1.- Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada (Edmund Burke)

2.- Hay un límite a partir del cual la tolerancia deja de ser virtud (Edmund Burke)

3.- Es más fácil vivir con el odio que perdonar (Montse, GH 17)

sábado, 28 de noviembre de 2015

UN MUNDO EN EQUILIBRIO

    Mercedes Milá me lo puso a huevo, y me refiero por supuesto al título de la entrada, un titular que tenía reservado desde hace tiempo para el día que saliese Nichela de Guadalix, deseando que fuese cuanto más tarde mejor y a ser posible en la final. Las palabras perfectas para esa imaginaria entrada que le pensaba dedicar con entusiasmo a la chica del circo el día de su expulsión o victoria. Un texto presidido por una maravillosa foto suya montada en su monociclo mientras da la última vuelta de honor a la pista del entrañable circo Raluy de su familia saludando a unos espectadores fascinados y entregados a la magia atemporal y preciosista de su espectáculo acrobático. Pero decidí no esperar más gracias a la oportunidad de disfrutar la noche jueves de verla todo el día montada en su vehículo de trabajo como contrapartida al privilegio de reencontarse con su estupenda madre. Un regalo perfecto e inesperado para aquellos que apostamos por ella desde el principio.

   Ayudó también, como digo, la imagen de la presentadora en el plató con el muñeco bebé de Marina en su regazo mientras observaba a la criatura con ánimo burlón y muecas de reparo por mucho que para compensar y disimular nos vendiese la moto de que los “Juanito reborn” son una bendición como terapia para algunas ancianas o señoras desquiciadas. Una escena que remató con bastante mala uva y mucho sarcasmo ante la singular afición de la manchega dejando el bebé en brazos de Suso para que lo cuidase un buen rato durante la gala. La mirada de Marina, nada convencida por la cesión de su preciado muñeco al tipo que en la casa despreció su concurso desde el inicio, indicaba a las claras que el tono de su entrevista tendría poco de amigable. Volviendo a la cuestión del título, por esas extrañas asociaciones lingüísticas ante esa situación tan absurda y chocante me acordé del libro de Lucia Etxebarría “Un milagro en equilibrio”, una obra que explora la maternidad y la manera de transmitir desde la emoción a un recién nacido que acaba de ver la luz en este mundo que su madre, su padre y toda su familia con todas sus circunstancias constituyen el bagaje principal que marcará su futuro.  
  
    Para mi satisfacción, confirmé al fin la dimensión de su mundo en equilibrio gracias al encuentro de Nichela con su madre, una mujer atractiva y serena que intentaba canalizar la cadena de emociones de su hija angustiada en primer lugar por saber si había ido bien el estreno de la nueva temporada del circo familiar, y por la preocupación de no hacer daño a la familia con su actitud en el concurso. La necesidad imperiosa de liberarse, o atenuar al menos con este encuentro, el agobio por el compromiso de cumplir unas expectativas ante sus padres producto de la auto exigencia de una concursante muy consciente y presionada por la creencia de que una visión negativa de su paso por Guadalix podría afectar de forma determinante, no sólo a ella de forma individual, sino también a la imagen de un negocio familiar que se debe al público. Una responsabilidad que no tienen el resto de sus compañeros.

   Comprendí también que el equilibrio es el concepto clave de su vida en el concurso, pero no sólo como una postura consciente tomada para entrar en Guadalix y esconderse detrás de ella. El equilibrio forma parte de su mundo, de su trabajo subida al monociclo, de su madurez tan extraña hoy en día en un tiempo en que muchos de nuestros jóvenes eternizan y alargan la adolescencia hasta el absurdo. Un equilibrio fascinante entre la emoción contenida y la calma expectante, entre la realidad y el deseo como diría el poeta Luis Cernuda. De alguna manera el riesgo que supone para una mujer como ella el exponerse a un programa tan ingrato como GH, que puede destruirte en un par de meses como persona, es una manera de romper el equilibrio por una vez en su vida; la necesidad de parar un instante para reflexionar y retomar tal vez, después de este punto y aparte vital, un destino prefijado y sujeto al equilibrio imprescindible en todos sus órdenes para sobrellevar una existencia entregada al mayor espectáculo del mundo: el circo. Además por primera vez sigo a una concursante que me gusta casi tan pendiente y enganchado por lo que nos cuenta en su blog personal como por seguir su vida diaria en la casa a través de las cámaras.  Unas reflexiones imprescindibles para entender a Nichela como persona y concursante. Unas palabras escritas desde el corazón que reflejan con sencillez y naturalidad sus emociones y sentimientos con esta nueva experiencia y compartiendo con nosotros de manera positiva su evolución personal dentro del concurso desde la perspectiva de una chica de su tiempo, cercana y encantadora, pero con una vida diferente a la mayoría de la gente de su edad. 
    El jueves por tanto, y no sólo con ella, se confirmaron muchas de las cosas que pensaba sobre los concursantes que quedan en la casa. Todos los años ocurre lo mismo cuando reciben la visita de sus familiares y amigos, porque se trata de la gala con más contenido emocional con diferencia de cada edición y siempre rezo para que el tratamiento de los guionistas del programa sea equilibrado y lo más justo posible, porque desgraciadamente, por culpa de la experiencia acumulada que tenemos siguiendo el concurso, sabemos que caen en la tentación glorificar el encuentro de unos, dibujando la situación con trazos afectivos que resaltan un torrente de sentimientos contenidos para tocarnos la fibra sensible mientras que en otros casos tienden a incidir en la parte frívola con una puesta en escena que llega a rozar lo ridículo e incluso lo bochornoso.  Esta vez al menos el formato de la visita fue para todos igual y me pareció original pedir una compensación para lograr el privilegio de ver a sus familiares. De cualquier forma, ellos viven normalmente esta gala con mucho entusiasmo y una emotividad desbordada que dependiendo de la realización y la puesta en escena consigue transmitirnos una gran tensión dramática.  Para nuestro pesar la visita no tiene la transcendencia de antaño por la continua información que reciben desde las galas a micrófono abierto que son la norma este año - ¿Dónde queda aquel cuidado y rigor que pedía Mercedes para conseguir el silencio del público en las despedidas de los expulsados desde el plató para no dañar a los compañeros que quedan en la casa? – o por las continuas repescas e incorporación de nuevos concursantes comenzado el programa que aportan información externa tanto de forma directa por irse estos de la lengua como de modo indirecto con su actitud y su posicionamiento los primeros días.  Aun así la gala de las familias, y sobre todo de las madres, es un clásico que merece la pena.

    Decía que encontrarse con sus seres queridos después de más de dos meses de encierro viviendo con la angustia de saber cómo lo estarán viendo ellos desde fuera, dudando si el novio sigue esperando, o si los padres aprueban su conducta en la casa con la necesidad de comprobar que no sufren por las críticas que puedan oír o leer en diferentes medios sobre sus hijos se convierte en un requisito fundamental, casi una obligación, para afrontar con garantías el tramo decisivo del concurso. También a nosotros, que  en función de nuestras filias y fobias lograremos empatizar más o menos con su vivencia, nos viene de perlas para conocer y ratificar o no, algunas de las cosas que pensábamos sobre ellos. Dentro de ese terremoto emocional y afectivo que se desencadena durante el encuentro con los familiares descubrimos a menudo esa nota o ese acento que nos faltaba, la clave que explica muchos de sus comportamientos y el porqué de muchas de sus decisiones y actitudes. Al fin y al cabo todos, absolutamente todos, somos en gran medida el producto de nuestras circunstancias y estamos marcados, lo admitamos o no, por la impronta emocional y educativa de nuestras familias.
    La gala de las visitas tiene además últimamente el componente añadido de las nominaciones de los familiares en lugar de los concursantes. Una situación que se presta a muchas interpretaciones porque ellos desde el exterior no siempre ven esta cuestión desde la misma perspectiva que sus representados. En ocasiones porque yerran en la estrategia que estos seguirían en la casa o por tener una visión diametralmente opuesta al contar con información desde fuera que dentro desconocen. En definitiva, que se convierten en unas nominaciones más reflexivas con el objetivo de ayudarles pero que a la hora de la verdad sus consecuencias pueden resultar nefastas y no responder al deseo de los concursantes. Lo que ocurrió por ejemplo en el caso de Nichela, que gritó un no rotundo cuando su madre le calzó dos puntos a Carlos, o los gestos de disconformidad de Vera ante alguna nominación de su hermana. En cualquier caso, en general, en esta ocasión las nominaciones por parte de los familiares reflejaron un resultado muy similar, punto arriba punto abajo, al que se hubiese producido si nominasen ellos.

