, a propósito, más de lo necesario el bochorno que supuso una vez más el juego descarado de los porcentajes. Podría escribir una nueva entrada completa ciscándome en el programa y en sus tejemanejes que en la gala del jueves alcanzaron unas cotas de cinismo y atrevimiento impensables, hasta tal punto que parecía que se estaban riendo descaradamente en nuestra puñetera cara. Y sí, pudo pasar cualquier cosa, pero pasó lo que ellos querían y nosotros no éramos más que los monigotes que votábamos como cooperantes necesarios de semejante desvergüenza. Un verdadero escándalo lo veamos por donde lo veamos.
    Me da igual que nos quedásemos por tres putas llamadas sin nuestra guardaespaldas, sin la hermana mayor, sin la capitana. Esa concursante brutal y magnífica en todas las acepciones del término que ha llenado con sus claroscuros y todas las emociones posibles nuestras pantallas. Una mujer de altura a la que le falló quizás la generosidad final de ser elegante con Adara en la despedida, cuando subrayó otra vez, igual que en la sala de expulsiones, la verdad incuestionable de su victimismo militante, algo que suscribimos muchos desde fuera. Si hubiese dicho o hecho otra cosa no hubiese sido ella misma, con todos sus defectos y virtudes, y aunque Clara no ha sido esa concursante perfecta que siempre espero encontrar en cada edición para embarcarme totalmente en su singladura, ella era una de mis finalistas y por supuesto mi ganadora de los que quedaban en la casa.

Forastero marulo

jueves, 17 de noviembre de 2016

ME GUSTA CUANDO CALLA PORQUE ESTÁ COMO AUSENTE





       Parafraseando a Neruda, me gusta cuando calla porque está como ausente, y uno tiene entonces la impresión que detrás de esa belleza un tanto fría y distante de Adara se esconde un mundo rico y pleno de ternura, como si esperase que en cualquier momento apareciese volando a su alrededor la campanilla de Peter Pan para espolvorear su silueta con los polvos mágicos del país de "Nunca jamás" y comenzase a levitar sobre unos compañeros que se quedan apabullados contemplando su aureola de diosa inalcanzable y caprichosa bajo el cielo otoñal y estrellado de la sierra madrileña. Pero todo es una vana ilusión, un espejismo preciosista y engañoso, por eso me gusta sólo cuando está en silencio observando y marcando su territorio, con el mentón ligeramente levantado mientras sopesa el siguiente paso letal encastillada dentro de ese porte regio ensayado una y mil veces para la ocasión, como si la reina Nefertiti estuviese a punto de cobrar vida a través de su mirada desde el fondo inmenso y gélido de los siglos que la contemplan para recuperar su imperio faraónico en una final soñada.  

    El problema es que la magia que encandila e hipnotiza a tantos espectadores se rompe de repente cuando abre la boca y descubrimos el tono monocorde de sus reproches y sus salidas tono, la repetición cansina hasta la extenuación de un ritual felino de ataque hasta el derribo de la presa elegida.  Sin venir a cuento, a veces, se le congela la sonrisa entre dos cadenas de risas tejidas a borbotones, o entre dos series de besos metralleta cuando estaba con su cuchufleto y oteaba a la vez el horizonte de la casa buscando algún incauto pendiente de retarle con la mirada. Entonces me doy cuenta de que no la odio, pero siento un inmenso rechazo por su concurso cuando advierto el cálculo implacable de todos los pasos de su estrategia, como el domingo pasado en el debate, cuando le preguntaba a Meri, las dos solas ya en el cuarto después de largo enfrentamiento que mantuvo en los posicionamientos con algunos compañeros, si todavía estarían en antena.

    Como siempre pasa en GH, es muy difícil valorar a los concursantes cuando todo está tan polarizado y las posiciones prefijadas, tanto las de ellos mismos dentro de la casa como las nuestras desde fuera. De manera que estamos a la que salta y somos tan puntillosos que aprovechamos cualquier resquicio que ellos nos dejan, cualquier detalle por insignificante que parezca para ratificarnos en nuestros posicionamientos a favor de nuestros favoritos o en contra de aquélllos con los que no comulgamos.

    La madrugada del miércoles, a cuenta de la bronca que Adara y Meri montaron contra Simona, y que continuó por la mañana, sirvió para reposicionar todas las perspectivas respecto al concurso a estas alturas del programa y para actualizar y avivar los enfrentamientos latentes o explícitos previos que han estado madurando y evolucionando hasta explotar de nuevo con efectos colaterales de los que todavía desconocemos sus efectos desde que entró la chica rumana.  Un verdadero revulsivo en una semana fundamental porque mañana se decidirá la expulsión de una de las concursantes protagonistas de este año en la edición.

    Aunque el conflicto se venía fraguando y mascando ya desde el fin de semana, con algunas escaramuzas de menor intensidad  con Adara y Meri contra Simona, sólo fue necesario que ésta, ayer noche, se contonease sensual y provocativa mientras bailaba delante de los chicos, sobre todo ante Alain, para que Meritxell se lanzase hecha una furia a por la rumana.  Inmediatamente después se sumó Adara, que jamás desaprovecha la mínima ocasión para erigirse en la encargada principal de castigar y fustigar a una sin-ver-güen-za más que añadir al tropel interminable de falsos y malas personas que rodean su divina e inmaculada existencia en Guadalix de la Sierra.

 
    Lo más simpático del caso es que Alain, hipotenso como siempre excepto los escasos momentos en que Meri encontró su manivela de activación, no se inmutó ante el circo que se armó con las dos nuevas "muy amigas" a machete contra la rumana, que no aceptaba entrar en la discusión mientras ellas le gritasen y seguía a lo suyo bailando con una copa en la mano y exagerando los contoneos. Cuando ellas insistían ella se reía en su cara y se mofaba de su cabreo repitiendo en tono burlón algunos de los calificativos gruesos que éstas le dedicaban. Acostumbradas a Clara, que es como un toro de Mihura y entra al trapo sin pensárselo dos veces  (ahora ya no tanto porque intenta contenerse), o a otras concursantes que se han ido en fila india expulsadas de la casa y que se amilanaban o callaban por educación ante los ataques furibundos y desproporcionados de Adara, y en su momento también de Bárbara, la actitud displicente de la rumana las engorilaba todavía más, al comprobar que ella no entraba en su juego ni surtían los efectos deseados un ataque frontal tan duro.
 
    Digo lo de Alain porque me sigue asombrando el tema del enfado de demasiadas chicas en estos temas de competencia femenina, por la costumbre de centrar la crítica y el enfrentamiento en la mujer que consideran como contrincante, o por temor a que le levanten el novio, en vez de pedir explicaciones oportunas y reclamar en todo caso a quien corresponde en estos casos, que es según entiendo el hombre con quien mantienen la relación.  Una situación que ocurre con tanta frecuencia, sobre todo con chicas muy jóvenes, que sigo pensando que hay algo que se me escapa o que se está haciendo mal en esta sociedad tan supuestamente avanzada donde al final lo que en verdad priman son las emociones primarias y las pulsiones básicas que arrastramos desde que andábamos en taparrabos por las cavernas.

    Si hablamos del ataque de cuernos de Meri, independientemente de lo que ella piense, sienta o imagine sobre lo suyo con Alain, semejante enfado con la rumana no tiene fundamento alguno. Salvo que signifique una manera de descargar su frustración por la espantada del francés teniendo en cuenta que éste sigue siendo libre y no existe formalmente hablando compromiso alguno entre los dos.  En fin, un despropósito si además quién la apoya en esta guerra es Adara, sobre todo porque ella misma sufrió en sus propias carnes un episodio parecido con su ahora amiga del alma que se la intentó cargar no hace mucho por un supuesto roce inexistente en la pierna de Pol que sólo existió en la calenturienta imaginación de la azafata.