    La consecuencia principal de las nominaciones de los familiares, más que los puntos en sí, fue la información que recibieron los concursantes sobre algunos compañeros y en este caso el más perjudicado fue claramente Ricky, que se quedó con el culo al aire al descubrirse parte los comentarios que ha largado sobre los demás con Carlos. Algunos por cierto totalmente fuera de lugar. Me hace gracia porque el hermano del canario, en el encuentro cara a cara que tuvieron un poco antes, le aconsejó claramente que se dejase de coñas marineras y churrascas pintadas en el antebrazo dándole a entender que fuera no había nada y que rematase la faena con Sofía. Vamos, lo mismo que comenté aquí en la entrada anterior cuando decía que Ricky se estaba arrimando a un buen árbol buscando cobijo, pero seguía jugando a dos carrillos intentando el paripé de la persona especial de fuera y metiendo la pata de forma lamentable con determinados comentarios sobre la pamplonica. El hombre no ha sabido medir ni el tono ni el ritmo manteniendo discursos paralelos con ella. Por un lado ensalzando su autenticidad o la cabeza que tiene para ciertas cosas mientras que por el otro valora de manera chusca e inapropiada, de barra de bar cutre entre machotes, la supuesta disponibilidad de Sofía.  El caso es que Aritz ha tenido mucha suerte al coincidir en esta nominación con Ricky, y probablemente el tití vasco le gane la partida al orangután canario, porque éste tiene todas la papeletas para salir expulsado el próximo jueves gracias fundamentalmente a su enorme torpeza.

    Aparte del encuentro de Nichela con su madre, el más conmovedor fue el de Marta con Lester, su novio. La canaria estaba emocionada de verdad, bueno lo estaban los dos, porque él no dejaba de piropearla repitiendo varias veces lo guapa que estaba. Sus palabras sonaban sinceras y ganas no les faltaron a los dos de romper a golpes el cristal que los separaba. Lester, un tipo afectuoso y cabal, es de los que se viste por los pies, algo que se confirmó después durante las nominaciones cuando se enfrentó al hermano de Ricky por defender a su novia ante las palabras de éste.   Marta, por su parte, gana puntos a medida que avanza el programa y cada vez que dice o hace algo jamás deja indiferente a nadie dentro ni fuera de la casa.  Su principal preocupación era saber si su novio estaría todavía esperándola y al final descubrió la respuesta en uno de los encuentros más emotivos de la noche para confirmar que Lester no sólo la esperaba y apoyaba sin fisuras sino que seguía enamorado de ella.
   Un poco antes en el confesionario, trabada como siempre por estar nominada y pensando que podía ser ella la expulsada, la canaria no dejaba de parir frases como una metralleta, ocurrencias que de una forma u otra siempre acaban sacándonos una sonrisa o por el contrario te producen unas ganas tremendas de taparle la boca por cansina. "No me voy de aquí sin mi pintalabios" soltó en medio de la tensión esperando el veredicto del público con Marina y Han, sus compañeros de suplicio, o cuando comentó irónica que camino de Telecinco le gustaría encontrarse una tienda de regalos abierta para comprarse un par de Goyas y plantarse con ellos ante Mercedes. Hecha un manojo de nervios, antes de que le anunciase la presentadora que ella volvía a la casa con el menor porcentaje, dijo que le dolía irse de la casa más gorda y con dos granos en la cara, para asegurar a continuación que lo que le dolería de verdad sería no encontrarse a Lester en el plató. Y entonces hablaba en serio.

   Todo esto no oculta que durante la gala intentasen vendernos una Marta genial como concursante, siempre divertida, celosa y leal con los suyos; aunque hay que reconocer que ella pone mucho de su parte para que aquella concursante metomentodo y furibunda del principio del programa que saltaba a la mínima por "un quítame allá unas pajas" se haya ganado poco a poco el favor de la audiencia. La visita de su novio a Guadalix no hace más que cimentar esa imagen y ratificar su condición de favorita de cara a la final. Tengo que reconocer, por una serie de cuestiones que no vienen al caso, que estoy contento de que por primera vez en GH una canaria tenga verdaderas posibilidades, y méritos, para ser finalista e incluso ganadora del concurso.
   Las demás visitas no me motivaron demasiado. La corrección sin más del encuentro de Carlos con sus padres. La frialdad que Han mantuvo con su madre ignorando prácticamente su presencia para hablar casi todo con su amigo, una circunstancia que no se debió a la imposibilidad comunicarse en chino por orden del programa, porque en realidad de lo que hablo es de miradas y gestos.  Lo mejor de Vera con su hermana fue la naturalidad del encuentro entre dos hermanos que se aprecian y que gracias a ello por fin el de Sabadell se cortó esa horrible coleta. El encuentro de Ricky con su hermano, en fin, ya está comentado. De Sofía y su madre lo sabemos todo y lo más jugoso fue la información que Maite le largó en todo momento, sobre todo durante las nominaciones, una información que no sé si sabrá darle el uso adecuado. O el encuentro distante de Aritz con su amiga del sombrero que luego continuó cuando la audiencia morbosa decidió que fuese él quien disfrutase de una noche con ella y que ya comentaré en otra ocasión.

     Me queda comentar el trato lamentable que dio Mercedes a Marina en la entrevista y las magníficas contestaciones que la manchega le devolvió para taparle la boca. Insuperable cuando le dijo a la Milá que perdonase pero que la que juzgaba a Aritz era ella y el programa. Para acabar, por ahora, me quedó con esa imagen entrañable para mí cuando Marta y Nichela, acabada la gala, se dan cuenta ante las fotos pegadas en la nevera que sólo quedan tres chicas en la casa, ellas dos y Sofía. Las tres embrujadas comentan felices. Sofía, Marta y Nichela, una maravillosa final que firmaría donde hiciese falta. 

Forastero marulo



jueves, 26 de noviembre de 2015

QUE SE PARE EL MUNDO QUE ME BAJO AHORA

    Ojalá que el debate del domingo, y los ramalazos que ayer aún coleaban en el 48 horas, fuesen por fin el canto del cisne, y la tumba definitiva, de ese mundo viceverso en el que estábamos instalados en el programa hasta la expulsión de Suso y del que llevamos hablando, por desgracia, desde hace demasiado tiempo ocultándonos en exceso aquello que realmente nos interesa: el concurso en sí.  Con esa imagen esclarecedora en este sentido el domingo pasado en el debate, de Suso y Raquel sentados en el centro del plató, uno al lado del otro, dirimiendo sus problemas y conflictos con un Jordi en medio sobrepasado por una grada convertida en gallinero alborotado e imposible, es difícil escapar a la sensación de estar en un programa paralelo al modo de MHyV con todas sus miserias y que a mí en particular no me interesa en absoluto. Es lo que hay, generar expectación enredando la madeja para salir en la televisión en bolos y deluxes varios mientras dure la fiesta y se alimenten broncas inexistentes o sobreactuadas para hacer caja.

    No pretendía retomar el tema pero es necesario, creo, resaltar el contraste entre lo que ocurría fuera en el plató mientras allí mismo, detrás, en la enorme pantalla del televisor, el concurso de verdad transcurría en la casa y nos mostraban a Sofía jugando a ponerse otra vez el mundo por montera descolocando a la audiencia y a todos aquellos que la apreciamos como concursante. Por un momento pensé que la navarra, traviesa y transgresora, había pasado de sentir que se le paraba el mundo cuando Suso la miraba a querer que se parase también ahora para bajarse ella y hacer de su capa un sayo sin importarle nada como siempre.  El canario, más listo de lo que se piensa y que sabe muy bien qué le conviene a estas alturas del programa, estaba ahí para recogerla en sus poderosos brazos ofreciéndose de ángel de la guarda para lo que ella necesitase. Mientras tanto Suso, contrariado y con el rabillo del ojo pendiente de Guadalix donde la vida sigue sin él aunque lo recuerden con cariño los que allí quedan, explota en directo y se envuelve bajo la bandera rancia que lo llevó hasta la expulsión, montando ese número de celos a Raquel - repetido ayer - después de que ella subiese rauda a bailar a la grada cuando pusieron la música en un descanso. 
    Retratado en sus defectos de hombre antiguo, tal como siempre se definió, no me sorprendió nada la escena, si acaso la incapacidad manifiesta de este chaval de controlar su impulsividad, que él mismo reconoce, en un decorado como es la televisión y ante millones de espectadores. De Raquel simplemente confirmar una vez más mi decepción como concursante, y aunque ella misma se lo buscó, algo que comentamos por activa y por pasiva en el blog, llegué a sentir lástima de nuevo por el ridículo en que ha vuelto a caer una mujer hecha y derecha por seguir la tontería con un tipo de las características de Suso. Es triste asistir a sus lágrimas de impotencia escaldada por invertir, interesadamente o no, que ya no importa, su capital emocional en una relación con tan poco futuro y sospechosa de cara a la audiencia teniendo en cuenta sus circunstancias de concurso con expulsión, repesca y nueva expulsión. Y lo más patético de todo, con su amiga Amanda en el plató sin mojarse en la disputa y echando balones fuera de manera miserable.  Como dije siempre, y en serio que me duele, otra vez con su dignidad cuestionada y a los pies de los caballos.

    Doy por cerrado este capítulo insistiendo por última vez en el triángulo que formaron estos dos con Sofía porque viene al caso y condicionó la vida en el concurso como uno de sus ejes fundamentales para bien o para mal, hasta el punto que la navarra es ahora una candidata firme a la final, e incluso para ganarla, gracias en parte a su forma de vivir esta historia como víctima de una obsesión, capricho pueril o atracción irresistible, con esa libertad suicida y desprendida sin importarle una mierda las cámaras; irreflexiva y consciente a la vez pero incapaz de controlar sus instintos. Aunque ella, como Raquel, también ha perdido a menudo la dignidad buscando desesperadamente a Suso, la diferencia es que las cámaras la adoran y nos trasmiten más verdad captando golosas la sutileza y el encanto de todas sus emociones, incluso cuando se muestra detestable y egoísta.


    Volviendo a Guadalix que es lo nuestro, la salida de Suso ha dejado un vacío más o menos considerable en el resto de los concursantes, en unos casos por afecto sincero y en otros porque su presencia llenaba la casa para lo bueno y lo malo. Ahora algunos ya no tienen la excusa ni el condicionante de su presencia para vivir a remolque y parapetados detrás del protagonismo constante y viciado que éste marcaba en el resto de la casa. Es el momento de jugar, de reajustar los movimientos para forjar otras alianzas o reforzar las antiguas de cara a enfrentar el tramo decisivo de la edición. Algunos, además, tendrán que  buscarse otra diana donde dirigir sus dardos y poner más carne en el asador para colocarse de forma ventajosa en la pole de la carrera definitiva hacia la final. Es el caso de Ricky, que ha dado un zasca a su churrasca aceptando el juego de seducción propuesto por Sofía totalmente consciente de que acercarse a la navarra, sin la mirada inquisidora de Suso en su cogote, es subirse a caballo ganador. "Quién a buen árbol se arrima buena sombra le cobija", que dice el dicho. Sofía además tiene la virtud de que no es soberbia y si alguien se le acerca con cariño y sin pretensiones no se niega jamás a nadie ni pone barreras. Sabe jugar y entiende la diversión no sólo como un juego de seducción y atracción a veces peligroso, sino también como puro divertimento. Tiene además otra cualidad de la que carecía Raquel, que ha sabido ganarse el afecto, en general, tanto de las chicas como de los chicos de la casa independientemente de sus personalidades tan dispares. A pesar de sus muecas de desagrado y de mostrar tan a las claras sus emociones, incluso las menos complacientes, gana siempre en las distancias cortas y genera empatía a pesar de sus errores.

    Probablemente Marina se vaya mañana por ser la dueña de ese porcentaje ciego tan alto de uno de los tres nominados que nos mostraron anoche en el 48 horas, algo que en general se aplaude en las redes y en los programas de la cadena. Es una concursante que me genera cierta ternura al observar su lucha titánica por aguantar lo máximo en el concurso muy consciente de que ella es una especie de outsider en Guadalix, porque la madre de Juanito reborn vive al margen del grupo en muchos aspectos y parece observar el concurso desde fuera. Ella conserva una buena relación con algunos compañeros - Vera, Nichela o Aritz - pero es muy consciente de que en cualquier caso su vínculo con ellos está en un segundo plano y a la hora de la verdad no es la primera opción para ninguno. Un lugar que asume con resignación aunque siempre que puede intenta jugar sus bazas para subir al puesto más alto en el escalafón de preferencia de alguno de sus compañeros, precisamente lo que pasó cuando en la última gala apostó fuerte apoyando a Aritz en la sonada bronca que éste mantuvo con Han en directo. Los tres puntos de nominación que el vasco, enajenado y fuera de sí, le endosó al chino, a ella le supieron a dulce victoria; y sólo había que ver sus gestos de firmeza y asentimiento en vivo y en directo pegada al vasco para comprobarlo. 
  
    Curiosamente ahora con Marta, que hizo lo mismo que ella y se mojó a tope pero apoyando a muerte a Han, la parte contraria de la pareja, forma un tándem de damnificadas por la enésima reconciliación entre vasco y el chino. Una posición muy incómoda para las dos que se ven relegadas por meter las narices donde no las llaman. Aritz y Han, inmersos de nuevo en su bucle interminable con un novedoso cariz “homocastoliberal”, no acaban de gestionar con acierto el disgusto de sus amigas respectivas que estuvieron a su lado en medio del fuego cruzado durante el momento más difícil de su agria disputa y no son capaces de comprender tampoco que las dos, desde bandos enfrentados pero simétricos, se sienten de alguna manera igualmente estafadas.  Han, además, intenta recomponer en una pirueta poco creíble la relación con Marina, y Marta de rebote en rebote declara la guerra total a todo bicho careto que se mueva al alcance de su punto de mira. Estos días me acordé del día de la expulsión de Raquel, cuando una Marina casi siempre certera, desde esa perspectiva de guisante sin interés que ella misma se atribuye, se preguntaba con mucha sorna qué haría ahora Martita una vez fuera la extremeña a la que tenía entre ceja y ceja y con qué tema nos saldría para justificar sus brotes y trabadas.