   Todos los demás compañeros, conociendo el percal, callaban o ponían caras de circunstancias, y cuando alguno después como en el caso de Miguel, acabada la discusión principal  y arrimando el ascua a su sardina, por supuesto, intentó entender a Simona en su libertad para hacer lo que le diese la gana, aunque ella al principio pensó que también estaba cuestionándola, entran de nuevo las dos para cargarse de paso al del peluquín por meterse en donde no le llaman.  No deja de ser curioso como Adara que tanto criticaba a Clara por ejercer de guardaespaldas de sus amigos en cualquier discusión con ella, ejerció toda la noche de guardiana de la pantera en su arrebato incontrolable.   
   Me queda todavía por hablar de la interesante conversación posterior que mantuvo Clara con Alain sobre la situación que se está originando en la casa con la relación entre él y Meri después de la bronca de ésta y Adara con Simona. Al contrario de lo que pudiera parecer, por el tono aparentemente inquisidor que es tan fácil atribuirle a la madrileña, en realidad defendió de alguna manera a la catalana haciendo ver que ella no lo está llevando bien y analizando las consecuencias en la vida de la casa, y que afecta a varios compañeros en alguna medida.  También a ella ya que la obliga a distanciarse de él por no dañar a Meritxell. Falta parte de la conversación porque no pudimos verla al completo, pero el mismo Alain asintió y compartió en gran parte el análisis que ella hizo de la situación.

Forastero marulo

sábado, 12 de noviembre de 2016

NOELIA, ÚNICA Y MUY ESPECIAL


    De antemano quiero dejar claro que estoy contento por la continuidad de Clara, sobre todo porque no contaba en absoluto con la posibilidad de que se salvase. Es lo que ocurre por no tener en cuenta en un programa como éste que una cosa es lo que uno desea y otra lo que la editorial dispone en función de sus objetivos, sabiendo como sabemos que manejan de maravilla el juego de los porcentajes cuando la situación se presta para llevar a la audiencia galera allí por donde les interesa. Ayer ese propósito me favoreció, porque cincidía con mis preferencias y se queda una concursante de lo más decente de esta edición a pesar de todos sus defectos, que son muchos. Una alegría que no me obnubila el juicio para constatar y denunciar la tremenda injusticia que se ha cometido con Noelia, un resultado que tiene todavía más delito cuando la cordobesa fue nominada de forma inmerecida por el pecado que cometieron otros, sobre todo en su caso, porque si hay alguien en Guadalix este año que ha sabido convivir y relacionarse correctamente con todos sus compañeros, aparte de la opinión particular que cada uno tengamos de su concurso, esa persona ha sido ella. Jamás levantó la voz a nadie, trató a todos con respeto y tal como lo expresaron algunos de sus compañeros dolidos ayer con su expulsión es la única que podrá presumir, cuando esto acabe, de mantener una buena relación con todos ellos. 

    Al final se cumplió aquel dicho que no me atreví a formular del todo en el título de la antepenúltima entrada (justos y pecadores) donde criticaba que metiesen en el mismo saco con una nominación general de castigo a todos los concursantes. Una decisión arbitraria cuando teníamos la convicción de que todo dibujaba un mano a mano entre Bárbara y Clara, y sin embargo acabó expulsada la andaluza, pagando la más justa por todos los pecadores.  Resulta una extraña paradoja, entre las muchas que nos lleva regalando GH a lo largo de estos años, constatar que un programa que presume de ser espejo de convivencia, todo un sarcasmo, penaliza de forma cruel a aquéllos que precisamente saben convivir mejor en el sentido estricto del término. Por supuesto que no estoy hablando de concursar para ganarse y enamorar a la audiencia, que demasiado a menudo tiene poco que ver con guardar las formas y la convivencia. Y de eso somos todos culpables en mayor o menor medida.