    Después del jueves, con la expulsión de uno de los tres nominados quedarán tan sólo ocho concursantes en la casa. Un número tan reducido supone que cualquier movimiento en falso puede resultar determinante para quedar descartado y tirado en la cuneta tan cerca de la final. Todos lo saben y cada uno va buscando su lugar, midiendo sus fuerzas y valorando sus posibles apoyos. Dentro de ese escenario hay dos personajes, Carlos y Ricky, que se apoyan entre ellos muy conscientes de que corren un peligro inminente al encontrarse en tierra de nadie. El marido de Ivy, que no ha salido todavía a la palestra, percibe que tanto por descarte como por su carácter gruñón y picajoso, tolerado hasta ahora, está dando argumentos suficientes para estar entre los próximos nominados.  El canario, por llegar el último con el papel aprendido de mostrarse como un machote cañero como contrapeso a Suso, lleva varios días intentando encontrar el punto necesario para subirse al tren correcto.  Mucho más listo de lo que aparentaba detrás de esos músculos de portero de discoteca y sonrisa viceversa, se ha ido colocando poco a poco en puestos mejores para la que se avecina. Como ya comenté, su última jugada de prestarse gozoso a los juegos de seducción de Sofía, sabiendo que el flirteo con la pamplonica tiene mucho predicamento en el exterior, indica que sabe a lo que está apostando cuando ahora no hace ascos al caramelito navarro que rechazaba no hace mucho con Suso dentro de la casa.
    Ricky está ya en modo total estratega y sentencia cuando puede sobre todo y sobre todos. Es un tipo mucho más observador que la media y sus comentarios no tienen desperdicio, como la vez que se mofó de Vera al verlo tan ilusionado con su conquista mejicana dando a entender que el chaval es un poco ingenuo y se va a llevar un palo tremendo porque una tía como Rossana tiene mucho mundo y está seguro de que no se ha enamorado de él. O el día que comentaba con calculada malicia, en medio de la bronca entre Aritz y Han, que "el vasco sabe lo que quiere pero no lo quiere demostrar" y aseverando sin duda que el del sombrero ya ha estado con un hombre.  También habla con mucho cariño de Sofía para que nosotros lo oigamos y tomemos cumplida nota. Palabras llenas de afecto cuando dice que "es la más pequeña pero a veces parece la que tiene más cabeza" o cuando es capaz de describirla de una manera tierna y sensible como alguien que "con una mirada te explica y con un gesto te dice sin necesidad de hablar". Cualquiera diría que estamos hablando de aquel orangután bautizado como tal por Aritz, cuando más bien parece todo un Cyrano de Bergerac hablando enamorado de su dulce Roxana.  Tal vez habrá pensado que para llegar lejos, o plantarse en la final, pegarse a ella es mucho mejor camino que esa dichosa caja que la misma Sofía intentó abrir ayer en el confesionario.


Forastero marulo

sábado, 21 de noviembre de 2015

EL MUNDO SE PARA CUANDO ME MIRA

  
    Los males del corazón tienen siempre difícil remedio, y si eso es así a cualquier edad, a los diecinueve años, sin la perspectiva que da la experiencia para saber que las heridas del amor se curan con el paso del tiempo o la distancia, y que un clavo puede tapar a otro clavo aunque se queden para siempre las cicatrices marcadas en el alma, todo ocurre como un terremoto imposible de controlar que te agarra por las tripas y da media vuelta a tu vida hasta ponerla patas arriba. Cuando las mariposas vuelan de verdad en tu estómago hasta marearte y quedarte sin respiración en esos momentos de tu vida en que el futuro es un enigma con la mayoría de las claves por descifrar, no sirve de nada tener un historial repleto de más parejas ocasionales o intrascendentes de cama que una persona monógama que te doble en edad, ni ser virgen total en el sentido original del término, porque te entregas como un trapecista desnudo dispuesto a dar el triple salto mortal sin red cuando esa persona que ha entrado en tu vida ocupando hasta el último rincón de tu mente y tus entrañas te mira y te sonríe. 

     Podemos prejuzgar con derecho que a esos años los sentimientos no son más que un disfraz frívolo del capricho egoísta o una trampa para ennoblecer una obsesión cuando estamos acostumbrados a tenerlo todo aquí y ahora, pero siempre es un territorio nuevo e inexplorado repleto de arenas movedizas que te atrapa en el juego de la seducción y el flirteo aunque sea el mismo guión repetido millones de veces desde que el hombre es hombre.  Una excusa que te hace sentir vivo cuando no sabes manejar los códigos de la vida y no reconoces que algo tal real pueda ser algo efímero.

    - El mundo se para cuando me mira - dice constantemente Sofía para justificar ante sí misma y sus amigas porqué cae una y otra vez víctima de su obsesión pueril por un personaje como Suso incapaz de contener el torrente de emociones que él le provoca. Una mujer dibujada a medias entre sus muecas de asco de adolescente tardía y esa mirada luminosa y perspicaz cuando retrata en pocas pinceladas a sus compañeros como nadie. Una chica voluble y a veces irresponsable con aires de Lolita de extrarradio con la seducción como principal objetivo que se transforma por momentos en esa mujer magnífica que podría llegar a ser si no se malogra y se fía de su instinto. Ayer, encerrada en la sala de expulsiones con la persona objeto de sus ilusiones y desvaríos, vivió con el dolor de saber que se fuese quién se fuese de los dos acababa por fin el viaje que marcó de manera determinante su concurso hasta ahora al lado del hombre responsable del tiovivo de sentimientos poderosos y a veces opuestos que la desconciertan: cariño, odio, pasión, despecho, celos, ternura y provocación. La angustia de saber que como dice la canción “contigo ni sin ti” tienen mis males remedio.
 
    Su estancia en la sala de expulsiones mientras esperaban el veredicto del público, avergonzados y sobrecogidos a medida que veían reflejada en el espejo la montaña rusa que supuso su relación durante el concurso con todas sus consecuencias, tuvo un efecto prodigioso sobre ellos y también sobre nosotros. Se produjo entonces uno de esos momentos maravillosos de los que llevo hablando hace varios días, una escena tan llena de autenticidad y grandeza que deja hecho añicos el guion que tenían establecido desde el programa para ilustrar la lucha titánica entre dos de los pesos pesados de la edición ante la audiencia. Un chispazo que brota vigoroso y real de las esencias de ese espíritu de Gran Hermano al que tantas veces apelamos.  Esas señas de identidad que renacen siempre por encima de la farsa y la manipulación interesada, y nos obligan a pesar de todo a continuar en la brecha.  Un regalo que trasciende el armazón mercantilista del programa cuando dos concursantes logran ser ellos mismos por encima de sus posibles trampas e imposturas.  

    Suso y Sofía asumieron la situación con cariño, comprensión, disculpas mutuas, reconocimiento de errores y sobre todo con mucha complicidad. La situación para los dos no tenía remedio dentro de la casa, habían perdido su oportunidad por una cadena de errores según las conclusiones a las que llegaron juntos el otro día después de la larga conversación que mantuvieron en el confesionario para aclarar malentendidos. Uno de ellos salía de la vida del otro en Guadalix para siempre y sabiendo que a esas alturas era lo mejor para los dos.  Al final expulsaron a Suso y el abrazo que se dieron fue uno de los más sinceros y conmovedores que recuerdo en este programa. La despedida de dos concursantes diseñados desde el casting y los secretos compartidos con los que entraron en la casa para entenderse y amarse o para odiarse.
 
    Suso terminó su andadura en el concurso en el momento justo como yo quería (una buena oportunidad para hacer bolos de la mano de Raquel), algo de lo que me alegro aún más después de ver como en el plató durante la entrevista volvía a convertirse en la caricatura de concursante viceverso que para lo bueno y para lo malo en el fondo siempre ha sido. Esta vez, además, Mercedes Milá consiguió con él la primera entrevista medianamente decente en lo que llevamos de edición. Hay que reconocer también que es un tipo muy a su medida para lucirse e hincarle el colmillo: un canalla simpático que le cae en gracia con un comportamiento discutible en la casa de machito egocéntrico, algo retrógrado y sobrado.  Sofía volvió a la casa y debe demostrar ahora que es digna merecedora de entrar en la final e incluso ganarla sin la muleta del catalán como excusa y principal argumento para su concurso. 
  