    Como muy bien comentábamos estos días, decepcionados unos y hartos otros por cómo van las cosas este año en el programa, GH ha dejado hace tiempo de ser un concurso para convertirse en un puro espectáculo, donde lo que en realidad importa es el circo que se monta en el sentido más peyorativo del término, y cuánto más polémico y sobreactuado resulte todo mucho mejor.  Alguien habrá que dirá sobre Noelia, con sus razones, que era una concursante falsa, marujona, metomentodo y fuera de tiempo y lugar para sus años. Yo mismo he criticado su forma de concursar y he sido poco complaciente con ella, lo que no quita que la considere una concursante bastante entrañable a su manera, y si me apuran suscribo incluso las palabras de “ése que presenta” cuando afirmó durante la entrevista de ayer que es “única y muy especial”.  Para descargar su mala conciencia, supongo, el programa le regaló una entrevista larga y completa en la que el susodicho adoptó un tono amable y divertido con ella que contagió incluso a las madres de Bea y Rodrigo; y a la que se entregó la cordobesa con entusiasmo sacando a paseo ese gracejo lleno de chascarrillos y ocurrencias para ofrecer un último servicio a GH 17 conforme a lo que todo el mundo esperaba de ella. Y sin el mínimo reproche. Sólo en algunos momentos, cuando repasaron en directo todos los vídeos de la “carpeta” de sus amigos con ella situada en el vértice de un triángulo imposible, una sombra de tristeza se apoderó de su sonrisa y nubló la expresión risueña de su semblante. Apenas fueron unos segundos, mientras su mirada parecía llenarse de melancolía al contemplar ya desde la distancia en la pantalla gigante, en comunión con toda la audiencia, las imágenes de un sueño de amor desvanecido para siempre al lado de Rodrigo a pesar de todas sus plegarias.  
    Noelia aparentó ser positiva, y autoconvencerse de que su verdadero premio consistía en que se llevaba la amistad de todos, incluso logró despedirse de sus compañeros de la misma forma que concursó, sin estridencia alguna y con el aplauso de todos. Tan asequible como prescindible. Pero detrás de tanta fanfarria, igual que le pasó tantas veces en la casa por mucho que dijese que ha disfrutado todo lo que no había disfrutado en toda su vida, fue incapaz de ocultarnos del todo su tremenda frustración como expulsada. Porque estoy convencido de que por mucho que dijese que ella ya sabía que saldría porque es muy intuitiva y especial, no es cierto que se lo esperaba. 

    No se imaginaba Alain que su ansiado ingreso en el club le iba a resultar tan amargo. El poder que les concedió la audiencia, siempre tan puñetera, consistía en el “recambio”, de manera que tenían la posibilidad salvar a un compañero de los nominados de la noche intercambiándose uno de ellos con aquél que eligiesen. Es decir una inmolación tramposa, de esas que carga el diablo.  Ya retorció el gesto el francés cuando se enteró de que Meri había pedido a Bea que le diese los tres puntos a ella para que él no quedase nominado.  Al final ella conseguía su objetivo y quedaba a la postre nominada junto a Clara y Adara, mientras que él se libraba momentáneamente por la mínima. Clara, nominada también, ya había dejado claro, incluso antes de que supiesen el poder que les concedían, que no quería que la salvasen y Miguel no tenía motivo alguno para ponerse la soga el cuello por salvar a ninguna de las otras dos, así que el único que podría hacer uso de un poder tan envenenado por sus consecuencias imprevisibles era Alain: Malo si se ponía en el lugar de Meri para jugarse la expulsión el jueves que viene al lado de dos pesos pesados del concurso después de llegar tan lejos, y peor aún si no lo hacía tras conocer el gesto de generosidad de la pantera rubia sacrificándose ella para intentar que él se librase de las nominaciones.  Aún se lo pensó un buen rato, sopesando lo que debía hacer, y optó por la única opción sensata que le quedaba y que era subirse a la palestra.  Supongo que habrá quien crea que Clara lo forzó de alguna manera incitándolo a autoinmolarse, pero no es cierto, sólo le puso delante de las narices la única opción factible que le quedaba. Lo demás son cantinelas.
 
    Ahora no sé muy bien qué estará pasando por su cabeza, sobre todo porque sabe que todo esto es consecuencia, en parte, de los juegos manuales íntimos a los que se han entregado él y Meri los últimos días. A lo mejor estará maldiciendo el dejarse llevar por las bajas pasiones, aunque entiendo que a veces tanto va el cántaro a la fuente que al final se acaba rompiendo. No sé, no voy a disculpar al francés, sobre todo porque no acabo de verlo claro a pesar de que reconozco su exquisita corrección en otras cuestiones pero hay cosas que no me acaban de cuadrar en él, y eso me preocupa después de llevar más de dos meses de programa.  Además Meritxell, la concursante más veletas de GH 17 porque no hace más que cambiar de bando cada tres por cuatro a lo largo del concurso y ahora toca hacer piña con Adara, cuando se pone pesada puede ser más cargante que una buena fabada a deshoras, y consigue agotar al más pintado, pero aún así no acabo de entender como Alain entra en ese juego tan ridículo y miserable por unas simples pajillas, que al parecer fueron mutuas y consentidas, e intenta que el asunto pase desapercibido ante los demás sabiendo que ella no es de las que se calla las cosas.  A lo mejor estoy equivocado y estamos ante el inicio de una gran historia de amor entre una chavala de veinte años y un tipo ya curtido frisando los cuarenta, que el fondo no es más que un viejo zorro en estas lides que ha caído en las redes de una pantera joven y juguetona más lista de lo que parece.  Pero no me creo nada, así que ya veremos.
 
   Sinceramente, tenía algunas esperanzas puestas en que Adara cambiaría de rumbo en su concurso por algunos detalles que observé en su convivencia y me gustaron en las horas posteriores al abandono de Bárbara, creyendo que podría renunciar por fin a ese discurso cañero y preñado de victimismo que tenía montado a dúo con ella, a lo Thelma y Louise, sin base relevante alguna.  También pensé que veríamos a una nueva concursante, más prometedora e integrada, sin la posibilidad de refugiar su insulso vacío existencial en la casa en los brazos musculosos de su cuchufleto enamorado, y totalmente sumiso ya a sus deseos la última semana que estuvieron juntos. La base perfecta como excusa para lanzar sus flechas envenenadas de desconfianza y de celos contra todo y contra todos. La savia imprescindible para mantener viva la planta voraz que necesitaba regar cada día para que una audiencia fiel y entusiasta se alimentase después de sus frutos engañosos.  Pero todo fue una vana ilusión que se desvaneció demasiado pronto cuando buscó, otra vez, el cuerpo a cuerpo siguiendo los esquemas de siempre en su enfrentamiento con los demás.
 
    Lo mejor de la noche fue comprobar cómo uno a uno, todos sus compañeros abandonaron a Adara en el salón con la palabra en la boca mientras ella seguía erre que erre con su típica retahíla de improperios y recriminaciones sin escuchar a nadie, y repitiendo los “no argumentos” de siempre que tan bien definió Montse cuando aún estaba en la casa.  Inteligentemente, por fin, los demás decidieron no entrarle al trapo más allá de lo imprescindible ni regalarle el protagonismo que buscaba, curiosamente una vez más justo después de la nominaciones a la hora de máxima audiencia durante la gala. Al final nos queda la imagen de su actitud patética y exaltada, en solitario, reclamando explicaciones a los miembros del club sobre el poder que les otorgaron e incapaz de leer, siempre tan falta de empatía, que no era el momento de exigir nada teniendo en cuenta que además de ella, dos de ellos estaban también nominados, y a Alain se le veía especialmente afectado y sin ganas de soltar prenda en ese momento.