    Comentaba hace algunos días que en esta edición coral y adictiva casi nadie es imprescindible. Lo afirmé los primeros días del programa cuando mucha gente se echaba las manos a la cabeza por echar a Maite, y decía que la casa llena de borregos sería una ruina sin su pastora. Tampoco ahora pasará nada con la marcha de Suso, y como ejemplo la gala de ayer que con el catalán fuera dejó abiertas el doble de tramas y situaciones con nuevos frentes con un Guadalix rebosante de emociones y conflictos.   No voy a entrar demasiado en la impactante bronca a la que asistimos ayer en vivo y en directo entre Aritz y Han, con el vasco fuera de sus casillas discutiendo con el chino y con los compañeros. Lo que sucedió no es más que una confirmación del análisis que hice sobre esta pareja en la entrada anterior.  Si acaso apuntar que con la aparición de Marina y su posicionamiento tan radical a favor de Aritz en la disputa, del que probablemente salga trasquilada, la situación se convierte en un triángulo curioso y se pone muy interesante. Es evidente que Han tiene celos de ese acercamiento entre la madre de Juanito Reborn y su vasco, y ella por su lado intenta separarlo del chino, y rescatar a Aritz para la causa heterosexual asegurándose de paso un amigo en la casa que a estas alturas del programa es algo imprescindible para sobrevivir. La situación adquiere tintes dramáticos cuando queda ella de nuevo nominada con dos pesos pesados de la edición y amigos entre ellos: El chino y la canaria. La semana promete.
  
    Para echar más leña al fuego, en plenas nominaciones, Aritz pierde de nuevo los papeles cuando Suso en su despedida desde el plató anima a Han como un forofo enardecido con el sonido de la grada aplaudiendo detrás. Y por si no fuera poco pide a Carlos y  a Ricky que apoyen al chino a muerte, un encargo que el marido d e Ivy no asume como confesará después al canario.  Con Marta nominada y después del encontronazo con Carlos esta semana, será interesante saber quién será el destinatario de sus trabadas gloriosas.

    También asistimos a la vuelta de Vera que durante un buen rato estuvo contando sus aventuras mejicanas. Era un poema asistir a la cara de Nichela mientras su amigo contaba cómo surgió la relación con Rossana en Big Brother Méjico y sus primeros besos con ella. Lo del poema lo digo, no porque ella estuviese celosa y eso, sino porque tengo la impresión que la chica del circo se estaba dando cuenta que Vera era el mismo pardillo que se fue hace una semana. Me acordé entonces de la fiesta de hace unos días con rapero ausente, cuando todos en la casa jugaban a una especie de juego de la verdad donde tenían que contestar de uno en uno a preguntas sobre sus gustos sexuales inconfesables o algo así. Todos fueron contando obviedades o barbaridades hasta que le tocó a Nichela. Ella dijo literalmente con una sonrisa pícara: “Que no sean delicados y no digo más”. Suso y sobre todo Ricky entraron inmediatamente al trapo, y el canario enseguida siguió cómplice la broma y le dijo que si necesitaba a alguien cañero que se lo pidiese a él, a lo que la del circo le contestó risueña que lo sentía mucho pero no quería nada con hombres comprometidos, y en su caso estaba la churraska por medio. Al gigantón canario sólo le faltó aplaudir con las orejas. Aquel día entendí porque Vera no era hombre para la del circo, y ayer tal como contaba su estancia en México con ánimo de impresionar y presumir, sobre todo a ella, tuve la sensación de que Nichela pensaba lo mismo. 


Forastero marulo

miércoles, 18 de noviembre de 2015

ROMPER LA BARAJA

    Aunque más adelante voy a entrar a fondo en el tema “Hanaritz”, entre otras cosasuna de las cuestiones capitales de la casa estos días, quisiera comenzar la entrada hablando de Marina, la posible expulsada mañana. No lo hago simplemente por llevar la contraria a la mayoría de los colaboradores de Telecinco, que abogan ante la audiencia durante los debates de todas las formas posibles para que los espectadores voten para echarla a ella y garantizar así que se queden dentro Suso Y Sofía, los otros dos nominados, con la pretensión de que continúe el bucle de tonteo sin fin que se traen entre manos, sino porque estoy convencido, como ya he dicho alguna otra vez y éste es el caso, de que necesitamos secundarios de lujo en cualquier trama que se precie, esos personajes que a menudo superan a los supuestos protagonistas gracias a su buen hacer y a sus cualidades personales. Y también porque me gustan los guisantes naturales de pueblo, y si es con jamón mejor.  

    Me fascina la templanza con la que esta chica de pueblo con brackets, tatuajes y gustos un poco rarillos afronta sin despeinarse el continuo ninguneo a la que está sometida por sus compañeros. Me conmueve su vehemencia en relacionarse con todos los demás. Un marujeo responsable y con criterio que hunde sus profundas raíces en esa sabiduría popular de quien sabe escuchar con infinita paciencia las neuras de los demás para ofrecer luego sus consejos. O también esa capacidad, como buena castellana, de soltar cuando viene a cuento las verdades del barquero sin disfrazar y a la cara, pero con mucho sentido común a pesar de que después siempre la utilicen como recurso fácil para calzarle puntos en las nominaciones. El regalo de ayer con el alegato sorpresa que recibió de Quique fue emocionante. Al final no pudo contener las lágrimas al saber que seguía siendo la más importante para alguien de esa casa, aunque ya no viviera en ella. Nada que ver con la decepción que se llevó Sofía renegando del alegato cutre de su madre, ni con la sonrisa de circunstancias de Suso enmarcada con el manido corazoncito formado con los dedos tras escuchar su defensa de labios de Raquel.  Un alegato con carga de profundidad incluida por su carácter castrador si se queda él y la navarra.
    Teniendo en cuenta que el jueves regresa Vera triunfante de Méjico, como César victorioso a Roma desde las Galias, y pensando en que quizás después me cueste salir de la fangosa relación entre el chino y el vasco, algo que vende un montón según Suso por cierto, voy a dedicarle un rato a Nichela, que estuvo ayer en el ojo del huracán con las cámaras de la casa pendientes en todo momento de su reacción ante las imágenes de su amigo, antes enamorado, despidiéndose a besos de Rossana en Méjico.  

    No voy a negarlo, me ha molestado mucho el desprecio hacia la chica del circo de una parte importante de los opinadores durante el debate. No puedo con esa mala baba con tufillo misógino, no tanto por el contenido como por el tono utilizado, insinuando que la chica está pepona de tanto comer, y lo que es peor, afirmando que se ríe de Vera - a mí parece una risa nerviosa al saberse observada por todos - y valorando que su semana divertida en ausencia de su amigo ha sido algo forzada y nada natural con el propósito de aparentar. Tengo la impresión de que esta gente no ve el directo y que habla de oídas o por prejuicios, porque el mejor indicador de que esa afirmación no es cierta es la opinión de sus compañeros que en general han descubierto a una Nichela más divertida, simpática y entregada a tope en la convivencia y sobre todo muy fiestera desde que el de Sabadell se fue de intercambio.  Está claro que Vera la tenía bastante condicionada y que en ocasiones se mostraba contenida por no hacer daño a su amigo, algo de lo que nos hizo partícipes a nosotros y a sus amigas. Ella fue siempre sincera con él, evitando siempre cualquier situación de contacto que pudiese llevar a equívocos, es decir igualito que Aritz con el chino. La del circo le ofreció siempre una amistad sin fisuras aunque a veces se riese con sus cosas, y lo más importante, jamás le dio falsas esperanzas ni cayó en la tentación de aceptar una miserable carpeta para medrar en el concurso. 
    Todo lo dicho encaja perfectamente con que ella manifieste su asombro con el cambio de Vera y que se pueda sentir decepcionada con él. Lo mismo que yo, por cierto. Me explicaré.  No deja de ser contradictorio tanto enamoramiento del chico que hace nada ni la dejaba respirar con sus celos, mostrando al entrar en el plató del big brother mejicano la dichosa pulserita que ella le regaló diciendo que es de un amor que dejó en España que en realidad no es amor sino una bonita amistad, para que en cero coma dos segundos se lo montase con Rossana, la tía buena del programa y se olvidase totalmente de ella. Desde luego todos nos alegramos por la autoestima del rapero, pero tendría razón la del circo si se sintiese mal ahora, cuando ni siquiera le dirigió la palabra durante la conexión con Méjico el domingo cuando ella le preguntó cómo se encontraba y un Vera descortés pidió que la sacasen a ella de la pantalla y pusiesen a Han. Entendería que le pasase por los morros a Suso la conquista de la DJ Devil, o como se llame, que lo menospreció de forma clara burlándose de que enviar el "bienqueda" de la casa a México era un puro desperdicio. La cara de envidia del machoman de Guadalix al comprobar que Vera había llevado al huerto a Rossana, la mejicana repleta de curvas y fundamentos, era un poema después de tanto menosprecio y escupir resentido que el chaval sería un fiasco como representante de las gónadas, perdón, de las glorias patrias.  Pero la actuación que tuvo con Nichela, su amiga ante todo, de tomarse esa ridícula y mezquina venganza de ignorarla en directo, aunque a algunos les haga gracia, demuestra que en el fondo Suso tenía parte de razón y no es más que otro resentido al le queda mucho por mejorar.