    Ahora tenemos dentro ya a Simona, la chica rumana que acaba de entrar por Fernando, y suponemos que después de haber rechazado Bárbara la propuesta que le ofreció el programa de volver a la casa, según nos confesó durante la gala el tipo ése que dicen que presenta este año GH 17, nos meterán al parecer a otro concursante en su lugar a estas alturas de la película. Algo huele a podrido en ese tema después de la rajada de la youtuber por teléfono en el debate del domingo pasado.  No sé, a ver en qué queda todo. Lo urgente es saber cómo se resolverá la expulsión del jueves que viene. Me imagino que la cosa estará entre Clara y la azafata y será interesante observar el pulso entre las dos durante toda la semana. También sabremos como gestiona Alain su relación digito-manual con Meri después de su auto nominación para librarla a ella por imperativo de lo políticamente correcto.  La cosa además se pone interesante con un posible nuevo triángulo, ya que ahora mismo mientras termino de redactar esta entrada es evidente que el francés y la rumana están haciendo muy buenas migas durante la fiesta de esta noche. El caso es que se están entendiendo a las mil maravillas descubriendo que tienen muchas cosas en común, desde que tienen formas similares de ver la vida hasta que son los dos capricornio. La sintonía entre los dos ha llegado a tal extremo que Alain ha aceptado el pacto que ella le ha propuesto de darse un abrazo cuando alguno de los dos se sienta mal o incomprendido en la casa. Cuando Meritxell se entere va a arder Troya
Forastero marulo

jueves, 10 de noviembre de 2016

DESPUÉS DE BÁRBARA









   No sé si fue Tonino, el segundo ex marido italiano de Bárbara y padre de su segundo hijo que estuvo presente en la última gala y quién se encargó al parecer al día siguiente de contactar con ella para comunicarle a través del confesionario el estado de su padre, y de paso le dijo aquello de “fino fine”(hasta el final), o fue el mismo Cañuelo, su propio padre, cuando todavía venía a las galas para representar a su hija antes de que enfermase y lo ingresaran, quién dijo que ella era una persona con la que no cabía término medio: se la amaba o se la odiaba. Bueno, creo que fue el padre quien lo afirmó y su ex en realidad lo que dijo el jueves pasado ante una pregunta capciosa de “ése que presenta” es que la Bárbara que vemos a través de las cámaras es exactamente la misma en su vida real. Así lo reconoció y lo dijo con un gesto que no supe interpretar muy bien si era de admiración o simple resignación ante algo imposible de cambiar. O de ambas cosas a la vez. Lo significativo, por cierto, es que están actualmente separados y a pesar de todo él estaba allí para dar la cara por ella. 

   En cualquier caso, y a lo que iba, la afirmación de que con algunas personas no hay término medio en cuanto a las reacciones que provocan en los demás es algo que utilizan con cierta frecuencia los familiares y amigos del aludido para justificar las consecuencias de su conducta o su carácter en la convivencia.  De hecho, y sin ir más lejos, algo similar creo que comentó la madre de Candelas sobre su hija cuando la defendía con tanta vehemencia en el plató antes de que la expulsaran. En resumidas cuentas, se trata de una forma de suavizar y relativizar, supongo, las aristas de la personalidad y el comportamiento de alguien que suele ser polémico o conflictivo.
 
    Como peco de precipitado y presumo de intuitivo a riesgo de equivocarme, recuerdo que en lo que se refiere a la alicantina esperé un tiempo, no demasiado lo reconozco, para observarla sin condicionamientos antes de juzgar su actitud en la casa. No voy a redundar demasiado en mi opinión sobre ella porque queda reflejada sobradamente a lo largo de las entradas anteriores y en su caso ha pesado lo negativo en la balanza. Con todo es evidente que Bárbara ha sido una concursante magnífica, y utilizo este adjetivo dentro del significado amplio del término, porque es un hecho sin discusión, creo, desde el punto de vista de lo que se pide en este programa a un concursante independientemente de que a mí no me gustase en absoluto ni su actitud ni mucho menos su forma de concursar. No me duelen prendas por tanto en reconocer que GH 17 sería otra cosa sin su presencia en la casa, no sé si mejor o peor, pero seguramente diferente.  De hecho, ahora mismo ya se está produciendo esa transformación que está haciendo más cercana a Adara, por ejemplo, o resaltando la presencia de algunos desdibujada hasta ahora por la alicantina y oscureciendo o solapando sin embargo al resto.