    Ella misma, siempre sincera, como Sofía pero a su modo, reconoció que a veces duele que un amigo al que se está muy unido ya no te necesite tanto cuando tiene pareja. Qué levante la mano quien no ha vivido esta experiencia alguna vez en la vida en ambas direcciones, tanto si uno es dejado un poco de lado por las prioridades afectivas de un amigo, como al contrario, por recibir alguna queja de tus amigos al tenerlos algo abandonados por culpa de tu situación sentimental actual o por nuevas amistades que limitan la atención y el tiempo dedicado a tus amigos de siempre.  Tengo verdadera curiosidad por comprobar cómo se mostrará Vera con Nichela cuando regrese mañana a Guadalix. Ahora comprobaremos de que pasta está hecho

    En estos últimos días se rompió definitivamente el equilibrio en la vida de Aritz dentro de la casa y su relación con Han traspasó una barrera que ha destapado la realidad disimulada entre bastidores detrás del escenario principal, el lugar donde el juego de emociones y sentimientos cruzados y encontrados han explotado con toda su crudeza delante de nosotros.  Hay que tener muy claro que el juego del amor y la pasión no tiene reglas escritas en parte alguna, y por mucho que creamos que se trata de cuestiones frívolas y superficiales sin más transcendencia y fáciles de dominar aparecen los sentimientos a la vuelta de la esquina cuando uno menos se lo espera y lo devoran todo dejando a las personas a la deriva, descolocadas y fuera de control.
  
    La relación entre Han y Aritz funciona como un círculo vicioso que da vueltas alrededor de si mismo creciendo y creciendo incapaz de avanzar sin romper por las costuras. Como un adolescente que crece vigoroso y necesita expandirse porque sus ropas se quedan pequeñas y el mundo estrecho, físico y emocional, en el que vivía resulta insuficiente. Contrariamente al progreso natural de las cosas, con estos dos es como si estuviésemos siempre en el mismo lugar sin posibilidad de avance, como un experimento encerrado dentro de una urna o una cápsula que todos observamos y analizamos desde dentro y fuera de la casa con calculada distancia. Una de sus variables o elementos (Aritz) pretende permanecer inmutable y se niega a evolucionar o auto descartarse, mientras que la otra variable (Han) procura al contrario romper con el "status quo", y cada vez que lo intentan juntos se empantanan en dos discursos paralelos y opuestos, repletos de sobrentendidos, a la hora de interpretar su peculiar relación química y explosiva.  Hasta ahora los dos asumían - Han a duras penas para no perder el contacto - un pacto tácito en virtud del cual cada uno vivía la relación en un plano diferente en su contenido y significación, pero con la conciencia de ignorar el punto de vista del otro para mantener la situación en una zona de confort relativamente cómoda y provechosa para los dos, tanto a nivel emocional como por el interés de su concurso. Una especie de follamigos con un prototipo "sui generis" de relación sexual sin sexo explícito, hablo del genital, pero con una connotación erótica tan evidente que a nadie se le escapa.

    En esos dos planos superpuestos y entrecruzados, el chino, y esto es indiscutible, vive su relación con el vasco en clave de pareja sentimental, por mucho que lo verbalice de otra manera condicionado para evitar que él se enfade. Como dos tortolitos enamorados que acaban de conocerse lo comparten todo y viven con la intensidad la novedad de los primeros días y las primeras semanas con un único límite que ha impuesto el vasco: el sexo genital. Del resto no les falta de nada y han hecho de todo hasta la frontera difusa que existe entre los preliminares y el acto propiamente dicho, como diría nuestra NichelaHan lo tiene muy claro y asume en su modo de actuar que el del sombrero es su pareja a todos los efectos, una pareja sin derecho a un tipo determinado de sexo.  Además, como adivina señales equívocas y confusas que sólo él percibe bajo las sábanas sobre los verdaderos deseos del vasco, vive con la esperanza de que éste corte al fin los últimos eslabones de la pesada cadena que lo aprisiona, en su mente sobre todo, y reza para que la famosa llave que Aritz saca y enseña cada gala del jueves sea la que abra las puertas del armario imaginario en el que está metido. Su sueño es tener el privilegio de que se la regale para que sea él quien la abra por fin.
    El plano en el que está, bueno en el que estaba, instalado el vasco hay que verlo desde la perspectiva teórica contraria, y recalco lo de teórica. Él ha vivido una relación intensa de amistad aparentemente desinhibida y moderna con el chino gay.  Una relación original y novedosa que consiste en compartir cariño y apoyo con una peculiar intimidad física de abrazos, besos y caricias, con la excepción de la genitalidad, una frontera difusa muy difícil de delimitar cuando dos personas intiman de esa manera debajo de unas sábanas. Un conjunto ilimitado de muestras de afecto y contacto que digan lo que digan suelen ser elementos propios de una relación sexual, o si queremos ser muy puristas constituyen normalmente los preliminares de la misma.  No sé qué entiende Aritz por sexualidad, ni algunos de los colaboradores en los debates que nos quieren vender la moto de esta relación como algo aséptico y puro; cuando la mayoría de la gente, los concursantes incluidos, sabe que la sexualidad es un concepto que trasciende ampliamente lo genital.  En resumen, la teoría de pretender que se trata de una relación totalmente inocua no hay por donde cogerla, y si no que se lo pregunten a cualquiera si aprobaría en su pareja una actitud como la del vasco. Salvo para los cuatro que presumen de mente abierta y liberal en estos temas, esto sólo tendría un nombre: unos cuernos monumentales.

   Si vemos el asunto desde una perspectiva más pragmática nos puede ayudar a entender porqué hemos llegado hasta este punto; la poderosa unión de dos planos contrapuestos y a la vez complementarios con su intersección en la asunción implícita de unos mismos intereses, que resumiendo mucho consisten fundamentalmente en llegar a la final, y de paso si toca llevarse el premio gordo. El problema es que si juegas con fuego lo más probable es que te acabes quemando, lo que le ha ocurrido a Han, que se apunta al piscodrama de amante despechado lloriqueando y lamentándose por las esquinas para ganar el apoyo empático de unos compañeros que en general lo aprecian y tocando de paso la fibra sensible de determinada audiencia proclive a compadecerse del pobre chino gay abandonado y ninguneado.  
    O como le ha pasado a Aritz, particularmente desde hace una semana, que todo el armazón que se ha montado alrededor de una relación tan ambigua con Han se viene abajo con estrépito tras haber jugado tan fuerte y no saber utilizar la buena mano de cartas que le tocaron en el envite. Una realidad que él niega cínicamente y vemos todos, incluso sus compañeros, una vez abierta la veda tras el agrio enfrentamiento con Suso que aprovechó las circunstancias para devolverle al vasco los reproches y calificativos que éste le soltó en su momento acusándolo de menospreciar a Sofía, o la charla clarificadora de una espléndida Marina que le soltó con toda la educación pero sin edulcorante alguno lo contradictorio de su relación con el chino y cómo se podía estar viendo afuera. Al final se ha encontrado con la verdad de su concurso ante el espejo que le han puesto delante algunos compañeros en Guadalix, la mexicana Danielle de intercambio incluida. Una realidad muy diferente al mensaje adulador y equívoco de todos y cada uno de los compañeros expulsados hasta ahora cuando se despedían de él desde el plató.  Incapaz de manejar y asumir que el mundo confortable en el que se había instalado ya no existe y que se ha convertido en uno más en la casa después de perder el estatus que tenía y el respeto casi reverencial de sus compañeros cargó contra Han con dureza perdiendo el último crédito que le quedaba.  Ahora, desesperado e impotente, se lamenta en el confesionario renegando entre lágrimas de la decisión de entrar en un programa que en el fondo desprecia y amenaza con romper la baraja y abandonar al sentirse superado por el juego.
    De todos modos si hay que ser justos no debe recaer toda la responsabilidad sobre los hombros de Aritz. Han tiene también su cuota de responsabilidad porque participaba voluntariamente en el pacto implícito que aceptaban los dos. El jugaba a sobrepasar los límites supuestos que el vasco había establecido argumentando que recibía de él, como dije, señales contradictorias que lo confundían e ilusionaban soñando que a lo mejor Aritz en cualquier momento saldría del armario y aterrizaría en su cama convertido para la causa. Además los dos eran perfectamente conscientes del delicado equilibrio de una situación tan atípica, y que al menor contratiempo podían acabar tirándose los trastos a la cabeza, como ha ocurrido este fin de semana. Han ha estado desahogando sus penas con varios compañeros de la casa, con la especial intervención de Danielle, la mejicana, que con una visión como la nuestra, casi desde fuera, ha intentado en primer lugar que el chino no se culpabilice, porque según ella muy acertada “el conflicto lo tiene Aritz y él mismo tiene que resolverlo” pero también puso la pelota en su tejado cuando le recomendó al chino que él debe seguir el viaje subido a su tren y que el vasco decida si quiere también subirse o no.
    Debería hablar del tema de Suso y Sofía y cómo se presenta la expulsión de mañana a estas horas pero no estoy por la labor. Son tan protagonistas y roban golosos tanta escena a las cámaras que los buscan con ahínco y frenesí que si acaso tendré tiempo en los comentarios. De cualquier forma, en la gala de mañana serán protagonistas por una cosa o por otra; y por supuesto otra vez Aritz y Han. Tal vez la vuelta triunfal de Vera y su reencuentro con Nichela robe algo de protagonismo a ambas parejas. Y siempre en el medio las gloriosas trabadas de Marta que nunca pueden faltar.

    Por cierto, aunque ella no me escuche, le doy las gracias a Danielle, la estudiante de arquitectura de Big Brother Méjico que nos acompañó durante esta semana de intercambio. Ha sido todo un placer.
Forastero marulo




sábado, 14 de noviembre de 2015

RABIOSAS DEL VERBO RABIAR

    Hay galas soporíferas y coñazo, galas divertidas y entretenidas, galas maravillosas y sublimes que te reconcilian con el formato, otras galas sin embargo son tan cabronas que dan ganas de darle una patada al televisor y acabar jurando en arameo que uno no volverá jamás de los jamases a ver Telecinco y después está la gala de ayer. Una de esas noches de expulsión que no sabes qué hacer, si dejarte llevar y disfrutar del espectáculo sin cuestionar nada de lo que te echan en plenos morros o acordarte de todos los antepasados de alta alcurnia de la Milá y poner pingando a toda la plana mayor del concurso. No pienso entrar en bucle, desde luego, y eso que hay artillería pesada suficiente para cargar contra la dirección del programa por el vergonzoso jueguecito de los porcentajes, otra vez más y ya van unas cuantas, al que volvieron a someternos ayer. 

    Tanto vuelco y “revolcón” a los porcentajes para que al final saliese, hecha unos zorros y con cara de apaleada, la que todos sabíamos de antemano que iba a salir: una Raquel incapaz de disimular la decepción por vivir la misma película por segunda vez pero en unas condiciones de presión y tensión que ella misma calificó de insoportables en el plató una vez fuera de la casa. Porque al contrario que la primera vez en que fue expulsada, cuando perdió con Sofía y permanecieron las dos en silencio absoluto durante casi todo el rato, en esta ocasión se desató el pifostio padre entre las tres nominadas. O si lo queremos ver de otra manera por la tortura psicológica y emocional a la que sometieron a las tres nominadas encerradas en la sala de expulsiones convenientemente azuzadas con una ración de vídeos indigestos y de alto voltaje para crear la polémica entre ellas. Por un momento imaginé que estaba ante uno de esos experimentos psicológicos de principios del siglo XX, con una imponente jaula de metal sometida a continuas descargas eléctricas con tres gatas jóvenes, lustrosas y maravillosas dentro, con sus afiladas garras a punto y enemistadas sin posibilidad de escape. Con una de ellas enfrentada a las otras dos, contra una por birlarle el gato alfa de la casa y contra la segunda por incompatibilidad manifiesta al disputarse el puesto de reina en el territorio de Guadalix.
    Lo peor de todo es que lo primero que siento son unas ganas enormes de saltarle a la yugular a Mercedes, lo mismo que al día siguiente de un gran partido de fútbol con tantas cosas en juego cuando la primera plana de la noticia, ocultando todo lo demás, se la lleva el árbitro del encuentro. Vale, quizás este exagerando un poco pero en esta ocasión la presentadora ayudó a completar la noche gloriosa, contribuyendo con saña y bastante alevosía a espolearlas mientras les enseñaba, entre vídeo y vídeo, como cambiaban los dos porcentajes de expulsión más altos tremendamente igualados. Las tres, sobre todo Marta y Raquel, respondieron con creces a lo que se esperaba de ellas: mantenernos pegados a la pantalla mientras se echaban en cara toda la bilis reconcentrada que todavía se reservaban. Por un momento la canaria volvió a ser la concursante aquélla metomentodo del principio que no soportaba por inmiscuirse en las guerras de los demás, esta vez con más razón que nunca, si es que alguna vez la tuvo, que no sé si importa a estas alturas, porque se trataba de defender a su amiga Sofía. Que por cierto sabe defenderse perfectamente sola. Los vídeos cargaron las tintas sobre la canaria mostrando todo el cúmulo de improperios y mofas que largó contra la extremeña, de modo que los dos porcentajes más altos se acercaban peligrosamente y la que salía mejor posicionada con cinco puntos porcentuales por debajo durante toda la semana se acercaba ahora peligrosamente a la que partía en cabeza. Y ahí estábamos todos comiéndonos las uñas hasta los huesos por la incertidumbre y la duda simulando que en realidad las cosas podían cambiar, como en las pelis de miedo que la “prota” al final siempre se salva aunque nos engañen un poco pensando que no, y nos dejamos llevar. 

    Cuando la Milá le comunicó a Sofía que volviese a la casa por ser ella la del menor porcentaje, rompió a llorar por la tensión y la emoción contenidas como no lo había hecho en todo lo que lleva de concurso, y mientras se abrazaba a Marta con un cariño inmenso, entrañable y con la alegría sincera de la canaria por ver a su amiga salvada, la mirada de Raquel reflejaba en ese preciso momento una tristeza enorme al percatarse de que la niñata de 19 años le había ganado la partida y volvía a la casa con Suso después de que ella hubiese quemado sus naves sin premio alguno, y también en ese instante comprendió quizás, o eso me pareció, que se había entregado demasiado alegre y entusiasta al guión establecido del programa para verse ahora al pie de los caballos. Sólo le quedaba la batalla final con la canaria pero su nerviosismo barruntaba ya la tragedia, porque había estado expulsada y conocía perfectamente la mecánica engañosa de los vuelcos de los porcentajes, muy consciente a esas alturas de que la audiencia ingrata le estaba pagando con la expulsión los servicios prestados a la causa a costa de su dignidad. Ya se lo explicaría más tarde su madre, que los trapos sucios lavan en casa.