   Desde un punto de vista personal, como seguidor incondicional del programa intentando realizar enormes esfuerzos para adaptarme a tantos cambios que han retorcido este año el programa hasta límites insospechados, el abandono de una concursante como ella, con una manera de desenvolverse muy aplaudida por gran parte de la audiencia que significaba un síntoma más de la enfermedad que aqueja a GH desde hace tiempo, me rompió totalmente los esquemas. Un hecho inesperado que ha dejado totalmente cojo antes de tiempo el guión de lo que acontecía en la casa dentro de una editorial que entendía prefijada. Teniendo en cuenta la perspectiva desde la que analizaba la situación en la casa, sin su presencia como antagonista, o sin la influencia digamos “maléfica” y desestabilizadora que para mí representaba Bárbara en todos los demás, la trama pierde todo su sentido con un vuelco inesperado que ya se está produciendo aunque el final de GH 17 tenga el mismo resultado con su sombra alargada cubriendo la casa desde la distancia. Como explicaré, si ella siguiese en el concurso este jueves probablemente Clara sería igualmente expulsada pero el relato posterior se construiría de otra manera, al menos en sus pasos intermedios, aunque al final esto lo ganase también Adara, que no tendría el camino del triunfo tan segado a su paso porque la presencia de la youtuber sería su principal escollo a la hora del alcanzar el maletín si ésta consiguiese superar el mano a mano tan espectacular con Clara que nos esperaba en la gala de esta misma noche. Ese duelo de titanas del que ya he hablado. Nada, lo que pudo ser y no fue y todo vuelve a reescribirse de nuevo con la azafata acomodando su concurso sin Pol y sin Bárbara con el objetivo más despejado.
 
        No la soportaba como concursante pero es innegable que Bárbara ha logrado algo que muy pocos consiguen, que es converger y confluir en una imagen única y compacta de cara a la audiencia a la persona real con el personaje televisivo. Ha conseguido hacerse visible como esas personas con carisma mediático inconfundible que establecen un arquetipo con las esencias básicas para triunfar en el mundo de la farándula y la telebasura y que se proyecta a los espectadores con unas cuantas características y trazos tan reconocibles y potentes que resaltan la caricatura de lo extremo en lo positivo y en lo negativo de si misma, para alegría de sus fans y simpatizantes y para espanto de sus detractores, entre los que me incluyo. Una caricatura que potencia los rasgos necesarios que le ayudarán a estar en el candelero, seguramente, a pesar de que ahora mismo esté fuera de juego y enojada con el programa por no respetar la decisión de su familia de no comunicarle la enfermedad de su padre.

   No me fío demasiado de las decisiones que toma la dirección del programa ni tampoco creo después de tantos años en sus buenas intenciones. Tampoco quiero entrar en el debate de cómo fue que se enteró ella del estado del padre, ni del grado de implicación de Fernando en toda esta historia por bocazas (sólo me alegro de verlo fuera definitivamente); ni siquiera entraré en la discusión sobre si el programa debió comunicarle antes el tema de la enfermedad de Cañuelo, o si lo hizo el fin de semana porque no le quedó más remedio. Sólo sé que la decisión de hacérselo saber es la correcta y si me pasase a mí, aunque mi familia no diese permiso, yo querría saberlo y cogería las maletas sin dudarlo y saldría pitando de Guadalix para estar donde corresponde en situaciones como éstas. Y más en su caso como el suyo, con las circunstancias familiares que tiene que son de dominio público.  Ella está en su derecho de criticar al programa, sobre todo por la manera en que lo hicieron y ella sabrá cómo quiere llevar este tema. Pero eso es otra historia que ya no me interesa y formará parte de la larga lista de polémicas del programa.
 
     Volviendo a Fernando, con el que ahora mismo hay montada una especie de caza de brujas, no sé de qué se queja la gente a estas alturas cuando meten a repescados, porque es algo que llevamos viviendo hace varios años y una parte importante de los espectadores lo vive con expectación y entusiasmo, aunque a mí desde luego nunca me ha gustado un pelo. De hecho no quería ver ni en pintura a un personaje como él en la casa, algo que llevo diciendo de todas las maneras posibles, sobre todo porque estaba convencido de que iba a perjudicar a Clara con su regreso (muchos seguidores de Bárbara y Adara, lo metieron por eso, para que la madrileña sufriera al ver que el gaditano iba a marcar distancias con ella, como así ha sido). Lo que nunca pensé es que si es cierto que el abandono de Bárbara se precipitó por lo que fue soltando Fernando dentro de la casa – algo que personalmente no puedo asegurar, y tengo todavía mis dudas – al final Clara acabase todavía más perjudicada, ya que en un mano a mano con la youtuber esta noche quiero creer que tendría una oportunidad para quedarse, y ahora mismo con ésta fuera ella está prácticamente condenada. Es decir que se cumplieron los peores presagios con la entrada de su amigo.  Algo que ella expresó con amargura el fin de semana pasado cuando comentó que se sintió mal cuando él se fue por primera vez expulsado y ahora se sentía fatal al comprobar que volvía cambiado marcando las distancias con ella. Otro Fernando que retrató perfectamente cuando dijo que sabía de todo menos de lo que ella necesitaba saber.

    El caso es que cuando uno cree que está curado de espanto y que lo ha visto todo en este concurso, Gran Hermano te agarra por la solapa, te zarandea a lo bestia y vuelve a sorprenderte hasta el punto de que te quedas a veces sin palabras. Son momentos en qué no sabes muy bien qué hacer, si reírte a carcajadas, si quedarte callado sin decir nada durante un tiempo para asimilar la tormenta de sensaciones que te provoca para lo bueno y para lo malo, o simplemente largarse de una puñetera vez mandando todo a tomar por saco y que con su pan se lo coman.   Algo así, con todas las emociones a la vez, fue lo que me pasó en el debate del domingo, cuando no sabes muy bien si todo ese castillo de naipes que minuciosamente se ha montado la organización, tan aparatoso pero con una base tan poco sólida que parece que al menor soplo del viento se puede venir abajo, es así a propósito, o que todo no es más que el producto de una improvisación suicida y demencial buscando cumplir escrupulosamente con los objetivos irrenunciables del guión prefijado. Una situación tan inestable que si concurre una cadena de imprevistos que desbaraten el guión se les viene abajo todo el decorado y se quedan con las vergüenzas al aire.
 
    Ahora, después de Bárbara, y probablemente también después de Clara, si se va esta noche como auguran las quinielas, sin la presencia de los dos pesos pesados de la edición no sé muy bien qué concurso nos espera. Tal vez un paseo triunfal de la azafata salpimentada de historietas de medio pelo como la pajilla sin substancia que le regaló Meri a Alain tan cerca de la gala de esta noche que no tengo ganas ya de comentar, si acaso en la próxima entrada si la cosa se tercia. Quizás un giro más dramático a la carpeta entre Rodrigo el impasible y la naranjita chonipija con Noelia de observadora doliente pidiendo resignación cristiana a todos los santos. Y de fondo Miguel, desnudo ya de todos sus secretos, fuera de su papel y desactivado también de sus argumentos principales como concursante. ¿Qué nos queda? Bueno, esperar tal vez a que entre un nuevo o nueva concursante y aparezca una nueva Judit, como en GH 9, que se lleve el gato al agua. Quién sabe.

Forastero marulo