    Con la misión cumplida de cara a los jefazos, con la audiencia petando pasmada con tanto suspense, llegó el momentazo de la gala cuando la presentadora, en el comienzo de una noche en la que se mostraría más mandona y déspota que nunca, no se le ocurre mejor idea que llamarlas rabiosas. Sí, rabiosas del verbo rabiar.  ¡Estáis rabiosas!, les dijo sin ningún tipo de contemplaciones después de someter a las tres nominadas a tanta tensión con esa profusión de vídeos elegidos a propósito para incitarlas, que bastante hicieron con no sacarse los ojos en vivo y en directo, ni arrancarse los pelos a mechones como vulgares verduleras (y que me perdonen las verduleras). La guinda, de la que hablaré después, y lo más curioso, es que la presentadora fue la que acabó la noche totalmente rabiosa cuando amenazó de malos modos y furiosa con expulsar del plató a Raquel, una reacción totalmente fuera de lugar tras impedirle a grito pelado que siguiese despidiéndose de los últimos compañeros de la casa que le quedaban.
 
    La entrevista en el plató de Raquel no se pareció en casi nada a la vez anterior, solamente se repitió la misma tensión con Quique cuando le recriminó que no la saludase al entrar. Esta vez se vio a una concursante derrotada y hecha polvo. Su mirada triste y su rostro demacrado eran un fiel reflejo tanto de la presión vivida en la sala de expulsiones como del cansancio acumulado y la evidencia de que le esperaba una entrevista difícil en la que explicar todas las contradicciones y errores injustificables que había cometido en su vuelta a Guadalix. Esta vez Mercedes se empleó a fondo y fue a por ella desde el principio. No digo que debiese ser condescendiente, pues la extremeña merecía reflexionar sobre su concurso tan nefasto y analizar por qué motivos dilapidó tanto caudal y tan rápido, pero incidió demasiado en el tema sexual, como un torpedo en la línea de flotación, sin tener en cuenta que la expulsada ya venía bastante vapuleada de la sala de expulsiones, como los toros cuando reciben demasiado castigo del picador y se presentan desconcertados y faltos de fuerza ante el diestro para la faena principal. La presentadora quería respuestas sobre esa relación íntima con un personaje como Suso y por qué fue cayendo en todas las trampas incumpliendo todas sus promesas antes de entrar. Las primeras a su madre como comenté antes. Raquel, bastante descentrada, buscaba con la mirada el apoyo de los suyos, de su madre y Amanda sobre todo que también recibió su dosis de rabia por parte de la doña, que la calificó a ella reventada cuando la malagueña intentaba explicar a su compañera que estaba fuera por culpa de los reventados. Todo un clásico, vamos. La presentadora volvió a insistir en el tema sexual, censurando de alguna manera que tuviese una relación con un tipo tan machista como Suso, afirmando que la trataba de forma desconsiderada. Algo que vimos muchos, por cierto. Raquel contrapuso casi como único argumento que sólo ella sabe cuál es el verdadero comportamiento del catalán en la casa asegurando que es una persona cariñosa y atenta, y que únicamente se destacan en los vídeos los pocos momentos de discusión entre ellos y no todos los momentos maravillosos que pasaron juntos.  Acabó diciendo, con poca convicción, tal vez fuese sólo cansancio, que ya se vería todo cuando él saliese de la casa.
    Aunque Suso proclame, como hacía anoche, a todo aquel que quiera oírlo que lo están convirtiendo en una especie de mártir en Guadalix, y ponga esas caras de contrariado por la expulsión de Raquel que parece que en el asunto le va la vida, largándose unas peroratas de muy señor mío para escenificar burdamente su desgracia en lo que interpreta por enésima vez como una ataque personal como si su insigne culo fuese el centro del universo en el concurso; en el fondo el hombre está encantado de que se haya ido la extremeña. En realidad, con la vuelta de la hija de Maite, está convencido de que lo está petando como protagonista absoluto del reality, con todo el mundo pendiente de él y con dos muescas más en la culata de su pistola superlativa y brava como ninguna.  Incluso la comedia que se montó al acabar la gala de ir al confesionario para retar en plan “chulopiscinas” al tipo que desde el plato le gritó “machista” con un “te espero a la salida si tienes güevos de decírmelo a la cara", y que está vez un Aritz acertado le recriminó por desproporcionado y fuera de lugar, forma parte de todo el decorado de cartón piedra que se ha montado para adornar al personaje conquistador e irresistible que arrasa por donde pasa dejando un reguero de corazones rotos a sus espaldas. Incluso la vuelta de Sofía con el menor porcentaje, algo que sabe bien y le conviene porque se lo trabajó a fondo, lo interpreta como un espaldarazo de una audiencia morbosa a sus dotes de gañán para que cumpla con las expectativas puestas en él y vuelva a liarse con la navarra.
    Lo cierto es que nos espera una semana muy intensa con Suso y Sofía nominados, además de Marina, una vez librado Han gracias a la inmunidad. Me imagino que hay curiosidad por ver la evolución de los dos teniendo en cuenta su relación controvertida aunque últimamente ésta había vuelto a unos cauces de más cercanía y complicidad.  Sin la distorsión que causaba en algunos compañeros la presencia de Raquel también será muy interesante ver a Marta en este nuevo escenario sin su archi enemiga en la casa. ¿Cuál será su próxima trabada?, tal vez el vasco que ya le está pidiendo explicaciones por el punto que le metió en las nominaciones. O hablando de Aritz, cómo digerirá el del sombrero con una nueva imagen a cuestas, sin barba, el saberse que está ya en el punto de mira de varios compañeros de cara a las nominaciones. Y que a lo mejor de la semana que viene no pasa sin que salga a la palestra. O si le dará muchas vueltas a la cabeza interpretando si el comentario de Mercedes sobre su papel en la cocina le perjudica o no de cara a la visión que los espectadores tenemos de él. ¿Echará de menos Nichela a Vera?. ¿Volverá éste igual o más enamorado de ella tras su regreso de la aventura mejicana, o la habrá olvidado por fin tras encontrar otra Ivy más dispuesta a rendirse a sus encantos que la chica del circo?. ¿Y cómo se comportará Daniela, la mejicana de intercambio que convivirá con ellos estos días en Guadalix?. De primera impresión me pareció una mujer inteligente y muy observadora. Espero que la traten como se merece y no la dejen de lado.

    No quería terminar esta entrada sin reiterar una vez más que esta edición de Gran Hermano, si se caracteriza por algo, es por el magnífico casting femenino que tiene, muy por encima en conjunto de los chicos según mi opinión; si exceptuamos a Suso, siempre entre paréntesis y representando la testosterona en estado puro como contrapunto, y tal vez a Aritz por su peculiar personalidad y esa curiosa relación con Han que nos tiene a todos confundidos y a media España (o al estado, como le gusta decir a él) pendiente de si la llave que saca en las galas prendida entre los labios abrirá por fin la puerta del armario en el que podría está encerrado, o simplemente asistiremos al nacimiento de un nuevo concepto postmoderno y guay de comunión erótico-amistosa-festiva entre dos hombres. Estamos en un sin vivir, la verdad. Pero ellas, al menos para mí, son las verdaderas protagonistas de la edición. Podremos amarlas, podremos odiarlas pero es prácticamente imposible quedar indiferentes y no caer rendidos en sus tramas repletas de rencillas, enfrentamientos, celos, alianzas, ternura, y sobre todo mucha generosidad con el concurso que nunca agradeceremos suficientemente. En primer lugar ese trío de ases, que además son amigas, como son Nichela, Marta y Sofía, que llenan la casa y consiguen que casi todo lo que ocurre pase por sus manos y acabe transformado en contenidos llenos de interés para nuestro disfrute. Tampoco quiero dejar a un lado a Marina, tan diferente con sus aficiones rarillas y aparentemente plana que ha convertido en categoría su papel de segundona. Y no me olvido por supuesto de Raquel, la guapa y controvertida extremeña, y última expulsada, que gracias a sus errores y polémicas relaciones en la casa tendrá a pesar de todo un huequecillo en nuestro corazón de seguidores irreductibles en el programa. Y por supuesto las otras: Ivy, Carolina, Amanda e incluso Maite, con una mención aparte y que fue la que encendió la mecha del polvorín los primeros días.

Forastero marulo